Creatividad: una forma de cuidar la mente

Relaciones que enferman: el caso Vivian Maier

Vivian Maier es uno de los más interesantes eventos virales de los últimos años. De hecho, nadie conocía este nombre hasta el 2007, en que John Maloof, un joven de 27 años que escribía un libro sobre la historia de Chicago, comprara en un remate, un lote de cajas por 300 U$S . Terminado su libro, se dedicó en detalle a examinar el contenido de las cajas que había adquirido.

Le tomó cerca de un año y medio darse cuenta de que eran excelentes fotografías, la mayoría -exactamente 150.000- negativos sin revelar, guardados en cajas y mezclados con ropa, tickets, cheques de la seguridad social sin cobrar, películas en 8mm y recortes de periódicos.

Abrió un blog y publicó las fotos en Flickr y el resultado viral fue inmediato. Se trataba de una colección de fotografías de calle que hacían a Vivian Maier digna de compararse con Diane Arbus o Helen Levitt.

¿De que  tipo de relación que enferma hablamos en este caso? Lo que se sabe de Miss Maier es lo que Maloof ha investigado y publicado en su blog y en el film http://www.findingvivianmaier.com/, y lo contado por un documental de la BBC1, Vivian Maier Mistery.

 

Una mujer que muere a los 83 años, en 2009, casi como una homeless, después de haber trabajado como niñera toda su vida, mientras fotografiaba escenas de calle con una Rolleiflex eternamente colgada de su cuello. Algo dice la elección de la marca de su cámara- tuvo por lo menos siete-. Las Rolleiflex, son las cámaras profesionales por excelencia, no solo técnica sino también estéticamente….y nunca han sido baratas.

Una mujer sin historia, ni parientes, ni intereses personales- más allá de la fotografía- nacida en New York pero ligada a Francia por herencia materna. Las preguntas que se hacen los que se acercan a su obra, absolutamente perfecta técnica y conceptualmente, comienzan siempre con ¿Por qué?

¿Por qué no revelaba sus fotos? ¿ Por qué trabajaba como niñera y no como fotografa? ¿Por qué ocultaba su origen y su nombre?

Nuestra mirada desde la psicología, nos conduce a conclusiones poco glamourosas y más cercanas a la psicopatología. Esta mujer solitaria, que nunca sintió la necesidad de tener un espacio propio y que dejó recuerdos difíciles en los niños que cuidó, era probablemente una persona afectada por algún grado de esquizofrenia paranoide.

Había en ella conductas de acumulación compulsiva, lenguaje que imitaba un acento francés que no le era propio, una forma de vestir fuera de contexto, masculina y gris, una forma de caminar desgarbada y dura y una búsqueda permanente de sentido a través de las noticias en los periódicos que guardaba por toneladas.

 

Su interés por las historias de asesinatos, raptos, miseria y violaciones, en ese “Te lo dije!”, que comenta una de las personas que la trató, bien podía deberse a algún desplazamiento de algún profundo trauma, imposible de simbolizar, vivido por ella o quizás por su madre, Maria Jaussard, que había nacido en  Saint-Bonnet-et-Champsaur , un pequeño pueblo de los Alpes Franceses y emigrado a New York en 1914.  Se sabe de ella que se casó con Charles Meier en 1919 y  que en 1926 nacería Vivian. Luego de su separación, llevará a su hija a su pueblo en 1932 y allí vivirán varios años hasta su vuelta a USA. Vivian volverá a este pueblo en 1949 y en 1959, y con una pequeña herencia viajará por distintos países de Asia. ¿Qué pasó con su padre y su hermano?, ¿Cuando se mudó a Chicago?¿ Había terminado algún tipo de estudio? Hasta ahora poco se sabe.

¿Por qué no revelaba sus fotos?, desde la psicopatología, podemos decir que posiblemente no lo hiciera porque su objetivo terminaba en el control de la imagen, de la vida, de las emociones ajenas. Podía acercarse mucho con su cámara , pero era incapaz de contacto humano consciente. No se trataba, como decía Cartier-Bresson de “capturar el momento”, aquél en el que “se alinea la cabeza, el ojo y el corazón”, sino simplemente de congelarlo. Tomaba, por ejemplo, fotos de los golpes o accidentes de los niños a su cargo, sin participar ni ayudar, simplemente “congelando el momento.”

No obstante, es probable que en ese gesto hubiera un intento de contacto, una captación del dolor ajeno que no podía culminar en una acción reparadora, debido a su falta de empatía y deterioro de los canales emocionales. De allí su actitud compulsiva. Puede que también la influencia de Jules Bennard, esa amiga de su madre, fotógrafa, haya sido mayor de lo que se pudiera pensar.

Su trabajo sugiere una percepción inconsciente de lo que la postura y el gesto transmiten, no es necesario buscar doble lecturas.

Era simplemente alguien que a través de su cámara podía controlar su ansiedad de separación. El origen de su complicada personalidad, como en cualquier caso clínico, habría que rastrearlo en la serie complementaria que seguramente descubriría, además de una predisposición genética, vivencias traumáticas, abusos, violencia simbólica y sobre todo abandono, mucho abandono. Podemos arriesgar en su historia muy poca mirada de algún otro significativo.

No parece una aficionada a la fotografía sino alguien que fotografiaba como una forma de supervivencia.  Como lo hacía Van Gogh con su pintura o Kafka con su narrativa.

La creatividad está muy ligada a las zonas oscuras de la mente y puede ser una oportunidad de superar los propios fantasmas, quizás si Vivian hubiera tenido interés en revelar sus fotos, hubiera abierto un camino hacia alguna forma de equilibrio mental. En el caso de Vivian, parece que se trató simplemente de alguien muy talentoso pero profundamente enfermo.

Esta fama póstuma no agrega nada a la historia, más allá de brindar una oportunidad de análisis de la fuerza que lo visual tiene en esta cultura. Importa muy  poco ahora quién era o qué le pasaba.

Aunque esa visión retrospectiva de la gente que la trató e incluso padeció, puede que ayude a derribar prejuicios y a crear una mayor consciencia acerca de lo que es la enfermedad mental. La relación que enferma, el infierno, en este caso ha sido la relación con los otros. La humilde e invisible niñera que tomaba fotos, se ha transformado en la gran fotógrafa que trabajaba como niñera.

Finalmente, cada vez que admiramos una de sus fotografías estaremos cerrando un círculo y esto, puedo que ya no le importe a Vivian pero seguramente nos  debería importar a todos.-

Para saber más:

http://www.theguardian.com/lifeandstyle/2014/jul/19/our-nanny-vivian-maier-photographer

http://www.newyorker.com/culture/culture-desk/vivian-maier-and-the-problem-of-difficult-women

http://www.theguardian.com/film/2014/jul/17/finding-vivian-maier-documentary-review

Encuesta: hábitos de uso de Internet de los menores en Argentina

La empresa Microsoft elaboró una encuesta entre 1200 niñas y niños de 11 a 17 años. El 80 por ciento en Argentina usa sus datos reales. Siete de cada diez muestran sus fotos y la mitad da su domicilio. Una campaña para sensibilizar a los padres a acompañarlos.

  • Ocho de cada diez chicos navegan por Internet sin compañía de un adulto
  • siete de ellos, además, dan su nombre y apellido reales;
  • de esos siete, seis comparten videos y fotos personales en la web.

Los datos surgen de una encuesta que realizó la empresa Microsoft y a partir de los cuales realizó una campaña de sensibilización (que desde el jueves se emitirá en cines) para explicar a los adultos por qué sí deberían y pueden acompañar a los niños mientras usan Internet, una actividad que la encuesta, realizada entre 1200 niños de entre 11 y 17 años de todo el país, reveló como profundamente incorporada en la vida cotidiana infantil y adolescente.

“Los chicos empiezan a edades cada vez más tempranas a usar pantallas. Hoy chicos de 2, 3 años ya usan pantallas, y eso es algo que facilitó la aparición de los dispositivos táctiles. Los chicos tienen un saber instrumental, de la herramienta, pero el sentido común, el saber es de los adultos. Los chicos no tienen experiencia de vida, por eso hay que acompañar el uso que hagan de la tecnología”, señaló la especialista en comunicación y culturas juveniles Roxana Morduchowics, que coordinó la investigación cuyos resultados, por lo demás, muestran semejanzas con los obtenidos en encuestas similares realizadas en Francia y Gran Bretaña.

“A los chicos hay que explicarles los riesgos y cuidados en Internet. Cuando los entienden, cambian de actitud. Pero para eso los padres deben entender cuál es su rol en lo pedagógico. Los chicos no saben de tecnología, en realidad. Los padres y maestros tienen que tomar coraje y no pensar que los chicos saben más. Somos los adultos los que sabemos más de la vida y, cuando se trata de Internet, los chicos necesitan los consejos de siempre, pero llevados al mundo tecnológico”, señaló Jorge Cella, director de Tecnología y ciudadanía corporativa de Microsoft Argentina, durante la presentación de la encuesta.

De los 1200 chicos encuestados, la abrumadora mayoría usa redes sociales como Facebook o Twitter, aunque con más intensidad entre los 13 y los 17 años (el 95 por ciento de ellos las usa) que entre los 11 y los 12 (el 60 por ciento). Además, estos niños y adolescentes tienen hábitos arraigados de uso, que demuestran cuán incorporado está el uso de Internet en su vida cotidiana.

  •  70 % ve videos en YouTube,
  •  60%  recurre a la red para buscar información
  •  50% , para escuchar música.
  •  40% por ciento usa correo electrónico
  •  40% pasa tiempo en juegos en red.

De todos ellos, el 80% usa Internet solo, sin ninguna intervención ni participación de adultos.

En Argentina, 8 de cada 10 chicos tienen un perfil público en redes sociales, y 7 de cada 10 dan allí su nombre y apellido reales. Mediante sus cuentas, 6 de cada 10 suben fotos y videos personales, y 5 de cada 10 incluyen su escuela y domicilio, pero, además, 4 de cada 10 pueden llegar a encontrarse en persona con gente que conocieron a través de Internet.

Los números no son muy lejanos de lo que sucede en Francia, donde 9 de cada 10 dan sus datos reales y suben contenido audiovisual personal, 8 de cada 10 dan su edad y fecha de nacimiento.

Los chicos, recogió la encuesta, comparten todos esos datos de su vida privada porque consideran que cuánto más cuentan, más populares pueden ser, algo para lo cual no miden el alcance (creen que sólo sus amigos verán lo que comparten) y creen que no hay riesgos.

“La intimidad cede ante el deseo de ser popular”,

señala el estudio, por lo que Morduchowicz explicó que los adultos deberían explicar a los chicos que cuanto se comparte en Internet termina siendo “de dominio público” y es “muy difícil de borrar”, para empezar.

“También los chicos tienen que entender que todos tienen derecho a la intimidad, y que eso tiene que ver con la imagen de los otros”, dijo la especialista, en referencia al bullying.

“Con Internet, el bullying empeora. Alguien dirá que siempre existió, y es cierto. Pero con Internet el que lo ejerce tiene más audiencia, no sólo la gente a su lado, y lo que diga va a tener persistencia en el tiempo, porque queda en la red. Además, se aprovecha mucho del anonimato”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-259656-2014-11-12.html

Ed. R. Ferrari

Las mujeres de Picasso y la violencia psicológica

21novembre2014(1)

Dora Maar fué, sin lugar a dudas, la más inteligente y contradictoria de todas las mujeres de Picasso. La “mujer que llora” plasmada en innumerables obras enfrentó los embates del narcicismo picassiano oponiendo el propio narcicismo, en una lucha destinada a una victoria a lo Pirro. ¿Amó Picasso a Dora? ¿Amó Picasso a alguien más allá de sí mismo? ¿ Picasso fué la causa o la consecuencia de los terremotos afectivos de la peculiar estructura de personalidad de Dora?

La violencia en las relaciones humanas puede manifestarse de diversas formas. , la violencia psicológica es la peor en sus efectos, sutiles, persistentes y alienantes. Desde Fernande Olivier a Jacqueline Roque ,  se repite el escenario de relaciones basadas en una mezcla macabra de poder y erotismo. Solo Francoise Gilot parece haber sobrevivido a un vínculo del que solo era posible salir a través de la locura o el suicidio.

El 21 de Noviembre próximo, organizado por la Sección de Psicología de la Mujer del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña, se pondrá a debate este tema en  una charla-coloquio entre Victoria Combalía, crítica y asesora de arte, especialista en Dora Maar y Joan Miró y Jocelyn Guerrero, psicóloga y psicoanalista, especialista en violencia de género.

Lugar : Ateneu Barcelonès – Canuda 6- Barcelona

 

Encuesta: Hábitos de uso de Internet de menores en España

2 de cada 3 menores tienen un perfil en las redes sociales y casi 1/3 de sus contactos son personas a las que no conocen.

La primera encuesta elaborada por el Ministerio de Interior de España sobre hábitos de uso y seguridad de niños y jóvenes de entre 10 y 17 años revela, además, que casi el 60% se conecta a Internet a diario, la mayoría durante más de dos horas.

En la otra orilla, la de los padres,  1 de cada 3 revisa el perfil de sus hijos y qué seguidores tienen. Un dato que, sin embargo, contrasta con aquello que —aseguran— más les preocupa: que los menores contacten con extraños.

La realidad es que tanto niños como jóvenes interactúan con desconocidos, sobre todo cuando juegan en Internet (25,4%), pero también en las redes sociales (13%) o en chats (10%). El 22,2% de los consultados admite haber añadido a su lista de amigos o contactos a personas que nunca ha visto y el 4,1% reconoce haber enviado una foto o vídeo de sí mismo a alguien a quien no ha conocido cara a cara.

La palabra “extraño”, sin embargo, tiene otro matiz en la era 2.0. El investigador Eusebio Megías, director del Centro Reina Sofía sobre adolescencia y Juventud, cree que el “primer error” que pueden cometer los padres es no comprender que las reglas digitales son otras. “En Internet cambian los conceptos de intimidad y amistad. Para los adultos, son valores que hay que preservar. Para un adolescente, son algo que acomodan según el momento y objetivo. No hay que olvidar que estar en la red es estar en el escaparate”.

Más de la mitad de los padres autoriza a sus hijos a navegar en cualquier momento, sin supervisión alguna. La mitad de los padres —un 54%— habla con sus hijos sobre las posibles consecuencias negativas de visitar páginas “inadecuadas” y el 62% revisa los sitios por los que han navegado los menores. Sin embargo, la única medida de seguridad extendida es la instalación de un software para prevenir virus, sin contar con ningún tipo de programa que bloquee o efectúe un seguimiento de las páginas. Es que, pese a las revisiones, los padres parecen confiar en el uso que sus hijos hacen de Internet. Más de la mitad les autoriza a navegar en cualquier momento, sin supervisión alguna, aunque pocos —menos del 15%— permiten que sus hijos hagan compras en la red.

¿Qué has hecho durante los últimos 12 meses? Las respuestas de los consultados.

Para Raúl de la Cruz- Linacero, experto en hábitos de jóvenes en Internet y fundador de páginas dirigidas a ellos comoKeepunto.com, los padres no deben tener miedo de las nuevas tecnologías, mucho menos prohibirlas. “Usan Internet para todo. No solo para buscar información, sino para hacer deberes, jugar, ver películas, divertirse, charlar… Lo hacen absolutamente todo en la red. No puedes poner puertas al campo; tienes que enseñarles a estar dentro del campo”.

Lo básico, destaca De la Cruz-Linacero, ya se ha dicho “por todos los medios”: no compartir fotos íntimas ni información sensible, como datos personales (dirección, teléfono, rutinas) o financieros. “Nos guste o no, tenemos que asumir que los jóvenes son animales eminentemente sociales, más que nosotros a su edad: en el mundo online, con 200 amigos virtuales, y en el offline, con 50″.

La frecuencia de uso aumenta con la edad:el 83% de los mayores de 15 años utiliza Internet todos los días y más del 90% tiene redes sociales y correo electrónico. La encuesta se ha dividido en dos cuestionarios: para adultos con hijos de 10 a 17 años (1.006 entrevistas) y para los propios menores (1.506 entrevistas).

Fuente : http://politica.elpais.com/politica/2014/11/03/actualidad/1415035924_570463.html

http://ep00.epimg.net/descargables/2014/11/03/0a2ef9547070a33ffbb066d04c48ce69.pdf

Adolescentes hiperconectados, algunos tips

La hiperconexión es ya una característica de nuestro día a día, especialmente – pero no exclusivamente- entre los adolescentes. Pasar horas frente a la computadora o revisando las notificaciones del celular,  descargando apps o revisando las redes sociales es una conducta habitual ,  no importa si estás en el cole, en el coche o en una reunión de trabajo.

 Algunos padres se preguntan si sus hijos no estarán sufriendo “adicción” a la tecnología pero  –salvo contadas ocasiones– no es correcto hablar del uso indiscriminado y continuo de la tecnología como una “nueva adicción” o una “adicción sin drogas”. Aunque sí de una dependencia psicológica.

Una  adicción se define por la pérdida de control sobre la situación de consumo y en una necesidad de mayores dosis cada vez mayor. De lo que se trata es de analizar qué tipo de relación tiene el adolescente con la tecnología.

Experimentar cierta ansiedad cuando no es posible conectarse puede tener que ver con un estilo de personalidad o con las consecuencias del uso continuado, en donde estar desconectado es equiparable a “ser invisible”.

En el caso de los adolescentes, el problema surge cuando parece más importante lo que pasa en el móvil que lo que pasa en la vida real. Un chico o una chica tímido/a que se relaciona poco y mal y cuyos logros laborales, académicos o sociales son escasos puede ser un nerd de los videojuegos o un chateador compulsivo…incluso con un toque de brillantez en sus comentarios. Y es una forma de resolución de sus conflictos, atacarla puede ser una mala idea. Hay un problema, pero es una cuestión previa, la tecnología no es la causa, en todo caso será la consecuencia.

La interpretación que se haga de la cuestión, tiene un fuerte componente cultural. En China, por ejemplo, se entiende que se trata de una cuestión de estado que amenaza a la juventud y la respuesta es una terapia llevada a cabo en campamentos militares, una especie de “boot camp” psicoterapeutico de los que ya hay 400 en todo el país. Tao Ran- director de uno de estos centros, afirma que muchos de estos chicos están tan enganchados a los juegos de Internet “que usan pañales por miedo de que tomarse un minuto para ir al baño afecte su desempeño”por eso la llaman “heroína electrónica”.

Los padres de estos jóvenes deben pagar 10 mil yuanes (U$S 1.600, el doble de una salario promedio en Pekín) para que reciban tratamiento en estas instituciones.  En la mayoría de casos, ellos también deben quedarse, porque se considera que fallaron en la crianza de sus hijos.

Y en Corea del Sur -la madre de la criatura- más del 25 por ciento de los adolescentes presenta síntomas de dependencia del smartphone, más del doble del 11,4 por ciento registrado en 2011. El promedio de uso del smartphone entre los más de 15.000 encuestados en uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo alcanza las 4,1 horas diarias. De todo el tiempo que los usuarios dedican a sus smartphone, un 40,6 por ciento corresponde al uso de aplicaciones de mensajería móvil, un 17,6 por ciento a la lectura de noticias y un 8,3 por ciento a juegos online, según el sondeo.

En esta parte del globo, entendemos las cosas de otra manera.  No obstante, las consultas de padres preocupados por este tipo de cuestiones sobre todo en la franja 10 a 13/14 años, van en aumento. Nuestra sugerencia profesional es  tratar de encontrar un equilibrio entre la tecno paranoia o la prohibición y el adoptar una actitud coherente desprovista de prejuicios o lugares comunes. Se trata de encontrar un equilibrio entre estrategias del “Qué” – al estilo de Asia- y las estrategias del “¿Por qué?” -al estilo occidental-.

Creemos que prohibir no suele tener resultados positivos, educar es más efectivo. La red es una espacio de conexión, aprendizaje y socialización. Es un trabajo del adulto acercarse a este mundo y esto incluye a padres y docentes. El adolescente dejará de jugar a Candy Crush si, como docentes  le proponemos una búsqueda en Google en el marco de una actividad para reconocer información útil en los primeros 10 resultados que nos tira el buscador o si compartimos con ellos, aunque sea en parte, nuestra propia vida online. Si le preguntamos por lo que no sabemos en lugar de alarmarnos y demonizar.

Estímulo de la creatividad y nuevas funciones cognitivas son dos de las oportunidades que nos brindan las pantallas.

Pero, como se trata de ocuparse y no de preocuparse conviene consultar si se notan algunos de los siguientes síntomas:

/ Tener pensamientos recurrentes sobre Internet, necesidad de incrementar el tiempo de conexión y dificultad para controlarlo a pesar de considerarlo un problema.

/Interpretar situaciones de la vida real a imagen y semejanza de un video juego

Reducir el tiempo del sueño  para seguir conectado

/  Descuidar o abandonar otras actividades importantes, cambiar la frecuencia de contacto con la familia, salidas, deporte, hobbys, estudio por pérdida de interés generalizado en temas que antes agradaban.

/ Recibir quejas  de alguien cercano, como los padres o los hermanos o la pareja sobre la “desconexión” offline.

/ Pensar en la Red constantemente, incluso cuando no se está conectado, y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta lenta.

/Intentar limitar el tiempo de conexión sin éxito y perder la noción del tiempo o mentirse sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un video juego.

/ Estar más irritable  y cambiar el patrón de rendimiento en los estudios. No se tiene tiempo para completar las tareas o trabajos académicos

/Sentir una sensación de euforia mientras se está navegando o jugando o chateando

/Sentirse culpable y ocultar o mentir parte de la a actividad online a la pareja, los padres o los amigos

¿Qué pueden hacer los padres?

1) Fomentar el uso saludable de las nuevas tecnologías, y en particular de Internet. Para ello es importante estar informados de que hacen sus hijos, que paginas visitan, que dispositivos usan, si les gustan los video juegos, para que usan la red. Esto solo se consigue si se conoce el medio, para eso es necesario perder el miedo al cambio.

2)  Limitar el uso de las nuevas tecnologías y pactar “apagados programados” no solo de los dispositivos de los chicos sino también de los propios. El padre que ataca la vida online de su hijo adolescente pero que llega a casa y se sienta a contestar mensajes o releer su correo es poco creíble. Coherencia, es la clave.

3) Y esto tiene que ver con la estrategia de incentivar otras actividades propias y ajenas por fuera de la Red. No importa si se trata de organizar un safari fotográfico para después compartir las fotos en Instagram. Lo importante es la salida en grupo.

4) Un cliché pero una verdad grande como la copa de un pino:  promover el diálogo en familia, incluso sobre los riesgos que conlleva el uso inadecuado de las nuevas tecnologías pero también las oportunidades que brinda.”Cuidado que viene el lobo” solo ….no sirve.

 Factores de riesgo de uso abusivo de tecnología:

/Rasgos de personalidad: baja autoestima, adolescentes con tendencia a la introversión o dificultades académicas o familiares déficit en habilidades sociales o con problemas emocionales por exceso de ansiedad.

/  Presencia de otras conductas compulsivas (drogas, alcohol, juego, sexo) o  padres con dificultades para poner límites. Desorden en los hábitos.

/Ansiedad y depresión : Internet aparece como una forma de distracción y de calmar el miedo al vacío

/Stress, por cambios recientes, mudanzas, divorcios, muertes en la familia, desempleo

/Síntomas físicos: síndrome del túnel carpiano; ojos secos y enrojecidos, dolor de cuello, dolores de cabeza, trastornos de sueño, ganar o perder excesivamente peso.

El uso compulsivo de Internet suele ser la señal de problemas más profundos. Pedir ayuda es la mejor forma de resolver el tema. Los adolescentes suelen enfrentarse  los padres, pero si reciben la misma información de distintas figuras de autoridad, están más predispuestos a escuchar. Pruebe ver si puede hacer alianzas con el coach del equipo en el que juega su hijo, o con un médico de confianza, o un amigo al que se respete.

Y no tenga reparos en consultar un profesional para pedir orientación, si está preocupado por su hijo/a.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Por qué amamos los realities?

Ex-qué harías por tus hijos?” (Telecinco) y “Adan & Eva (Cuatro), son las últimas dos propuestas de la pantalla en el rubro reality show en España.

Cuando creíamos que todo había sido dicho sobre este formato después de la saga de Gran Hermano, Supervivientes, Operación Triunfo, La Caja Roja, Confianza Ciega y largo etc., surge esta nueva generación de telerrealidad que quiere dar un paso más y en la que “nada que esconder” se vuelve literal como todo producto posmodernista que se precie.

En “Adan & Eva (Adan looking for Eve- según el programa holandés original) dos solteros -heterosexuales claro, pero todo se andará- buscan su media naranja en una isla tropical, totalmente desnudos y en “EX que harías….”(un programa de origen israelí) varias parejas divorciadas con hijos,  vuelven a unirse en una particular visión de la co-parentalidad, dirigida a ganar unos dinerillos para sus vástagos. Por el camino no se ahorrarán espacios de recriminaciones mutuas y frustraciones pendientes, que intentarán dejar de lado cada vez que deban enfrentar unas de las pruebas típicas  de este tipo de formato, para continuar participando o ser descalificados.

En una playa paradisíaca, un hombre y una mujer caminan al encuentro totalmente desnudos, la pareja ha sido elegida según sus preferencias expresadas previamente; tendrán que sobrevivir buscando su comida durante el día, mientras se abrazan en la noche compartiendo calor humano; al segundo día aparecerá el tercero, instalando un triángulo que algún psicoanalista no dudaría en denominar “edípico” y la batalla por el amor y la aceptación estará servida.

Pero, como el programa se emite en prime time pocas tentaciones sexuales son viables, por eso después de la “novedad” de ver al desnudo a dos seres humanos que tienen poco que decirse, el programa aburre. En Holanda, el show obtuvo 850.000 espectadores en las primeras semanas; al final de la temporada había perdido la mitad de sus televidentes…y eso que allí nada se pixela.-

¿Por qué nos fascina tanto asistir a la terrible realidad de gente que no conocemos y a la que vemos en situaciones poco creíbles mientras  nos convencen de que no se trata de un producto de ficción? ¿Se puede influenciar al público a través de la telerrealidad? ¿Podemos pensar en una versión “didáctica” de los reality-shows para tratar temas sociales? ¿Qué es lo que nos mantiene pegados semana tras semanas a las aventuras de cantantes, chefs o peluqueras de barrio?

Seguramente hay diversas respuestas para estas preguntas, algunas sociológicas, otras culturales, otras puramente relacionadas con la psicología.

Las conclusiones más aceptadas hablan de la necesidad humana de conectarse, de ser parte de la manada; asistir a la experiencia de ser rechazado activaría nuestra pena por nosotros mismos, la otra cara es el pensamiento de “por lo menos no soy tan patético como ese” que sería una inyección de autoestima.Nada!, que se trataría de un ejercicio de plasticidad cerebral como diría algún neurocientífico.

En un artículo publicado en el  Media Psychology Journal-una revista de divulgación de investigación en el campo de la psicología y los medios- Lemi Baruh, un psicólogo de origen turco, comunicó los resultados de una investigación cuyo objetivo era detectar predictores de rasgos de personalidad que permitieran adelantar qué tipo de persona ve los reality -shows.

En teoría, la gente que se divierte viendo los entretelones de situaciones que, en general, se mantienen ocultas, como conversaciones privadas de parejas o encuentros íntimos,  debiera tener desarrollado su lado voyeur. Baruh distingue dos tipos de voyeurismo, uno más ligado a la psicopatología y poco interesado en realities, en el que lo central es observar sin ser observado y en donde el goce reside en el poder sobre el otro que no sabe qué es lo que está sucediendo y un segundo tipo , consumidor habitual de telerrealidad, en el que se nota un interés por aprovechar la oportunidad de compararse con otras personas en circunstancias que les gustaría experimentar. En este caso, lo esencial es el mecanismo de proyección.

Para este grupo, estos shows estarían satisfaciendo una necesidad de asomarse a los secretos de la vida de la gente que participa en ellos y sobre todo ejercitar una mirada en la que es posible adivinar un matiz casi sádico; porque se trata del interés que despierta  aquel que es abandonado, criticado, expuesto a la valoración ajena hasta el límite. Cuanto más conflicto, más discusiones airadas, más charla entre “amigas” para desnudar los horrores de una convivencia frustrada o más descalificación tácita por un físico poco agraciado más fascinación y más enganche.

Posiblemente, no se trate sólo de tendencias voyeuristas, sino de la necesidad que todos tenemos de buscar modelos que confirmen nuestras fantasías.

El escapismo que provee la TV, tanto en productos de ficción como en telerrealidad, ha sido tema de infinidad de análisis. La pregunta es si no estamos rizando el rizo de lo obvio queriendo ver en estos realities algo más que “comida basura” audiovisual. Son simplemente productos de difusión masiva, hechos para públicos  que, aunque disímiles culturalmente, comparten valores y problemáticas comunes en el, hasta hace poco, denominado “primer mundo”.

Hay mucha información social circulando en este tipo de programas y de la misma forma que en ellos se suelen reforzar prejuicios y estereotipos de género o actitudes materialistas, también sería posible transmitir mensajes más esperanzadores.

Pero, si se pretende resaltar  la importancia de mantener el vínculo familiar más allá de la pareja que se divorcia o señalar la necesidad de superar las barreras del aislamiento afectivo que ha llegado al límite de simplemente necesitar un abrazo-en la más completa desnudez-, estos programas no puede ser una alternativa válida.

¿Por qué no?, porque-como decía Freud- “ a veces un puro es solamente un puro” y a veces un reality es solamente un reality.

En todo caso, quizás solo se trate de buscar canalizar ese interés por la vida de los otros en espacios en 3D ; hay cantidad de dramas reales ahí afuera capaces de atrapar nuestra mente y nuestras emociones y a la espera de que nos animemos a hacer algo que nos transforme en protagonistas. Mirar TV es una forma socialmente aceptada de diversión, en este contexto hay productos buenos, mediocres o malos. Aprender a reconocer la diferencia es el reto que se nos presenta cada vez que le damos al mando a distancia.-