Violencia masculina en la pareja

La construcción de la identidad masculina.-

Badinter (1993) señala que el hombre ha de hacerse. La identidad masculina se construye por oposición diferenciándose de la femenina, desde éste punto de vista podemos entender la masculinidad como una reacción, más que como un resultado de identificaciones.-

En este punto cabe diferenciar conceptos:

identidad de género: constructo teórico que permite comprender los rasgos y funciones psicológicas y socioculturales que se atribuyen a cada sexo (y son por lo tanto modificables) y la  identificación con los valores y los atributos culturales adjudicados en un contexto histórico-geográfico determinado a la masculinidad o a la feminidad.-.-

identidad sexual: identificación del sí-mismo como perteneciente al sexo masculino o femenino, anatómica, morfológica y fisiológicamente.-

De acuerdo a un enfoque ecológico la construcción de la identidad masculina es un complejo formado por valores que determinan el estereotipo de género masculino y los lugares relativos del varón y la mujer en la sociedad.

Los mandatos culturales comportan prescripciones y prohibiciones, la más fuerte de ellas es “no parecerse a una mujer”. Desde el microsistema hablamos de la importancia del afecto paterno: el padre lejano, ausente, faltante, implica para el hijo varón el único modelo para diferenciarse de lo femenino materno. Un padre de estas características incorpora la distancia corporal, la inexpresividad, la ausencia de sentimientos tiernos como atributos que tienden a incrementar la sensación de pertenencia a la género masculino.-

Desde 1986 existe en algunos países actividades grupales masculinas tendientes a recuperar sus aspectos “femeninos” , en casi todos los casos existe una presión social que les exige una vuelta a la imágen estereotipada del varón tradicional.-

Masculinidad y violencia.-

Históricamente, los estudios acerca del género femenino precedieron a los que se ocupan de la condición masculina. Del mismo modo, los trabajos sobre violencia familiar se ocuparon en primera instancia del problema de las mujeres maltratadas. Posteriormente se vio la necesidad de enfocar la problemática correlativa: los hombres golpeadores.-

Cuando hablamos de hombres golpeadores nos referimos a todos aquellos que ejercen algún tipo de abuso (físico, emocional, o sexual) .

James Ptacek,  (1984) en su revisión de la literatura clínica sobre hombres maltratadores consideró que existen algunas tendencias de interpretación preocupantes:

1) Insuficiente análisis de las perspectivas de género

2) Tendencia a culpabilizar a la víctima

3) Psicopatologización

Una de las definiciones más extendidas ve a los  hombres golpeadores como dueños de  una personalidad “sádica” o bien “pasivo-agresiva”, que presentan características paranoides o personalidad borderline, en definitiva características pasibles de ser encuadradas dentro de la psicopatología.-

El mayor peligro de asociar la conducta violenta a características psicopatológicas o adicciones o trastornos de personalidad, consiste en que le quita responsabilidad sobre el hecho .-

También se ha intentado explicar la conducta violenta con un modelo basado en elementos de tipo biológico o hereditario: Ej. mayor predisposición biológica del hombre a la violencia.- Un tercer tipo de explicaciones proviene de la sociología y aplica la violencia conyugal al resultado de una sociedad patriarcal en que se acepta la dominación del hombre sobre la mujer.-

Cada uno de estos enfoques es parcial e insuficiente y no agota el tema, la violencia de género es una entidad en sí misma, una estructura con reglas propias y no un síntoma de un problema psicopatológico individual. Los hombres que ejercen violencia física en sus relaciones de pareja suelen ser una caricatura de cómo “debe” comportarse un varón. Siempre debajo de una capa de racionalidad encontramos un sistema de creencias apoyado en el sexismo.-

Otra de las características es la dificultad en la expresión de sentimientos y la prohibición tácita de expresarlos, porque ésto es considerado un síntoma de debilidad y el hombre “debe” ser fuerte.-Esta especie de discapacidad comunicacional está relacionada con la inhabilidad para resolver conflictos de otra manera que no sea la violenta.

La violencia proporciona una forma temporaria de poder.-Las investigaciones de Dutton (1988)concluyen que estos hombres interpretan las situaciones como amenazas aún sin evidencias suficientes (ello apoyado en una baja autoestima).-

Otra característica casi siempre presente es el aislamiento emocional. Se trata de un tipo de aislamiento social vinculado a lo afectivo; algunos hombres relatan que tienen muchos amigos, se relacionan con muchas personas pero en la esfera privada no son capaces de armar relaciones de cercanía.-

Asociado a ésto encontramos muchas veces indicios de un imagen de sí mismo muy desvalorizada : en el mundo público no se atreven a decir lo que piensan o quieren, en el ámbito privado suelen justificase con frases como “ella me provoca” “yo no sé lo que hago en esos momentos” etc..las racionalizaciones son válidas para su pareja pero no en otras situaciones donde sí parece que pueden controlarse. Es por eso que se hace tan difícil el trabajo terapéutico: no sienten responsabilidad por sus actos, por lo tanto tampoco pueden pedir ayuda para resolver éstos problemas, porque no los perciben como propios. Buscan la responsabilidad afuera: en la mujer, la familia, la situación del país, los hijos, los problemas económicos, etc…

Estos hombres han incorporado un modelo de estructura jerárquica como modo de resolución de conflictos interpersonales, un modelo presente en su propia historia de vida. Eran los que ocupaban el lugar inferior en la escala jerárquica de la pirámide de poder intra familiar. Es muy frecuente que hayan sido víctimas de violencia en distintas formas o testigos de interacciones violentas .-

Resumiendo:

El comportamiento intra familiar violento es una conducta aprendida y relacionada con experiencias vividas en la infancia y adolescencia. Los agresores no son enfermos mentales sino personas con trastornos de carácter, bajo nivel de inteligencia emocional y baja capacidad de resolución de conflictos; todo en el marco de una ideología sexista.

Suelen presentar dificultades severas para seguir un tratamiento, no internalizan el problema como propio, tienen una gran dependencia emocional hacia la mujer y por eso no soportan el abandono porque no soportan estar solos. La restricción emocional de estos hombres se manifiesta en el lenguaje verbal y el lenguaje conductual : Ej rostro rígido hasta ser inexpresivo, rigidez corporal, discursos muy racionales, asociación del hecho de ser observado con el de ser acusado, se ubican en un lugar pasivo, etc…

Aunque gran parte de los hombres violentos han padecido maltrato en su familia de origen como víctimas o testigos de relaciones abusivas, ésto NO justifica su accionar violento actual. Son momentos evolutivos diferentes, su historia no debiera servir para exculparlos sino para ayudarle a entender que aspectos de su subjetividad están dañados.-

Para saber más:

Bernard Ch & Schiafer j (1990) : Dejad a los hombres en paz. Barcelona, Paidós, 1993

Piaget, J: Personas dominantes, Buenos Aires, Bergara (1993)

Corsi, Jorge: Violencia masculina en la pareja, Buenos Aires, Paidós (1995)

Dutton Donald G. : El golpeador: un perfil psicológico. Buenos Aires , Paidós (1997)

Adolescentes hiperconectados, algunos tips

La hiperconexión es ya una característica de nuestro día a día, especialmente – pero no exclusivamente- entre los adolescentes. Pasar horas frente a la computadora o revisando las notificaciones del celular,  descargando apps o revisando las redes sociales es una conducta habitual  no importa si estás en el cole, en el coche o en una reunión de trabajo.

 Algunos padres se preguntan si sus hijos no estarán sufriendo “adicción” a la tecnología pero  –salvo contadas ocasiones– no es correcto hablar del uso indiscriminado y continuo de la tecnología como una “nueva adicción” o una “adicción sin drogas”. Aunque sí de una dependencia psicológica.

Una  adicción se define por la pérdida de control sobre la situación de consumo y en una necesidad de mayores dosis cada vez mayor. De lo que se trata es de analizar qué tipo de relación tiene el adolescente con la tecnología.

Experimentar cierta ansiedad cuando no es posible conectarse puede tener que ver con un estilo de personalidad o con las consecuencias del uso continuado, en donde estar desconectado es equiparable a “ser invisible”.

En el caso de los adolescentes, el problema surge cuando parece más importante lo que pasa en el móvil que lo que pasa en la vida real. Un chico o una chica tímido/a que se relaciona poco y mal y cuyos logros laborales, académicos o sociales son escasos puede ser un nerd de los videojuegos o un chateador compulsivo…incluso con un toque de brillantez en sus comentarios. Y es una forma de resolución de sus conflictos, atacarla puede ser una mala idea. Hay un problema, pero es una cuestión previa, la tecnología no es la causa, en todo caso será la consecuencia.

La interpretación que se haga de la cuestión, tiene un fuerte componente cultural. En China, por ejemplo, se entiende que se trata de una cuestión de estado que amenaza a la juventud y la respuesta es una terapia llevada a cabo en campamentos militares, una especie de “boot camp” psicoterapeutico de los que ya hay 400 en todo el país. Tao Ran– director de uno de estos centros, afirma que muchos de estos chicos están tan enganchados a los juegos de Internet “que usan pañales por miedo de que tomarse un minuto para ir al baño afecte su desempeño”por eso la llaman “heroína electrónica”.

Los padres de estos jóvenes deben pagar 10 mil yuanes (U$S 1.600, el doble de una salario promedio en Pekín) para que reciban tratamiento en estas instituciones.  En la mayoría de casos, ellos también deben quedarse, porque se considera que fallaron en la crianza de sus hijos.

Y en Corea del Sur -la madre de la criatura- más del 25 por ciento de los adolescentes presenta síntomas de dependencia del smartphone, más del doble del 11,4 por ciento registrado en 2011. El promedio de uso del smartphone entre los más de 15.000 encuestados en uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo alcanza las 4,1 horas diarias. De todo el tiempo que los usuarios dedican a sus smartphone, un 40,6 por ciento corresponde al uso de aplicaciones de mensajería móvil, un 17,6 por ciento a la lectura de noticias y un 8,3 por ciento a juegos online, según el sondeo.

En esta parte del globo, entendemos las cosas de otra manera.  No obstante, las consultas de padres preocupados por este tipo de cuestiones sobre todo en la franja 10 a 13/14 años, van en aumento. Nuestra sugerencia profesional es  tratar de encontrar un equilibrio entre la tecno paranoia o la prohibición y el adoptar una actitud coherente desprovista de prejuicios o lugares comunes. Se trata de encontrar un equilibrio entre estrategias del “Qué” – al estilo de Asia- y las estrategias del “¿Por qué?” -al estilo occidental-.

Creemos que prohibir no suele tener resultados positivos, educar es más efectivo. La red es una espacio de conexión, aprendizaje y socialización. Es un trabajo del adulto acercarse a este mundo y esto incluye a padres y docentes. El adolescente dejará de jugar a Candy Crush si, como docentes  le proponemos una búsqueda en Google en el marco de una actividad para reconocer información útil en los primeros 10 resultados que nos tira el buscador o si compartimos con ellos, aunque sea en parte, nuestra propia vida online. Si le preguntamos por lo que no sabemos en lugar de alarmarnos y demonizar.

Estímulo de la creatividad y nuevas funciones cognitivas son dos de las oportunidades que nos brindan las pantallas.

Pero, como se trata de ocuparse y no de preocuparse conviene consultar si se notan algunos de los siguientes síntomas:

/ Tener pensamientos recurrentes sobre Internet, necesidad de incrementar el tiempo de conexión y dificultad para controlarlo a pesar de considerarlo un problema.

/Interpretar situaciones de la vida real a imagen y semejanza de un video juego

Reducir el tiempo del sueño  para seguir conectado

/  Descuidar o abandonar otras actividades importantes, cambiar la frecuencia de contacto con la familia, salidas, deporte, hobbys, estudio por pérdida de interés generalizado en temas que antes agradaban.

/ Recibir quejas  de alguien cercano, como los padres o los hermanos o la pareja sobre la “desconexión” offline.

/ Pensar en la Red constantemente, incluso cuando no se está conectado, y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta lenta.

/Intentar limitar el tiempo de conexión sin éxito y perder la noción del tiempo o mentirse sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un video juego.

/ Estar más irritable  y cambiar el patrón de rendimiento en los estudios. No se tiene tiempo para completar las tareas o trabajos académicos

/Sentir una sensación de euforia mientras se está navegando o jugando o chateando

/Sentirse culpable y ocultar o mentir parte de la a actividad online a la pareja, los padres o los amigos

¿Qué pueden hacer los padres?

1) Fomentar el uso saludable de las nuevas tecnologías, y en particular de Internet. Para ello es importante estar informados de que hacen sus hijos, que paginas visitan, que dispositivos usan, si les gustan los video juegos, para qué usan la red. Esto solo se consigue si se conoce el medio, para eso es necesario perder el miedo al cambio.

2)  Limitar el uso de las nuevas tecnologías y pactar “apagados programados” no solo de los dispositivos de los chicos sino también de los propios. El padre que ataca la vida online de su hijo adolescente pero que llega a casa y se sienta a contestar mensajes o releer su correo es poco creíble. Coherencia, es la clave.

3) Y esto tiene que ver con la estrategia de incentivar otras actividades propias y ajenas por fuera de la Red. No importa si se trata de organizar un safari fotográfico para después compartir las fotos en Instagram. Lo importante es la salida en grupo.

4) Un cliché pero una verdad grande como la copa de un pino:  promover el diálogo en familia, incluso sobre los riesgos que conlleva el uso inadecuado de las nuevas tecnologías pero también las oportunidades que brinda.”Cuidado que viene el lobo” solo ….no sirve.

 Factores de riesgo de uso abusivo de tecnología:

/Rasgos de personalidad: baja autoestima, adolescentes con tendencia a la introversión o dificultades académicas o familiares déficit en habilidades sociales o con problemas emocionales por exceso de ansiedad.

/  Presencia de otras conductas compulsivas (drogas, alcohol, juego, sexo) o  padres con dificultades para poner límites. Desorden en los hábitos.

/Ansiedad y depresión : Internet aparece como una forma de distracción y de calmar el miedo al vacío

/Stress, por cambios recientes, mudanzas, divorcios, muertes en la familia, desempleo

/Síntomas físicos: síndrome del túnel carpiano; ojos secos y enrojecidos, dolor de cuello, dolores de cabeza, trastornos de sueño, ganar o perder excesivamente peso.

El uso compulsivo de Internet suele ser la señal de problemas más profundos. Pedir ayuda es la mejor forma de resolver el tema. Los adolescentes suelen enfrentarse  los padres, pero si reciben la misma información de distintas figuras de autoridad, están más predispuestos a escuchar. Pruebe ver si puede hacer alianzas con el coach del equipo en el que juega su hijo, o con un médico de confianza, o un amigo al que se respete.

Y no deje de considerar el consultar un profesional para pedir orientación, si está preocupado por su hijo/a.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Violencia y crueldad en los medios

Las fotos y los videos de personas saltando desde las ventanas del World Trade Center el 11-S, ya casi no se recuerdan. Pero ese día cambiaron muchas cosas y no solo en lo geopolítico; ver en vivo y en directo seres humanos en situaciones extremas supuso un antes y un después en el tratamiento de las imágenes en los medios de comunicación.

El paradigma de este cambio es esa foto de una mano amputada yaciendo solitaria en el pavimento que fue tratada de diversas maneras por los medios: The Times o The Sun no la publicaron, The Guardian le quitó intensidad borrando la sangre y Der Spiegel la oscureció para darle más dramatismo. El fotoperiodismo que retrató las guerras del S.XX y que dió imágenes eternas a través de las cámaras de Robert Capa, Cartier-Bresson, Gerda Taro o Bourke-White se fue deslizando en este siglo XXI a un terreno resbaladizo y sin fondo en donde abundan niños mutilados, soldados carbonizados o cuerpos desnudos apilados sin misericordia.

Luego del 11-S;  la Invasión a Irak (2003), el tsunami en el Océano Índico (2004) y la muerte de Sadam Hussein (2006) supusieron hitos en una cobertura sin precedentes de imágenes y videos que ya no eran realizados por profesionales sino por aficionados armados con teléfonos celulares, cámaras digitales o videocámaras caseras. Se trata de una brutal alteración de las reglas de juego en comunicación social. Ya no importa la calidad de la imagen o  la crudeza de la composición sino la velocidad con que es  subida a Internet.

Las imágenes  tomadas por testigos oculares del accidente del vuelo MH-7 de Malaysian Airlines sobre Ucrania  de Julio pasado aparecieron minutos después en Twitter; sin policías cerca y  con cuerpos esparcidos en más de 10 km a la redonda, la gente fue absolutamente libre de sacar fotos y mucho antes de que llegaran los reporteros profesionales ya teníamos una idea de lo que había pasado, en crudo, sin filtros.

Es como si en la social media existiera una carrera no declarada por ver quién cuelga primero la noticia. Estos días, un adolescente realizó una selfie con el cadáver de otro chico al que había asesinado de fondo y lo subió a su página de Facebook; las imágenes de la caída de un avión en Corea filmadas desde un coche por alguien que pasaba por la carretera  fueron reproducidas una y otra vez en todos los noticieros.

Es imposible teorizar sobre la irracionalidad de estos hechos. Lo siniestro no tiene palabras. En teoría, debiera haber una diferencia entre este fenómeno, comparable a una patología de borde, producido por las plataformas de Internet y la edición informativa hecha por profesionales en donde debiera privar la ética o por lo menos algún tipo de valor moral, pero no siempre es así. Imágenes de cuerpos desmembrados o pertenencias personales, incluso fotos y pasaportes han aparecido en las noticias, aún antes de que se diera la lista oficial de desaparecidos o muertos, muchos familiares se han enterado de esta forma de su pérdida.

El argumento más común es el derecho a informar y  contribuir a la toma de conciencia de lo que es una guerra -por ejemplo-. No hay nada más abusado en esta sociedad líquida que la declamación de los derechos: a la libre expresión, a la información, a la libertad sin límites. Pero esta libertad de hoy difiere bastante de la libertad de la Revolución Francesa, ya no se habla de igualdad sino de similitud y no se habla de fraternidad porque para eso habría que dejar de considerar al otro como una cosa. Porque, sucede que las imágenes se manipulan con programas informáticos, “crean” una realidad y en muchos casos son utilizadas para armar contextos según diversos objetivos.

Pero, ¿Qué nos pasa a los que miramos? ¿Qué peculiar cultura voyeur ejercitamos cuando somos cómplices del que publica? Desde el punto de vista psicológico, importa más esa tendencia a gozar del horror, esa atracción por lo macabro que está en el orígen de la lectura que hacemos de lo que vemos que la empatía que nos permitiría padecer con el otro; por eso somos cómplices cada vez que generamos un trend topic retwiteando una imagen macabra.

La fuerza pulsional de una escena va más allá de su verosimilitud. El impacto que tiene  en nuestra mente la crueldad que refleja una secuencia visual de guerra no discrimina entre lo real y lo ficticio; es igual Call of Duty, que la guerra en Siria o El  único superviviente.

Pertenecemos a una cultura en la que la frivolización y los memes desnudan la voluntad de goce perverso, en donde no hay reflexión, ni sufrimiento, ni queja a la manera neurótica sino que impera la actuación, exenta de vergüenza. La distancia entre una imagen que moviliza, como por ejemplo la foto de Samuel Aranda del 2011, en la que una mujer con el velo integral sostiene a un herido en una mezquita de Yemen durante la primavera Árabe y que ganó el premio World Press Photo de ese año, y una imagen en  la que  se silencia el horror, como por ejemplo la del soldado americano incinerado dentro de su tanque durante la retirada de Kuwait en 1991, tomada por Kenneth Jarecke, es la misma distancia que existe entre el erotismo y la pornografía.

La capacidad de denuncia de una imagen es innegable, el poder de lo obsceno que encierra también es innegable. Desde el punto de vista ético, quizás se trate menos del impacto de la crudeza de unas imágenes que de la manipulación emocional hacia el que las mira. La verdad no existe y menos en este mundo virtual en que nos movemos.

Parece que ya no es cierto que una imagen vale más que mil palabras; la sangre, los cuerpos desmembrados, las ejecuciones online no nos harán más conscientes del dolor ajeno, porque no estamos preparados para discriminar entre realidad y fantasía, salvo que nos toque de cerca, muy de cerca. Y eso generalmente no pasa, por eso los únicos que se sienten directamente afectados por ellas son los familiares directos o los que han pasado por situaciones similares y recrean el bucle del horror en una personal versión de estrés post-traumático cada vez que ven el accidente, el muerto, la persecución, la sangre. En ellos la empatía está activa, los demás somos de palo.

El planteamiento ético de fondo pasa una vez más, tal como lo señalaba Chomsky hace décadas, por lograr que los medios no se sumen a la manipulación de la realidad a través de abusar de lo emocional y dejen de relegar la reflexión imprescindible sobre las causas del dolor humano a guiones simplificados en donde hay buenos y malos, lindos y feos, vivos o muertos.

En cuanto al mundo online, no existe aún una ética de la información en las  redes sociales. El problema es grave porque la generación Z, nacida alrededor del Milenio, se mueve con códigos de inmediatez visual, individualismo y ausencia de responsabilidad social, pero posee una ilimitada capacidad de establecer comunidades online, enormes y exitosas. En un mundo en el que ya no hay nadie pilotando el Enola Gay sino que drones dirigidos por ordenador destruyen en segundos poblaciones enteras, sacan fotos y las suben a la Red, la reflexión sobre el impacto que estas  nuevas formas de la  pulsión de muerte tendrán en la sociedad de las próximas décadas  es,  desde luego, muy inquietante.

Artículo publicado en http://joiamagazine.org/revista/marzo2015/

Límites y oportunidades del coaching

Hablar del coaching no es fácil,  porque desde la vaguedad de un término al que se define como “entrenamiento” se promocionan todo tipo de intervenciones muchas veces centradas en mensajes Wishful thinking, del tipo “puedes lograr todo lo que te propongas”, “vas a triunfar”, “tus sueños son tu guía”, recordándote todo el tiempo que eres el mejor y que no tienes -para nada-la culpa de lo que te pasa.-

Lamentablemente, o por suerte, la realidad muchas veces debe ser desmontada para poder cambiarla; esto supone aceptar algunos condicionantes, enfrentar los propios miedos y conocer qué situaciones pueden ser potencialmente conflictivas. Este análisis siempre es subjetivo, porque la historia es siempre personal. No sirve el café para todos.-

Queremos decir que ni el coaching vale para todos, siempre y en cualquier caso, ni cualquier situación o crisis se puede resolver siempre con coaching. El coaching es simplemente una estrategia marcada por un tipo de intervención dirigida a los objetivos. Pero, esto nunca se puede hacer si no es en un contexto.

Y a interpretar contextos se aprende. Requiere profesionales formados y con experiencia, alto grado de profesionalidad y una planificación específica para cada coachee.

Ahora bien, las escuelas de coaching  hacen hincapié en que el objetivo es el CAMBIO. La verdad es que en cualquier estrategia de intervención de base psicológica el objetivo es el cambio. ¿Donde está la diferencia?

El coaching supone “entrenar” para llegar a una meta previamente definida, para eso se trata de guiar sobre la forma “correcta” de llegar a ella. Pero, ¿Que pasa si en el proceso resulta que la meta cambia o se descubren cuestiones que no estaban claras al comienzo?.

Si esto sucede, el coaching tradicional buscará imponer la meta sobre el contexto para llegar a ella minimizando la respuesta personal en cambio,  en otras estrategias, por ejemplo, el counselling se trabajará intentando re – definir la meta y los contextos y por su parte, la Psicoterapia se centrará en entender qué elementos de la personalidad del cliente han influido en su interpretación del contexto que puede estar influyendo en su dificultad para el cambio.

En este sentido, hay que aclarar que esa visión que se busca imponer desde algunos sectores  del coaching de que la psicoterapia implica-siempre-urgar en el pasado y es sinónimo de psicopatología no es correcta; el concepto de psicoterapia es amplio y los modelos teóricos variados.

Por otra parte,  hay que distinguir el Coaching ejecutivo tradicionalmente enfocado a sacar lo mejor de gerentes y ejecutivos, que es un estilo dirigido, en el que un profesional que quiere lograr un objetivo contrata a otro (coach)  que le ayuda a lograrlo; del Coaching personal o de salud (wellness coaching)  en donde no se trata solo de imponer un programa formativo de habilidades sino de plantear opciones frente a un cambio que es necesario realizar en algún sector de la vida-además del profesional-.

Dar “consejos” es  bastante sencillo, que esos consejos promuevan el crecimiento y auto conocimiento  personal es menos fácil de lograr. Algunos marcos teóricos como el http://portaldelcoaching.com/colaborador/rafael-echeverria/coaching ontológico aportan valiosas  estrategias para reformular aspectos de nuestra vida en todos los ámbitos: profesional, personal, etc..Se basa en tomar en cuenta el poder del lenguaje como herramienta para transformar la realidad a partir de la con-versa-ción.-

En un mundo cambiante como el actual, puede que hacer las mismas cosas siempre de la misma manera no sea una buena idea.

El coaching no dirigido focalizado en las áreas de la salud y el bienestar  (wellness coaching), trabaja  hábitos saludables o cambios en el entorno personal sobre la base de descubrir y cuestionarse los propios prejuicios.

Desde el:

COACHING DIRIGIDO (coaching ejecutivo)

Decir

Formar

Enseñar

Aconsejar

al

COACHING NO DIRIGIDO (wellness coaching y coaching personal)

Buscar soluciones

Pensar creativamente

Descubrir

Cuestionarse

La clave será:

ESCUCHAR

Para saber más:

Richardson, Pam: Coaching personal. Ed. Mens Sana (2005)

http://www.powersofsix.com/

http://www.aacounselors.org.ar/

http://www.webmd.com/balance/guide/life-and-wellness-coaches

Estres y depresión : la crisis de la mediana edad

vida-moderna-quino

La  “crisis de la mediana edad” es un término acuñado por Elliot Jacques, en 1965, en un artículo publicado en The International Journal of Psychoanalisis, “Death and mid – life crisis” y es algo que nos suele suceder en algún momento a partir de los 40 años.  Suele estar relacionada con:

  • descontento con un estilo de vida que ha sido satisfactorio hasta ese momento
  • aburrimiento: personas y situaciones que han formado parte de lo cotidiano se tornan insoportables
  • Necesidad de comenzar cosas nuevas
  • Cuestionamiento de decisiones tomadas con anterioridad,  con las que se ha estado en absoluto de acuerdo
  • Confusión acerca de quién es uno y hacia donde va su vida

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Cuánto se conectan online los adolescentes (USA) #infografia #infographic

Originalmente publicado en TICs y Formación:

Hola:

Una infografía sobre cuánto se conectan online los adolescentes (USA).

Un saludo

Infographic: 1 in 4 Teens Are Online Almost Constantly | Statista
You will find more statistics at Statista

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Teléfonos móviles, identidad online & “horror vacui”

“Ha venido a felicitarme mucha gente, pero todos con el móvil en la mano. Interrumpían su sesión de e-mails para hablar conmigo un minuto y después regresaban a sus aparatos. Aquí hay algunas de las mentes más sofisticadas y brillantes del planeta, han pagado miles de dólares por venir y ¡se dedican a contestar e-mails y a colgar fotos en Facebook en vez de hablar entre ellos!”  Sherry Turkle

En la actualidad las diferentes dimensiones de nuestra vida  parecen ser inseparables de la vida en la pantalla que se convierte en una extensión de lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Sherry Turkle ha definido a la identidad online  como

“Una proyección y una continuación de la vida contemporánea, que borra las distinciones entre espacios reales y virtuales, es el emergente de las  interacciones llevadas a cabo tanto en espacios reales como virtuales.”

Desde los `90, Turkle  estudia el rol de Internet en la construcción de la identidad y de la subjetividad y la tendencia  a jugar roles diferentes o  actuar distinto en espacios cubiertos por el anonimato.

En esa etapa de su trabajo, valoraba como altamente positiva la utilidad de este proceso;  creía que entraríamos en Internet y lo que aprenderíamos dentro nos ayudaría a mejorar nuestra vida offline, que nuestras experiencias digitales enriquecerían nuestra vida real, pero siempre entrando y saliendo de ella.

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