Adicción a tecnologías: propuestas terapeuticas

Cuando Steve Jobs presentó la iPad, en 2010, un periodista de The New York Times lo entrevistó y le hizo al pasar un comentario casi obvio: “Sus hijos deben adorar la iPad”. A lo que Jobs contestó: “No lo han usado. Limitamos mucho la tecnología que nuestros hijos usan en casa”.

Una respuesta para pensar, considerando de quién viene….claramente Jobs siguió la regla de oro de los traficantes de drogas : “nunca te enganches a tu propio producto”.

En la Argentina, el uso de pantallas ronda las 7 horas diarias, cuando se recomienda una exposición de dos horas como máximo, especialmente en caso de niños .

El psicólogo norteamericano Adam Alter, en su libro “Irresistible: el aumento de la tecnología adictiva y el negocio de mantenernos enganchados”  plantea el interrogante ¿Quién nos ha convertido en yonkis tecnologicos?

La adicción a dispositivos tecnológicos, son similares a las que podemos desarrollar con el tabaco, las drogas, el alcohol o la compras, debido a que activan las mismas zonas cerebrales asociadas a mecanismos de recompensa. Son más difíciles de combatir debido a que su eso está popularizado y es omnipresente.

Otros modelos en Occidente están apuntando a un tratamiento conductual centrado en otros esquemas. Es el caso de reSTART, un centro de atención ubicado en Washigton (USA)
      
En la clínica reSTART proponen despojarse de dispositivos y conectarse con la naturaleza
 Fuente: LA NACION – Crédito: Gentileza reSTART

Explica luego que en la segunda etapa, viven en departamentos de hasta cuatro personas  y pueden trabajar. Allí encuentran computadoras en las salas y pueden usar  teléfonos no inteligentes, mientras siguen su proceso psicoterapeutico . En la tercera fase ya pueden tener un smartphone an, y cuentan con su propia PC  en sus departamentos.  Todo el proceso dura como mínimo, dos meses. En general necesitan más, pero las familias pueden optar por seguir o no la recomendación del lugar, y pueden quedarse hasta un año.

¿Cómo identificar cuando se trata de una adicción?

“En el caso de un niño, los padres deben plantearse qué es saludable para él: dormir ocho o hasta 10 horas dependiendo de la edad, manejar sus responsabilidades sin que sea una batalla, contribuir a la familia, que tenga tiempo cara a cara con sus seres queridos, que haga actividad física, que se siente a comer a la mesa en forma saludable y tenga hábitos de higiene como ducharse y lavarse los dientes.

Una vez que todas estas rutinas se cumplen, el tiempo para el entretenimiento es sólo una porción de la torta. Lo que pasa con los adictos es que esa porción crece y se achica el resto”, explica Cash. Cuando empiezan las peleas por no poder usar sus dispositivos, quieren aislarse, no pasan tiempo en familia o no quieren hacer caso de reglas de sentido común, es porque el compañero digital se ha vuelto un problema.

Estas conductas llevadas al extremo son las que recurren a reSTART. Un día llegó un paciente de 25 años. Su padre tuvo que entrar a la fuerza a su departamento y lo despojó de sus dispositivos electrónicos. Jugaba 14 horas diarias a los videojuegos mientras Netflix corría de fondo. Y en las pausas chequeaba el celular, chateaba o miraba las redes sociales, mientras vivía a cafeína y azúcar.

Los jugadores obsesivos de videojuegos no son los únicos que llegan en busca de ayuda. También hay casos de obsesivos de la pornografía online u opinadores compulsivos de artículos relacionados con actualidad política, entre otros.

Cash aconseja que los menores de 6 años no tengan dispositivos. “Hay mucha evidencia de que las pantallas como tablets o smartphones interfieren en el desarrollo de la edad temprana”, aduce, y enfatiza que nadie debería dormir con el celular bajo la almohada. “Los padres deben ser firmes y tener confianza en que esas reglas son para beneficio del chico, pero el punto es que los adultos también necesitan seguir esas mismas normas”, propone.

 

Alter, que además de escritor es profesor de marketing en la Universidad de Nueva York, en su charla TED, asocia la adicción a un neurotransmisor en el cerebro llamado dopamina. Al consumir droga, alcohol, fumar un cigarrillo u obtener un like en las redes sociales, se libera este químico asociado al placer. Según el especialista, obtener un “me gusta” se vuelve una pequeña droga, gracias a la imprevisibilidad. Como no está garantizado que los obtenga, esa sorpresa en el proceso hace que sea más adictiva. “Si supieras que cada vez que posteás algo obtenés 100 me gusta, se volvería aburrido rápidamente”, explica.

En la misma línea opina Tristan Harris, ex diseñador ético de Google. En su ensayo sobre cómo la tecnología altera la mente de las personas, asegura que un teléfono es como una máquina tragamonedas. “Una persona promedio chequea su celular 150 veces al día. ¿Por qué? Una de las razones principales es el anzuelo de las máquinas de los casinos: la variable intermitente de recompensa”, describe.

Los diseñadores tecnológicos enlazan la acción de un usuario (tirar de la manija) con una recompensa variable. Tiramos de la manija e inmediatamente recibimos premio o nada. Cuando sacamos nuestro teléfono del bolsillo, estamos en una máquina a ver qué notificaciones nos llegaron, mails, cuántos me gusta obtuvimos, qué foto viene después en Instagram, o una interacción inesperada en las redes sociales.

Después de estudiar en el Laboratorio de Tecnología Persuasiva en Stanford, donde se analizan las formas de captar la atención de la gente y orquestar sus vidas, Harris enfatiza que los diseñadores buscan una sola cosa: maximizar la cantidad de tiempo que pasamos en la pantalla. Por eso Youtube reproduce el siguiente video automáticamente, Snapchat creó los streaks, y -desde Pinterest a Twitter- nos recuerdan con mails los posts recientes que pueden interesarnos.

No hay lugar a dudas: es difícil alejarnos de las pantallas, sobre todo porque los ingenieros del otro lado saben exactamente cómo funciona nuestra psicología para conseguir lo que buscan. Claro que, ser conscientes de eso, puede ser al menos un primer paso.

 

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/2074138-adiccion-techie-en-busca-de-la-rehabilitacion

Anuncios

Cómo tratar la adicción a Internet

La information overloading addiction ( dependencia por sobrecarga de información) lleva a una búsqueda extenuante y prolongada en el tiempo de información, a menudo inútil, en el intento de alcanzar la mejor puesta al día a través del web surfing, es decir pasando de un sitio a otro o a través de indagaciones sobre materiales contenidos en diversos bancos de datos.

La agencia Reuters realizó en 1997 una investigación ya mítica sobre una muestra de miles de personas de distintos países:

El 50% de los entrevistados declaró que buscaba información de manera frenética en la red y que experimentaba cierta euforia al hacerlo. La velocidad con la que es posible obtener información o acceder a noticias en internet es excitante porque genera una sensación de poder ilimitado en cuanto a acceder en poco tiempo a datos que de otra forma sería imposible de obtener.

La persona avanza en su extenuante búsqueda haciendo clic en los enlaces o usando motores de búsqueda.

Las horas en el ordenador nunca son suficientes, el tiempo libre y a veces también el laborable es absorbido por esta actividad.

Las personas que empiezan a pensar que quizás tengan “un problema”,intentan  “resistir” imponiéndose  períodos de abstinencia forzosa del ordenador al que suelen seguir verdaderos “atracones” informáticos.

En un caso como éste, en el que el aspecto del  placer ligado a la búsqueda es determinante, de nada sirve el intento de limitar la actividad compulsiva.

Una intervención posible desde la psicoterapia pasa por  apoyar la lógica del “adicto” guiándolo  a ritualizar y puntualizar todavía más su búsqueda.

La prescripción eserá entonces esforzarse por entrar en la red a cada hora en punto y durante 5 minutos exactos pasar revista a todas las info que se desee; transcurridos esos 5 minutos, hay que dejarlo hasta la hora siguiente y así sucesivamente.

La respuesta habitual a esta prescripción es que la persona que normalmente permanecía en la red  mucho tiempo, consigue mantenerse dentro de los espacios convenidos, sin el deseo de utilizar Internet en otros momentos.

De forma paralela, el hecho de “tener que” controlar cada hora las novedades durante cinco minutos induce a sentir la búsqueda ya no como una agradable compulsión sino como una obligación hacia el terapeuta y como tal no tan deseable.

En este punto cambiamos  la prescripción : ” entrar a la red cada DOS horas”.

De este modo vamos guiando al paciente para  que reduzca cada vez más la cantidad de tiempo que dedica a internet mientras va cambiando su manera de entender la cuestión:  la búsqueda de informaciones  pasa de ser un  hábito agradable a ser  una aburrida tortura de la que hay que apartarse.Como resultado aparece más tiempo libre y se redescubren placeres ligados al estar con los demás o dedicarse a otras actividades.

Al decir de Nardone: “se hace subir el enemigo al desván y se le quita la escalera”

Bibliografía.

Nardone, G & Cagnoni, F: “Perversiones en la red” RBA libros, 2003

Adolescentes hiperconectados, algunos tips

La hiperconexión es ya una característica de nuestro día a día, especialmente – pero no exclusivamente- entre los adolescentes. Pasar horas frente a la computadora o revisando las notificaciones del celular,  descargando apps o revisando las redes sociales es una conducta habitual  no importa si estás en el cole, en el coche o en una reunión de trabajo.

 Algunos padres se preguntan si sus hijos no estarán sufriendo “adicción” a la tecnología pero  –salvo contadas ocasiones– no es correcto hablar del uso indiscriminado y continuo de la tecnología como una “nueva adicción” o una “adicción sin drogas”. Aunque sí de una dependencia psicológica.

Una  adicción se define por la pérdida de control sobre la situación de consumo y en una necesidad de mayores dosis cada vez mayor. De lo que se trata es de analizar qué tipo de relación tiene el adolescente con la tecnología.

Experimentar cierta ansiedad cuando no es posible conectarse puede tener que ver con un estilo de personalidad o con las consecuencias del uso continuado, en donde estar desconectado es equiparable a “ser invisible”.

En el caso de los adolescentes, el problema surge cuando parece más importante lo que pasa en el móvil que lo que pasa en la vida real. Un chico o una chica tímido/a que se relaciona poco y mal y cuyos logros laborales, académicos o sociales son escasos puede ser un nerd de los videojuegos o un chateador compulsivo…incluso con un toque de brillantez en sus comentarios. Y es una forma de resolución de sus conflictos, atacarla puede ser una mala idea. Hay un problema, pero es una cuestión previa, la tecnología no es la causa, en todo caso será la consecuencia.

La interpretación que se haga de la cuestión, tiene un fuerte componente cultural. En China, por ejemplo, se entiende que se trata de una cuestión de estado que amenaza a la juventud y la respuesta es una terapia llevada a cabo en campamentos militares, una especie de “boot camp” psicoterapeutico de los que ya hay 400 en todo el país. Tao Ran– director de uno de estos centros, afirma que muchos de estos chicos están tan enganchados a los juegos de Internet “que usan pañales por miedo de que tomarse un minuto para ir al baño afecte su desempeño”por eso la llaman “heroína electrónica”.

Los padres de estos jóvenes deben pagar 10 mil yuanes (U$S 1.600, el doble de una salario promedio en Pekín) para que reciban tratamiento en estas instituciones.  En la mayoría de casos, ellos también deben quedarse, porque se considera que fallaron en la crianza de sus hijos.

Y en Corea del Sur -la madre de la criatura- más del 25 por ciento de los adolescentes presenta síntomas de dependencia del smartphone, más del doble del 11,4 por ciento registrado en 2011. El promedio de uso del smartphone entre los más de 15.000 encuestados en uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo alcanza las 4,1 horas diarias. De todo el tiempo que los usuarios dedican a sus smartphone, un 40,6 por ciento corresponde al uso de aplicaciones de mensajería móvil, un 17,6 por ciento a la lectura de noticias y un 8,3 por ciento a juegos online, según el sondeo.

En esta parte del globo, entendemos las cosas de otra manera.  No obstante, las consultas de padres preocupados por este tipo de cuestiones sobre todo en la franja 10 a 13/14 años, van en aumento. Nuestra sugerencia profesional es  tratar de encontrar un equilibrio entre la tecno paranoia o la prohibición y el adoptar una actitud coherente desprovista de prejuicios o lugares comunes. Se trata de encontrar un equilibrio entre estrategias del “Qué” – al estilo de Asia- y las estrategias del “¿Por qué?” -al estilo occidental-.

Creemos que prohibir no suele tener resultados positivos, educar es más efectivo. La red es una espacio de conexión, aprendizaje y socialización. Es un trabajo del adulto acercarse a este mundo y esto incluye a padres y docentes. El adolescente dejará de jugar a Candy Crush si, como docentes  le proponemos una búsqueda en Google en el marco de una actividad para reconocer información útil en los primeros 10 resultados que nos tira el buscador o si compartimos con ellos, aunque sea en parte, nuestra propia vida online. Si le preguntamos por lo que no sabemos en lugar de alarmarnos y demonizar.

Estímulo de la creatividad y nuevas funciones cognitivas son dos de las oportunidades que nos brindan las pantallas.

Pero, como se trata de ocuparse y no de preocuparse conviene consultar si se notan algunos de los siguientes síntomas:

/ Tener pensamientos recurrentes sobre Internet, necesidad de incrementar el tiempo de conexión y dificultad para controlarlo a pesar de considerarlo un problema.

/Interpretar situaciones de la vida real a imagen y semejanza de un video juego

Reducir el tiempo del sueño  para seguir conectado

/  Descuidar o abandonar otras actividades importantes, cambiar la frecuencia de contacto con la familia, salidas, deporte, hobbys, estudio por pérdida de interés generalizado en temas que antes agradaban.

/ Recibir quejas  de alguien cercano, como los padres o los hermanos o la pareja sobre la “desconexión” offline.

/ Pensar en la Red constantemente, incluso cuando no se está conectado, y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta lenta.

/Intentar limitar el tiempo de conexión sin éxito y perder la noción del tiempo o mentirse sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un video juego.

/ Estar más irritable  y cambiar el patrón de rendimiento en los estudios. No se tiene tiempo para completar las tareas o trabajos académicos

/Sentir una sensación de euforia mientras se está navegando o jugando o chateando

/Sentirse culpable y ocultar o mentir parte de la a actividad online a la pareja, los padres o los amigos

¿Qué pueden hacer los padres?

1) Fomentar el uso saludable de las nuevas tecnologías, y en particular de Internet. Para ello es importante estar informados de que hacen sus hijos, que paginas visitan, que dispositivos usan, si les gustan los video juegos, para qué usan la red. Esto solo se consigue si se conoce el medio, para eso es necesario perder el miedo al cambio.

2)  Limitar el uso de las nuevas tecnologías y pactar “apagados programados” no solo de los dispositivos de los chicos sino también de los propios. El padre que ataca la vida online de su hijo adolescente pero que llega a casa y se sienta a contestar mensajes o releer su correo es poco creíble. Coherencia, es la clave.

3) Y esto tiene que ver con la estrategia de incentivar otras actividades propias y ajenas por fuera de la Red. No importa si se trata de organizar un safari fotográfico para después compartir las fotos en Instagram. Lo importante es la salida en grupo.

4) Un cliché pero una verdad grande como la copa de un pino:  promover el diálogo en familia, incluso sobre los riesgos que conlleva el uso inadecuado de las nuevas tecnologías pero también las oportunidades que brinda.”Cuidado que viene el lobo” solo ….no sirve.

 Factores de riesgo de uso abusivo de tecnología:

/Rasgos de personalidad: baja autoestima, adolescentes con tendencia a la introversión o dificultades académicas o familiares déficit en habilidades sociales o con problemas emocionales por exceso de ansiedad.

/  Presencia de otras conductas compulsivas (drogas, alcohol, juego, sexo) o  padres con dificultades para poner límites. Desorden en los hábitos.

/Ansiedad y depresión : Internet aparece como una forma de distracción y de calmar el miedo al vacío

/Stress, por cambios recientes, mudanzas, divorcios, muertes en la familia, desempleo

/Síntomas físicos: síndrome del túnel carpiano; ojos secos y enrojecidos, dolor de cuello, dolores de cabeza, trastornos de sueño, ganar o perder excesivamente peso.

El uso compulsivo de Internet suele ser la señal de problemas más profundos. Pedir ayuda es la mejor forma de resolver el tema. Los adolescentes suelen enfrentarse  los padres, pero si reciben la misma información de distintas figuras de autoridad, están más predispuestos a escuchar. Pruebe ver si puede hacer alianzas con el coach del equipo en el que juega su hijo, o con un médico de confianza, o un amigo al que se respete.

Y no deje de considerar el consultar un profesional para pedir orientación, si está preocupado por su hijo/a.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Adicción a Internet o uso abusivo de pantallas?

Desde la visión de McLuhan de la aldea global (1989) hasta el uso de redes sociales a través de  teléfonos móbiles que ha crecido un 274% en menos de dos años, el cambio ha sido vertiginoso; las categorías de tiempo y espacio tal y como se entendían hace 20 años están totalmente abolidas, un nuevo criterio de realidad ha llegado para quedarse.

La adicción a las drogas es otro “tema estrella”  de la sociedad actual;finalmente,  en la Cibersociedad  parecen confluir el concepto de adicción y el de Internet .

Internet Addiction Disorder” fue el término propuesto en tono de broma por Ivan Goldberg  en 1995 . Goldberg refirió un “síndrome” con  aumento de la ansiedad y necesidad de conectarse muchas horas, incluso proponía crear grupos de  “ciberadictos anónimos”.

Involuntariamente abrió un debate en donde se fue mezclando la acción de algunos colegas como la Dra. Kimberley Young, _fundadora del primer Centro de Recuperación de Adicción a Internet- con el relato de  personas  que decían padecer esos síntomas.  “Si extendemos el concepto de adicción para incluir todo aquello que la gente hace en exceso, tendríamos que aplicarlo a leer libros, a hacer ejercicio, a hablar con la gente...”, declaró  Goldberg a la revista The New Yorker en 1997, en un intento de desmarcarse del tema.

Lo cierto es que desde 1996 han proliferado los estudios sobre estas cuestiones, sin embargo el DSM-V no lo ha incluido, lo que ya es mucho decir, habida cuenta de la tendencia a la patologización de conductas habituales que ha demostrado en su clasificación de trastornos mentales.

 Existen importantes diferencias culturales en el uso y abuso de Internet, sobre todo entre los más jóvenes. El Kaohsiung Medical University Hospital (Taiwan) valoró   en un 11% el porcentaje de adolescentes  obsesionado con la Red que sube al 14% en China;  por su lado la Georgia Regent University (Augusta)  lo fija en un  4% en EE UU  . 

El Dr, Vaughan Bell, cree que estas encuestas tienen fallos en su diseño: Definen adicción en función del número de horas que pasamos online, pero no refieren  las causas que lo motivan. La gente es adicta a sustancias o actividades, no a un medio de comunicación. Decir que soy adicto a Internet es tan absurdo como decir que lo soy a las ondas de radio”

Desde 2002,  Dr. Scott Caplan (Universidad de Delaware)  ha estudiado la relación entre algunas características psicosociales y la respuesta a Internet, según sus estudios, las personas ansiosas o deprimidas   tenderían a usar más Internet y no al revés. Es decir, la Red no “crea” la patología sino que es solo un canal que puede ser utilizado de muchas maneras distintas.-

¿Que es “norma”l o no respecto al tiempo que pasamos frente a la pantalla?

Según la Asociación para la Investigación de los medios de Comunicación, el 37% de las personas en España, se conecta entre 10 y 30 horas semanales. El 9% lo hace más de 60 horas, quiere decir que el 54% estaría por debajo de las 10 horas semanales, % inferior a las horas que se pasan mirando TV.

Las actividades más populares como chats y redes sociales (juegos, portales, etc) son las habituales entre los más jóvenes y constituyen un nuevo canal como antes lo era el teléfono, son una extensión normal de la vida social. 

Ahora bien, podemos hablar de que hay un  uso abusivo como síntoma de un desorden mayor, si frente a la imposibilidad de conectarse surge cierto grado (elevado) de irritabilidad junto a una preocupación permanente por volver a estar en el ciberespacio.

Una verdadera “furia narcicista” se deja caer en los relatos de las historias de personas “enganchadas a la red” que comentan sus problemas porque un perfil se ha borrado, un relación online ha terminado o simplemente se ha roto su ordenador.

El Dr. Philippe Jeammet se refiere al narcicismo en la época actual marcando una diferencia : “Hoy en día  la ausencia de límites, la evolución muy rápida del sistema de valores y sobre todo el derrumbe de las prohibiciones han sido reemplazados por una exigencia de rendimiento”…

Solo hay que fijarse en el éxito de los blogs de  desarrollo personal y la búsqueda de  “logros extraordinarios”  como medición del éxito. ¿Cuantos amigos tienes en Facebook? ¿Cuantos seguidores en Twitter? Se trata de nuevos discursos, nuevos escenarios para viejas cuestiones.

En temas de abuso de pantallas, es raro que alguien consulte por sí mismo, generalmente es un tercero el que pide ayuda por él: es la esposa abandonada a manos de un chat nocturno, el padre preocupado por los gastos indebidos o las bajas notas o un amigo que nota cambios en los hábitos.

El” implicado” generalmente niega la cuestión, no detecta que su relación con la pantalla está alterando otras áreas de su vida: familia, amigos, trabajo, economía .

Sigue leyendo