Cuando los chicos quieren salir en la Tele…..

Hablamos de programas como Masterchef junior o La Voz Kids y lo primero que deberíamos acordar es que una cosa es un programa “con” niños y otra cosa un programa “para” niños; lo segundo es que cuando llegamos a la instancia “junior”, “kids”, etc., el formato ya está agotado y se trata de rematarlo.

Dicho esto, adherimos a la crítica que Florence Thomas, psicóloga social, ha realizado a propósito de La Voz Kids (versión colombiana) al que considera “Un adefesio comercial que busca rentabilizar la manipulación e incentivar el sentido de competencia de los niños, convirtiéndolos en adultos precoces. La forma en que el programa los expone propicia la discriminación, especialmente en las redes sociales.”, dice sin pelos en la lengua.

Pero, ¿Que tan grave puede ser para estos niños plantarse frente a supuestos poseedores de un saber y un arte X, como cantar o cocinar, para ser juzgados delante de millones de personas, a cambio de 5´de gloria y un cheque de agradecimiento por los servicios prestados?,  Pues, puede ser muy grave o solo una anécdota dependiendo, como siempre, de la historia , ¿o histeria? personal y familiar.

Vamos por partes, jugar, aprender, competir  y perder no tiene nada de malo, pero hacerlo en un contexto de exposición mediática y a horarios no aptos para menores aporta poco a la típica discusión sobre motivación asociada a habilidades como organización del espacio y el tiempo, motricidad fina, asertividad, creatividad y lo que quieran exponer como razones formales para justificar el predominio de la competencia por sobre el aprendizaje y el disfrute. Esto sin tomar en cuenta la impostación obligada en la forma de hablar y actuar que parece buscar borrar diferencias entre el mundo adulto y el infantil con efectos espeluznantes.

En definitiva, son productos comerciales y poca cosa más. Como siempre, la culpa no es del cerdito sino de quién lo alimenta; ¿Por qué querría un padre o una madre tratar a su hijo como un “producto” sino es por una proyección de sus propias necesidades narcicistas? ¿Dónde queda el respeto por el otro y la responsabilidad en la crianza? .

Por otra parte, ¿Por qué hacer un programa sobre niños que cocinan y no sobre niños plomeros o mecánicos? es tan bizarra una propuesta como otra. Personalmente nunca he conocido niños que espontáneamente se esfuercen en cocinar más allá de la típica “ayuda a mamá a pelar las patatas”.

Debemos aceptar que el mundo está lleno de niños y jóvenes persiguiendo el sueño del estrellato con la ilusión de poner su vida de 0 a 100 en 10 minutos y sin chaleco salvavidas. La tendencia a sobrevalorar la fama suele ser el resultados de los deseos no realizados de sus propios padres o de su propia visión del éxito a partir de los modelos propuestos en los medios de comunicación.

Si en la lista de Forbes figuran muchos You Tubers, jóvenes que suben videos repetitivos y precarios a You Tube, cosechan miles de “likes”y llenan estadios, la ilusión de la fama instantánea, exenta de esfuerzo y límites, aparece como un valor en un escenario de imágenes líquidas y volátiles.

En el caso de los niños actores de ficción, que trabajan como actores y cumplen horarios extenuantes, compiten en castings, deben coordinar sus horarios entre el trabajo y el estudio y ejercitan una prematura adultez; habrá algunos que pasen por la experiencia sin daños y lleguen a ser adultos reinventándose en ese mundo o no y otros que sufrirán efectos de largo plazo en su desarrollo. ¿Y de qué depende que suceda una cosa o la otra?

Básicamente, de la motivación tanto del chico como de sus padres, de su edad, del tiempo en que esté expuesto a esta experiencia, del nivel de compromiso que se le exige, del ambiente en que lo obligan a trabajar y de lo que gane.

Los niños que se dedican a actuar, muchas veces son sobreprotegidos y eso tiene consecuencias en el aprendizaje las reglas sociales mínimas del día a día. Suelen sentirse raros cuando estan entre sus pares “normales”después de haber pasado por el entorno lucrativo y cambiante del show bussiness.

Algunos actores famosos como Brooke Shields o Jodie Foster, hicieron su transición a la  adultez respetando sus tiempos de estudio antes de volver a actuar, otros como Scarlett Johansson o Leonardo Di Caprio parecen haberse salvado de los escándalos de drogas y arrestos.

Pero la lista de víctimas prematuras de adicciones, depresiones, incluso suicidios es larga entre aquellos  niños prodigio tentados por las candilejas. El síndrome “Lindsay Lohan” es un clásico entre estos jóvenes que tienen que enfrentar una exposición temprana a situaciones de adultos como el rechazo, la competencia, los celos, la mirada del Otro; viviendo en un círculo de pensamientos obsesivos sobre el éxito, las expectativas familiares y la construcción de una autoestima poco saludable.

¿Cuáles serían los indicadores de riesgo? pues aquellos que sugieran cambios en las conductas debidos al estrés; por ejemplo, en niños pequeños, hasta 7 u 8 años, volver a chuparse el dedo o la aparición de enuresis, llantos inmotivados o miedo a ser abandonados cuando se los deja solos. En el caso de púberes o adolescentes, la tendencia a cambiar de amigos, aislarse, desarrollar algún trastorno alimentario o dormir en exceso, cortarse, o tomar alcohol indica que no están soportando bien su vida frente a las cámaras.

¿Y de qué  depende que suceda una cosa u otra? básicamente de la capacidad de los padres para establecer un apego seguro y respetar los límites que impone la individualidad del hijo. Desde ya que un niño de  6 o 7 años, no puede decidir si quiere trabajar como actor, como no puede decidir si quiere invertir en la bolsa; otra cosa es que tomar clases de teatro, danza o canto formen parte de sus actividades extraescolares.  El trabajo infantil es trabajo infantil siempre y como tal pocas veces es una decisión propia. Todo lo demás es ruido.

 

Adictos a las series, ¿Por qué nos encanta contar el final?

Revelar detalles de la trama (spoiler) de series exitosas de la televisión era considerado hasta ahora de muy mala educación  [N. de la R.: spoiler proviene de spoil, “arruinar” en inglés].

Según  el antropólogo cultural Grant McCracken, que dirigió una investigación etnográfica auspiciada por Netflix, el gigante del streaming, sobre la función de los spoilers en la sociedad global,  divulgar detalles importantes de una trama de ficción se relaciona con la necesidad de afirmar nuestro poder y ascendiente social.

McCracken descubrió que la misma estructura de los capítulos y el ordenamiento por temporadas promueven el  binge watching (sesiones maratónicas en las que se ven numerosos capítulos o incluso temporadas completas de las series en una sola sentada) así como otros cambios en la forma en que la gente mira TV. “Saber algo sobre una serie que los demás desconocen es tener poder sobre otros -explica McCracken, que ha enseñado en la Universidad de Cambridge, en el MIT y en la Escuela de Negocios de Harvard-. Algo así como decir: «Yo vivo en el futuro al que ustedes esperan llegar algún día».”

Netflix planea utilizar esta investigación como base para una nueva promoción digital entre sus abonados, que incluye un cuestionario que ayuda a la gente a clasificar en qué forma prefieren arruinar ficciones.

¿Le gusta revelar una vuelta de tuerca a propósito, sólo porque puede hacerlo?

Es el llamado espoileador despechado (un empleado que le saca el suspenso al ciclo preferido de su jefe, o una hija enojada con su madre que le revela quién morirá en su drama preferido)

¿O se le escapa contar lo que no debiera sin querer, por pura emoción de compartirlo?

Es el espoileador impulsivo.

El espoileador desvergonzado cree que una vez que el capítulo se emitió en los Estados unidos está bien contar lo que pasa en él.

Y luego encontramos al espoileador enigmático, un maestro en decirlo todo sin decir nada. Porque los spoilers, bien pensados, pueden ser intrigantes y seductores como un epigrama. La conducta del espoileador enigmático es la última en emerger, según afirma McCracken.

La investigación -y el uso promocional que hará de ella Netflix- es parte de un intento más amplio de este servicio de streaming para comprender la cambiante relación del público con la TV.

La compañía elabora sus apuestas de programación sobre la teoría de que la televisión por Internet está reemplazando a su contraparte tradicional: las aplicaciones reemplazarán a los canales, los controles remotos desaparecerán y, tarde o temprano, las pantallas proliferarán sin control.

En 2013, Netflix dio a conocer un estudio que afirmaba que cada vez más espectadores adultos preferían ver las series en sesiones maratónicas online en lugar de a razón de un capítulo por vez, como es usual en la pantalla chica (otros investigadores afirman que la audiencia pasa cada vez menos tiempo mirando programación en vivo; prefiere seguir los contenidos en los horarios que le son más convenientes, gracias a los sistemas de Video On Demand y el propio streaming.

“El VOD está afectando a la TV tradicional” -explica Richard Greenfiled, analista de BTIG Research, en un informe al que tuvo acceso The New York Times-. La conducta del consumidor está cambiando y parece una tendencia imposible de revertir”.

Considerando estas afirmaciones como válidas, Netflix le pidió a McCracken estudiar cómo los spoilers afectan el consumo de historias: ¿saber cómo terminará una serie hace que empezar a verla desde el principio pierda atractivo? ¿Un spoiler podría motivarnos a descubrir una nueva ficción?

McCracken registra la aparición del spoiler hace una década, en consonancia con el desarrollo del consenso crítico sobre la TV como proveedora de historias más sutiles, complejas y sofisticadas. Series como Buffy the Vampire. Slayer y The Wire fueron dos de los primeros ciclos que rompieron las reglas de las series clásicas: los personajes buenos hacían cosas malas y cosas malas le pasaban a la gente buena.

El surgimiento de la llamada Tercera Era de Oro de la TV hizo que la gente hablara cada vez más de sus ficciones y, con ello, comenzara a romper el pacto tácito de no contarle el final de una buena historia a quien no la ha descubierto aún, agrega McCracken. Y lo llamó “el impulso OMG” (por las siglas en inglés de “Oh, My God!”), ya que esa exclamación suele ser en los Estados Unidos el preámbulo de una conversación acerca de una vuelta de tuerca impactante de una serie en particular. “El poder de esta nueva era de oro es tan intenso que llevó a la gente a tenerlo como primer tema de conversación social. Lo que ocurrió la noche anterior en la pantalla chica de pronto era tan importante como para proferir exclamaciones y meter la pata ante los demás.”

Las cadenas de TV de los EE.UU. han respondido a estos cambios produciendo series llenas de vueltas de tuerca sorprendentes, como matar a un personaje central (como ocurrió en la última temporada de la ficción The Good Wife, de CBS). El drama de alto impacto puede provocar más comentarios en las redes sociales, y ese alto perfil puede ayudar a que más espectadores decidan ver esos programas en vivo, lo que aumenta el rating. Pero McCracken sostiene que la buena televisión es a prueba de spoilers. “Uno puede saber de antemano qué pasa, pero aún querer ver el programa”, afirmó.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1734685-ver-series-en-la-era-de-los-spoilers-un-campo-minado

Editado por : Raquel Ferrari

Violencia y crueldad en los medios

Las fotos y los videos de personas saltando desde las ventanas del World Trade Center el 11-S, ya casi no se recuerdan. Pero ese día cambiaron muchas cosas y no solo en lo geopolítico; ver en vivo y en directo seres humanos en situaciones extremas supuso un antes y un después en el tratamiento de las imágenes en los medios de comunicación.

El paradigma de este cambio es esa foto de una mano amputada yaciendo solitaria en el pavimento que fue tratada de diversas maneras por los medios: The Times o The Sun no la publicaron, The Guardian le quitó intensidad borrando la sangre y Der Spiegel la oscureció para darle más dramatismo. El fotoperiodismo que retrató las guerras del S.XX y que dió imágenes eternas a través de las cámaras de Robert Capa, Cartier-Bresson, Gerda Taro o Bourke-White se fue deslizando en este siglo XXI a un terreno resbaladizo y sin fondo en donde abundan niños mutilados, soldados carbonizados o cuerpos desnudos apilados sin misericordia.

Luego del 11-S;  la Invasión a Irak (2003), el tsunami en el Océano Índico (2004) y la muerte de Sadam Hussein (2006) supusieron hitos en una cobertura sin precedentes de imágenes y videos que ya no eran realizados por profesionales sino por aficionados armados con teléfonos celulares, cámaras digitales o videocámaras caseras. Se trata de una brutal alteración de las reglas de juego en comunicación social. Ya no importa la calidad de la imagen o  la crudeza de la composición sino la velocidad con que es  subida a Internet.

Las imágenes  tomadas por testigos oculares del accidente del vuelo MH-7 de Malaysian Airlines sobre Ucrania  de Julio pasado aparecieron minutos después en Twitter; sin policías cerca y  con cuerpos esparcidos en más de 10 km a la redonda, la gente fue absolutamente libre de sacar fotos y mucho antes de que llegaran los reporteros profesionales ya teníamos una idea de lo que había pasado, en crudo, sin filtros.

Es como si en la social media existiera una carrera no declarada por ver quién cuelga primero la noticia. Estos días, un adolescente realizó una selfie con el cadáver de otro chico al que había asesinado de fondo y lo subió a su página de Facebook; las imágenes de la caída de un avión en Corea filmadas desde un coche por alguien que pasaba por la carretera  fueron reproducidas una y otra vez en todos los noticieros.

Es imposible teorizar sobre la irracionalidad de estos hechos. Lo siniestro no tiene palabras. En teoría, debiera haber una diferencia entre este fenómeno, comparable a una patología de borde, producido por las plataformas de Internet y la edición informativa hecha por profesionales en donde debiera privar la ética o por lo menos algún tipo de valor moral, pero no siempre es así. Imágenes de cuerpos desmembrados o pertenencias personales, incluso fotos y pasaportes han aparecido en las noticias, aún antes de que se diera la lista oficial de desaparecidos o muertos, muchos familiares se han enterado de esta forma de su pérdida.

El argumento más común es el derecho a informar y  contribuir a la toma de conciencia de lo que es una guerra -por ejemplo-. No hay nada más abusado en esta sociedad líquida que la declamación de los derechos: a la libre expresión, a la información, a la libertad sin límites. Pero esta libertad de hoy difiere bastante de la libertad de la Revolución Francesa, ya no se habla de igualdad sino de similitud y no se habla de fraternidad porque para eso habría que dejar de considerar al otro como una cosa. Porque, sucede que las imágenes se manipulan con programas informáticos, “crean” una realidad y en muchos casos son utilizadas para armar contextos según diversos objetivos.

Pero, ¿Qué nos pasa a los que miramos? ¿Qué peculiar cultura voyeur ejercitamos cuando somos cómplices del que publica? Desde el punto de vista psicológico, importa más esa tendencia a gozar del horror, esa atracción por lo macabro que está en el orígen de la lectura que hacemos de lo que vemos que la empatía que nos permitiría padecer con el otro; por eso somos cómplices cada vez que generamos un trend topic retwiteando una imagen macabra.

La fuerza pulsional de una escena va más allá de su verosimilitud. El impacto que tiene  en nuestra mente la crueldad que refleja una secuencia visual de guerra no discrimina entre lo real y lo ficticio; es igual Call of Duty, que la guerra en Siria o El  único superviviente.

Pertenecemos a una cultura en la que la frivolización y los memes desnudan la voluntad de goce perverso, en donde no hay reflexión, ni sufrimiento, ni queja a la manera neurótica sino que impera la actuación, exenta de vergüenza. La distancia entre una imagen que moviliza, como por ejemplo la foto de Samuel Aranda del 2011, en la que una mujer con el velo integral sostiene a un herido en una mezquita de Yemen durante la primavera Árabe y que ganó el premio World Press Photo de ese año, y una imagen en  la que  se silencia el horror, como por ejemplo la del soldado americano incinerado dentro de su tanque durante la retirada de Kuwait en 1991, tomada por Kenneth Jarecke, es la misma distancia que existe entre el erotismo y la pornografía.

La capacidad de denuncia de una imagen es innegable, el poder de lo obsceno que encierra también es innegable. Desde el punto de vista ético, quizás se trate menos del impacto de la crudeza de unas imágenes que de la manipulación emocional hacia el que las mira. La verdad no existe y menos en este mundo virtual en que nos movemos.

Parece que ya no es cierto que una imagen vale más que mil palabras; la sangre, los cuerpos desmembrados, las ejecuciones online no nos harán más conscientes del dolor ajeno, porque no estamos preparados para discriminar entre realidad y fantasía, salvo que nos toque de cerca, muy de cerca. Y eso generalmente no pasa, por eso los únicos que se sienten directamente afectados por ellas son los familiares directos o los que han pasado por situaciones similares y recrean el bucle del horror en una personal versión de estrés post-traumático cada vez que ven el accidente, el muerto, la persecución, la sangre. En ellos la empatía está activa, los demás somos de palo.

El planteamiento ético de fondo pasa una vez más, tal como lo señalaba Chomsky hace décadas, por lograr que los medios no se sumen a la manipulación de la realidad a través de abusar de lo emocional y dejen de relegar la reflexión imprescindible sobre las causas del dolor humano a guiones simplificados en donde hay buenos y malos, lindos y feos, vivos o muertos.

En cuanto al mundo online, no existe aún una ética de la información en las  redes sociales. El problema es grave porque la generación Z, nacida alrededor del Milenio, se mueve con códigos de inmediatez visual, individualismo y ausencia de responsabilidad social, pero posee una ilimitada capacidad de establecer comunidades online, enormes y exitosas. En un mundo en el que ya no hay nadie pilotando el Enola Gay sino que drones dirigidos por ordenador destruyen en segundos poblaciones enteras, sacan fotos y las suben a la Red, la reflexión sobre el impacto que estas  nuevas formas de la  pulsión de muerte tendrán en la sociedad de las próximas décadas  es,  desde luego, muy inquietante.

Artículo publicado en http://joiamagazine.org/revista/marzo2015/

Encuesta: hábitos de uso de Internet de los menores en Argentina

La empresa Microsoft elaboró una encuesta entre 1200 niñas y niños de 11 a 17 años. El 80 por ciento en Argentina usa sus datos reales. Siete de cada diez muestran sus fotos y la mitad da su domicilio. Una campaña para sensibilizar a los padres a acompañarlos.

  • Ocho de cada diez chicos navegan por Internet sin compañía de un adulto
  • siete de ellos, además, dan su nombre y apellido reales;
  • de esos siete, seis comparten videos y fotos personales en la web.

Los datos surgen de una encuesta que realizó la empresa Microsoft y a partir de los cuales realizó una campaña de sensibilización (que desde el jueves se emitirá en cines) para explicar a los adultos por qué sí deberían y pueden acompañar a los niños mientras usan Internet, una actividad que la encuesta, realizada entre 1200 niños de entre 11 y 17 años de todo el país, reveló como profundamente incorporada en la vida cotidiana infantil y adolescente.

“Los chicos empiezan a edades cada vez más tempranas a usar pantallas. Hoy chicos de 2, 3 años ya usan pantallas, y eso es algo que facilitó la aparición de los dispositivos táctiles. Los chicos tienen un saber instrumental, de la herramienta, pero el sentido común, el saber es de los adultos. Los chicos no tienen experiencia de vida, por eso hay que acompañar el uso que hagan de la tecnología”, señaló la especialista en comunicación y culturas juveniles Roxana Morduchowics, que coordinó la investigación cuyos resultados, por lo demás, muestran semejanzas con los obtenidos en encuestas similares realizadas en Francia y Gran Bretaña.

“A los chicos hay que explicarles los riesgos y cuidados en Internet. Cuando los entienden, cambian de actitud. Pero para eso los padres deben entender cuál es su rol en lo pedagógico. Los chicos no saben de tecnología, en realidad. Los padres y maestros tienen que tomar coraje y no pensar que los chicos saben más. Somos los adultos los que sabemos más de la vida y, cuando se trata de Internet, los chicos necesitan los consejos de siempre, pero llevados al mundo tecnológico”, señaló Jorge Cella, director de Tecnología y ciudadanía corporativa de Microsoft Argentina, durante la presentación de la encuesta.

De los 1200 chicos encuestados, la abrumadora mayoría usa redes sociales como Facebook o Twitter, aunque con más intensidad entre los 13 y los 17 años (el 95 por ciento de ellos las usa) que entre los 11 y los 12 (el 60 por ciento). Además, estos niños y adolescentes tienen hábitos arraigados de uso, que demuestran cuán incorporado está el uso de Internet en su vida cotidiana.

  •  70 % ve videos en YouTube,
  •  60%  recurre a la red para buscar información
  •  50% , para escuchar música.
  •  40% por ciento usa correo electrónico
  •  40% pasa tiempo en juegos en red.

De todos ellos, el 80% usa Internet solo, sin ninguna intervención ni participación de adultos.

En Argentina, 8 de cada 10 chicos tienen un perfil público en redes sociales, y 7 de cada 10 dan allí su nombre y apellido reales. Mediante sus cuentas, 6 de cada 10 suben fotos y videos personales, y 5 de cada 10 incluyen su escuela y domicilio, pero, además, 4 de cada 10 pueden llegar a encontrarse en persona con gente que conocieron a través de Internet.

Los números no son muy lejanos de lo que sucede en Francia, donde 9 de cada 10 dan sus datos reales y suben contenido audiovisual personal, 8 de cada 10 dan su edad y fecha de nacimiento.

Los chicos, recogió la encuesta, comparten todos esos datos de su vida privada porque consideran que cuánto más cuentan, más populares pueden ser, algo para lo cual no miden el alcance (creen que sólo sus amigos verán lo que comparten) y creen que no hay riesgos.

“La intimidad cede ante el deseo de ser popular”,

señala el estudio, por lo que Morduchowicz explicó que los adultos deberían explicar a los chicos que cuanto se comparte en Internet termina siendo “de dominio público” y es “muy difícil de borrar”, para empezar.

“También los chicos tienen que entender que todos tienen derecho a la intimidad, y que eso tiene que ver con la imagen de los otros”, dijo la especialista, en referencia al bullying.

“Con Internet, el bullying empeora. Alguien dirá que siempre existió, y es cierto. Pero con Internet el que lo ejerce tiene más audiencia, no sólo la gente a su lado, y lo que diga va a tener persistencia en el tiempo, porque queda en la red. Además, se aprovecha mucho del anonimato”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-259656-2014-11-12.html

Ed. R. Ferrari

¿Por qué amamos los realities?

Ex-qué harías por tus hijos?” (Telecinco) y “Adan & Eva (Cuatro), son las últimas dos propuestas de la pantalla en el rubro reality show en España.

Cuando creíamos que todo había sido dicho sobre este formato después de la saga de Gran Hermano, Supervivientes, Operación Triunfo, La Caja Roja, Confianza Ciega y largo etc., surge esta nueva generación de telerrealidad que quiere dar un paso más y en la que “nada que esconder” se vuelve literal como todo producto posmodernista que se precie.

En “Adan & Eva (Adan looking for Eve- según el programa holandés original) dos solteros -heterosexuales claro, pero todo se andará- buscan su media naranja en una isla tropical, totalmente desnudos y en “EX que harías….”(un programa de origen israelí) varias parejas divorciadas con hijos,  vuelven a unirse en una particular visión de la co-parentalidad, dirigida a ganar unos dinerillos para sus vástagos. Por el camino no se ahorrarán espacios de recriminaciones mutuas y frustraciones pendientes, que intentarán dejar de lado cada vez que deban enfrentar unas de las pruebas típicas  de este tipo de formato, para continuar participando o ser descalificados.

En una playa paradisíaca, un hombre y una mujer caminan al encuentro totalmente desnudos, la pareja ha sido elegida según sus preferencias expresadas previamente; tendrán que sobrevivir buscando su comida durante el día, mientras se abrazan en la noche compartiendo calor humano; al segundo día aparecerá el tercero, instalando un triángulo que algún psicoanalista no dudaría en denominar “edípico” y la batalla por el amor y la aceptación estará servida.

Pero, como el programa se emite en prime time pocas tentaciones sexuales son viables, por eso después de la “novedad” de ver al desnudo a dos seres humanos que tienen poco que decirse, el programa aburre. En Holanda, el show obtuvo 850.000 espectadores en las primeras semanas; al final de la temporada había perdido la mitad de sus televidentes…y eso que allí nada se pixela.-

¿Por qué nos fascina tanto asistir a la terrible realidad de gente que no conocemos y a la que vemos en situaciones poco creíbles mientras  nos convencen de que no se trata de un producto de ficción? ¿Se puede influenciar al público a través de la telerrealidad? ¿Podemos pensar en una versión “didáctica” de los reality-shows para tratar temas sociales? ¿Qué es lo que nos mantiene pegados semana tras semanas a las aventuras de cantantes, chefs o peluqueras de barrio?

Seguramente hay diversas respuestas para estas preguntas, algunas sociológicas, otras culturales, otras puramente relacionadas con la psicología.

Las conclusiones más aceptadas hablan de la necesidad humana de conectarse, de ser parte de la manada; asistir a la experiencia de ser rechazado activaría nuestra pena por nosotros mismos, la otra cara es el pensamiento de “por lo menos no soy tan patético como ese” que sería una inyección de autoestima.Nada!, que se trataría de un ejercicio de plasticidad cerebral como diría algún neurocientífico.

En un artículo publicado en el  Media Psychology Journal-una revista de divulgación de investigación en el campo de la psicología y los medios- Lemi Baruh, un psicólogo de origen turco, comunicó los resultados de una investigación cuyo objetivo era detectar predictores de rasgos de personalidad que permitieran adelantar qué tipo de persona ve los reality -shows.

En teoría, la gente que se divierte viendo los entretelones de situaciones que, en general, se mantienen ocultas, como conversaciones privadas de parejas o encuentros íntimos,  debiera tener desarrollado su lado voyeur. Baruh distingue dos tipos de voyeurismo, uno más ligado a la psicopatología y poco interesado en realities, en el que lo central es observar sin ser observado y en donde el goce reside en el poder sobre el otro que no sabe qué es lo que está sucediendo y un segundo tipo , consumidor habitual de telerrealidad, en el que se nota un interés por aprovechar la oportunidad de compararse con otras personas en circunstancias que les gustaría experimentar. En este caso, lo esencial es el mecanismo de proyección.

Para este grupo, estos shows estarían satisfaciendo una necesidad de asomarse a los secretos de la vida de la gente que participa en ellos y sobre todo ejercitar una mirada en la que es posible adivinar un matiz casi sádico; porque se trata del interés que despierta  aquel que es abandonado, criticado, expuesto a la valoración ajena hasta el límite. Cuanto más conflicto, más discusiones airadas, más charla entre “amigas” para desnudar los horrores de una convivencia frustrada o más descalificación tácita por un físico poco agraciado más fascinación y más enganche.

Posiblemente, no se trate sólo de tendencias voyeuristas, sino de la necesidad que todos tenemos de buscar modelos que confirmen nuestras fantasías.

El escapismo que provee la TV, tanto en productos de ficción como en telerrealidad, ha sido tema de infinidad de análisis. La pregunta es si no estamos rizando el rizo de lo obvio queriendo ver en estos realities algo más que “comida basura” audiovisual. Son simplemente productos de difusión masiva, hechos para públicos  que, aunque disímiles culturalmente, comparten valores y problemáticas comunes en el, hasta hace poco, denominado “primer mundo”.

Hay mucha información social circulando en este tipo de programas y de la misma forma que en ellos se suelen reforzar prejuicios y estereotipos de género o actitudes materialistas, también sería posible transmitir mensajes más esperanzadores.

Pero, si se pretende resaltar  la importancia de mantener el vínculo familiar más allá de la pareja que se divorcia o señalar la necesidad de superar las barreras del aislamiento afectivo que ha llegado al límite de simplemente necesitar un abrazo-en la más completa desnudez-, estos programas no puede ser una alternativa válida.

¿Por qué no?, porque-como decía Freud- “ a veces un puro es solamente un puro” y a veces un reality es solamente un reality.

En todo caso, quizás solo se trate de buscar canalizar ese interés por la vida de los otros en espacios en 3D ; hay cantidad de dramas reales ahí afuera capaces de atrapar nuestra mente y nuestras emociones y a la espera de que nos animemos a hacer algo que nos transforme en protagonistas. Mirar TV es una forma socialmente aceptada de diversión, en este contexto hay productos buenos, mediocres o malos. Aprender a reconocer la diferencia es el reto que se nos presenta cada vez que le damos al mando a distancia.-

 

Guapas: “Constelaciones familiares” ¿Dónde está el límite?

 

 

“Guapas” es una exitosa serie argentina producida por Pol-Ka y emitida por Canal  El Trece desde marzo pasado. Se trata de una sit-com en la que cinco amigas, muy diferentes entre sí,viven situaciones en las que se mezclan historias sentimentales con una peculiar visión de lo femenino.

Como sucede habitualmente en TV, también en “Guapas” se practica el denominado “emplazamiento publicitario”, publicidad dentro de la propia serie, incorporada a la ficción en forma de furgonetas con el nombre de alguna empresa de electrodomésticos que “casualmente” cruza la escena o productos para la tos o galletas, etc. La publicidad  paga  los contenidos y es en torno a ella que se programan textos y guiones .

En el cap.59 de Guapas,”Constelaciones Familiares”, dos de los personajes, Mey y Mónica, asisten a una sesión de terapia de grupo, muy movilizadora y – a juzgar por la catarsis que origina- , sumamente efectiva, valorada con frases como “esto es mágico”, “es maravilloso” etc..

En esta misma serie, una psicóloga mantiene complicadas relaciones con sus ex-pacientes  y otra viola el secreto profesional, transmitiendo, sin decirlo, una imágen bastante desvalorizada de las psicoterapias convencionales que contrastan con este, “ES LO MÁS”,  de las constelaciones.

¿Dónde está el problema? Sigue leyendo

Carrie & Saga Noren, dos caras del estigma

Existe  un debate abierto acerca de cuales son las  mejores formas de combatir el estigma asociado a problemas mentales. Hay quién sostiene que se trata de visibilizar, nombrar e identificar personas y situaciones asociadas a etiquetas diagnósticas y quién piensa que la idea es buena pero el método no tanto.

El mundo de las series de TV está  aportando ejemplos interesantes con productos diversos  de indudable éxito mediático. ¿ Son útiles o perjudiciales en la lucha contra el estigma? No es un tema menor cuando varios estudios realizados concluyen que estos retratos tiene un fuerte impacto en el público y que mucha gente solo obtiene información sobre temas de salud mental a través de los medios. Lo que ven influye en su opinión sobre evitar o temer según a quién. Estos mitos no solo afectan a la opinión pública sino también en la autopercepción de los pacientes.

Veamos tres casos distintos. En primer lugar, Homeland, una serie en la que Carrie Mathison, la protagonista, es atractiva, dueña de un trabajo excitante y de un diagnóstico de trastorno bipolar que oculta a sus jefes. Su condición es central  para colorear el guión en tanto  facilita sus “superpoderes” para entender relaciones entre sucesos, es casi  imposible pensar el argumento de la serie sin ese perfil. En el camino, esta omnipresente condición mental de la protagonista alimenta unos cuantos prejuicios: la idea de que la violencia se asocia a la enfermedad mental, que son personas impredecibles y que no mejoran en su condición transforman a Carrie en una especie de “genio loco” resistente a cualquier intento terapéutico.

Hay episodios dolorosos para la imágen de la bipolaridad como las conductas promiscuas y sexualmente peligrosas como forma de escape -otro estigma-o cuando en el hospital se obsesiona por conseguir un lápiz verde para escribir sus ideas.

En este sentido, también se impone una lectura biologista en la ausencia de alternativas psicoterapéuticas más allá de la terapia electroconvulsiva y los psicofármacos. Mucho hemos retrocedido desde las sesiones de terapia de Tony Soprano de hace una década. ¿Refleja Carrie la realidad de muchos afectados de trastorno bipolar que no tienen acceso a apoyo psicoterapéutico simplemente porque el sistema de atención a la salud mental no lo prioriza? ¿Hemos de aplaudir la extrema visibilidad y vulnerabilidad de la condición mental de la protagonista?

Veamos el segundo caso: en Perception, el dr. Daniel Pierce,  es un talentoso neuropsicólogo que ayuda al FBI en casos difíciles. Sus conocimientos le permiten resolver desde otro punto de vista situaciones interesantes con una mezcla de emoción y humor. El Dr.Pierce sufre de esquizofrenia paranoide pero en este caso el guión no se centra en este aspecto de su personalidad salvo para darnos algunos tips sobre como maneja su condición. El personaje no es esquizofrénico sino que padece esquizofrenia lo que no impide sus logros profesionales.

Otro estilo muy diferente de enfocar el tema en la que nos acercamos al comienzo de  sus brotes psicóticos, como no le han impedido estudiar y trabajar y como sus amigos y colegas lo respetan y cuidan . Aquí se nombra la enfermedad pero no se la convierte en protagonista. El efecto es mucho más impactante en lo referente al mensaje acerca de la lucha contra el estigma.

Finalmente, en Bron/Brone (The Bridge)  nos encontramos con  un personaje femenino fuerte en un entorno policial de novela negra nórdica. Saga Noren es una detective sueca que trabaja junto a un colega danés Martin Rhode en la resolución de casos complejos en el marco de la realidad actual de los países escandinavos; temas de inmigración, recortes del estado de bienestar o explotación sexual, son tratados mientras se manejan tramas paralelas que terminan convergiendo en un eje central. Saga es guapa, inteligente, seria y adicta al trabajo; también tiene algunas características de personalidad que hacen pensar en el antiguo Síndrome de Asperger, rebautizado como “trastorno del espectro autístico en el DSM-V. Ella  logra sistematizar situaciones y buscar patrones que resultan generalmente correctos mientras su partner reacciona a su falta de habilidades sociales con una mezcla de humor y ternura. Nunca se nombra el trastorno, pero resulta un perfecto tutorial de las dificultades con las que se enfrenta alguien de esas características para lograr encajar y de lo exitosa que puede ser. Su elevada ética, resultado también de su condición, desemboca en situaciones duras en las que podemos participar de su conflicto entre hacer lo que cree que los demás harían o traicionar su sentido del deber. Es un perfecto reflejo de como puede ser el mundo autista, de la lucha permanente por entender que se espera de ella, y todo sin una etiqueta,.

Finalmente un personaje con el que es posible identificarse sin recurrir al estereotipo. Quizás de lo que se trata sea de valorar si un producto mediático sirve para dar a conocer el universo que quiere visibilizar o está generando más exclusión. Estaría bien que los guionistas trabajaran consultando afectados y profesionales y sobre todo que desarrollaran un espíritu critico acerca de cuales son sus objetivos al incluir este tipo de personajes en la ficción.

La buena noticia es que se comienza a hablar abiertamente de cuestiones de salud mental, la mala noticia es que a veces es imposible escapar a la frivolización, la teatralidad y el malentendido. Queda aun un largo camino por recorrer.-

Para saber más

http://www.bbc.co.uk/news/blogs-ouch-26193704#?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

http://www.vulture.com/2013/07/aspergers-tv-the-bridge-diane-kruger-sheldon-cooper.html http://www.theguardian.com/tv-and-radio/2014/jan/02/the-bridge-scandinavian-crime-drama-returns-bbc4

http://www.theguardian.com/tv-and-radio/2012/may/12/bridge-sofia-helin-saga-interview http://psychcentral.com/lib/medias-damaging-depictions-of-mental-illness/0002220

http://ontario.cmha.ca/files/2012/07/mass_media.pdf

http://www.psychologytoday.com/blog/addiction-in-society/201310/three-things-ive-learned-about-mental-illness-homeland

http://www.thedailybeast.com/articles/2012/04/10/homeland-and-shameless-television-tackles-bipolar-disorder-with-realism.html

http://www.theguardian.com/commentisfree/2012/may/07/homeland-mental-illness-bipolar-tv