Duelo, algunos tips

El duelo no es una “enfermedad”, por lo tanto, no podemos diagnosticarla siguiendo los criterios habituales; es una experiencia vital, una reacción sana y adaptativa frente a una pérdida que es necesario transitar sin necesidad de medicación, subjetiva o psicológica, que no da lugar a cambios somáticos y del que no se muere(…) tal vez, sea más correcto hablar de duelo patológico o normal y restringir al primero la categoría de enfermedad.-(Engel, 1961)

Duelo normal:

Síntomas cognitivos

  1. sentido de presencia
  2. pérdida de la autoestima
  3. preocupación por lo perdido y su posible recuperación
  4. Negación: “no puede ser verdad”
  5. Confusión (problemas de concentración y atención)

Síntomas emocionales:

  1. tristeza
  2. enfado(por no haber podido cambiar algo)
  3. impotencia
  4. shock
  5. alivio(sobre todo en enfermedades largas)
  6. fatiga (apatía)
  7. ansiedad (temor al futuro)
  8. culpa
  9. Soledad( emocional o social)

Sintomas conductuales

  1. trastornos del sueño
  2. trastornos de la alimentación
  3. suspirar
  4. aislamiento social
  5. soñar con lo perdido
  6. evitar recordatorios del fallecido
  7. llorar
  8. hiperactividad sosegada
  9. Buscar y llamar en voz alta
  10. Aislamiento social
  11. Visitar lugares o llevar consigo objetos que recuerdan la pérdida

Síntomas somáticos

  1. vacío en el estómago
  2. opresión en el pecho
  3. opresión en la garganta
  4. hipersensibilidad al ruido
  5. sensación de despersonalización
  6. falta de aire
  7. debilidad muscular
  8. sequedad de boca

(tomado de Worden, 1997)

Duelo complicado:

Implica procesos que tienden a cronificar la pérdida, su duración es excesiva, la persona es consciente de que no puede avanzar.

También incluye “duelos retrasados” la reacción emocional en el momento de la pérdida no fue suficiente y surge tiempo después,desencadenándose a través de alguna situación o recuerdo ej: ” en vacaciones siempre ibamos….”

O “duelos exagerados”: síntomas intensos e incapacitantes, trastornos ansiosos y depresivos, etc..

O “duelos enmascarados”: conductas desadaptativas o síntomas ( dolor de cabeza, alergias, problemas dermatológicos).-

Al abordar un duelo, lo consideraremos complicado cuando:

  1. Un acontecimiento aparentemente trivial desencadena una reacción exagerada
  2. En las sesiones de terapia apraecen temas de pérdidas en forma recurrente
  3. La persona experimenta un dolor intenso y reciente no importa el tiempo pasado ya
  4. Se detectan impulsos destructivos (hacia otros o hacia sí mismo)
  5. Se porducen cambios radicales de estilo de vida con un toque bizarro y evitación del lugares o pesonas ligadas al fallecido, que no mejoran ni permiten olvidar lo perdido.-
  6. Se imita a la persona muerta
  7. Aparece una tristeza “inexplicable” cada año en la misma época
  8. presencia de síntomas similares a los vividos por la persona fallecida
  9. Sentimiento que no evoluciona de vacío y desesperanza
  10. no hay un dia´logo interno sino un monólogo centrado en lo negativo
  11. pérdida de la autoestima

CONCLUSION:

El duelo puede o no ser una enfermedad. El proceso de duelo es un mecanismo de adaptación a una nueva situación y por lo tanto podemos definirlo como “normal” o “normalizado”.-

En algunos casos este proceso cursa con síntomas que pueden derivar en un trastorno por aparición de cambios en la frecuencia, tipo o duración de los mismos.-

Bibliografía:

Engel.GL: (1961): Is grief a disease En Psychosomatic medicine Vol.XXIII nº1

Neimeyer R:A (20029 . Aprender de la pérdida. Barcelona paidós

Worden, J.W (1997) El tratamiento del duelo:asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona. Paidós

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Depresión vs. Tristeza

 

 

Hay personas que en cuanto leen un artículo en cualquier revista sobre el tema  aseguran “estar deprimidos”. Internet y los medios de comunicación son  es en este caso un arma letal: ponen a disposición de todo el mundo información incompleta y que no puede ser contrastada.

Yo misma podría morir de cualquier cosa diez veces al día si dependiera de lo que leo en la red. Es verdad que todos tenemos de todo: todos hemos tenido temores, nos hemos sentido tristes, nos hemos inquietado sin saber por qué y hemos tenido momentos de angustia.
La diferencia reside en que esas emociones y esos sentimientos no constituyen “síntomas” ni forman síndromes.
Creemos que somos únicos y que nadie nos conoce realmente: el dolor y el sufrimiento son experiencias personales, cada uno sabe donde aprieta su zapato es cierto; pero no es menos cierto que “sentir y vivir” no correlaciona con patología:  una cosa es “estar triste” y otra “estar deprimido”. Estar triste es una posibilidad…¿Y qué?
Lamentablemente, la industria farmacéutica que gana millones con la sobremedicación de psicofármacos ayudada por algunas líneas terapéuticas que promulgan “la felicidad a cualquier precio”, transmiten un discurso cerrado con la idea de “todo va mejor con el escitalopram y la sertralina” …y es cierto, como también es cierto que la amoxicilina es un estupendo antibiótico…prescrito cuando y cómo corresponde.
UN SÍNTOMA AISLADO NO INDICA UN PROCESO DEPRESIVO. LA DEPRESIÓN ES UNA ESTRUCTURA CLÍNICA, NO UN ESTADO DE ÁNIMO.

Dice una paciente diagnosticada como depresiva :
“Me siento muy triste. Me paso el día encerrada, me cuesta levantarme, no tengo ilusiones de nada, mi vida no tiene sentido, nadie me quiere, me aburro…todo me sale mal, soy una fracasada, lloro a menudo, no puedo dormir. Ojalá me muriera.”

Hablemos del ABC de la depresión:
1) Tristeza: es un síntoma importante de depresión…pero no es el ÚNICO ni marca tendencia de nada. Se tienen que dar muchos síntomas AGRUPADOS DE UNA ESPECIAL FORMA para que se diagnostique una depresión. Es frecuente estar deprimido pero sin sentimientos de tristeza.
2) Anhedonia: incapacidad de sentir placer y disfrutar de lo agradable.  La persona que la sufre no encuentra nada que la motive, está “congelada” emocionalmente, hay una pérdida de interés por la vida. No es privativo de la depresión padecerla. Una persona con anhedonia puede no sentirse triste.
3) Pérdida de apetito y peso: sin causas orgánicas; aunque también se dan en la depresión ataques de hambre voraz.
4) Trastornos de sueño: generalmente insomnio pero también hipersomnia(dormir muchas horas y dormitar el resto del día)
5) Actividad motora: enlentecimiento en los movimientos.
6) Baja autoestima: no sirvo para nada, no merezco ser querido, todo lo hago mal.
7) Ideación suicida: pero con reparos, es necesario estudiar las fantasías suicidas.
8)- Disminución de la atención y la concentración: es más que el “estar distraído”, supone dificultades generalizadas en el desempeño de las actividades de la vida diaria.

¿Qué causa una depresión?
Factores externos (reactiva): duelos, desempleo, cirugías, divorcio, catástrofes naturales, estrés, etc. +.Estructura de personalidad (endógena) + predisposición (metabolismo de los neurotrasmisores) – algunas enfermedades.

Entonces:

La depresión no es un síntoma, sino un CONJUNTO de síntomas, que además requieren combinarse de una forma especial para constituir un “síndrome”.

Los síntomas deben darse con una intensidad y frecuencia que afecten nuestra calidad de vida y deben permanecer un cierto tiempo o repetirse cíclicamente.

No es bueno que patologicemos nuestra vida cotidiana.

El hecho de que, circunstancialmente, estemos tristes o desmotivados es congruente con el estar vivo. Si nos sentimos sin ganas de nada, puede que un ciclo se haya cerrado o puede que necesitemos nuevos retos personales: busquémoslos, antes de escudarnos en pastillas y etiquetas.


Si hemos intentado afrontar el desánimo, si a pesar de no identificar desencadenantes externos parece que damos vueltas en círculos, si el estado de ánimo empieza a contaminar todas nuestras acciones y si el sufrimiento no se puede controlar, entonces sí puede que corresponda una consulta con un profesional de la salud mental.

Fuente:
DSM V
Rojas Marcos, L (2006): La fuerza del optimismo.
Algunos enlaces:
http://psicología-online.com
http://psicoactiva.com

Los beneficios de la tristeza: ¿Por qué los evitamos?

Henri Cartier Bresson

Reflexiones de un médico budista.-

by Alex Lickerman MD

El otro día, mi hijo de casi cuatro años me dijo :”Papi, estoy triste”.

“Por qué”, le pregunté

Se encogió de hombros, sin saber el mismo que contestar.

“¿Es porque tienes que ir a la escuela?”

El asintió con un suave movimiento de cabeza

¿”Te gustaría quedarte en casa y jugar conmigo y con mamá?”

Asintió de nuevo con fuerza….

“Quizás no es que no quieras ir al cole”, le dije, “pero  tienes más ganas de quedarte en casa y jugar.”

El asintió por tercera vez. “Sí!”

“Pero en la escuela puedes jugar con tus amigos”, le recordé, “me parece que estás muyyy mimosoooo hoy!”

Su cara se iluminó: “Síii!”.

Ojalá fuera tan fácil hacer desaparecer la tristeza cuando uno es un adulto.

Aunque la palabra “depresión” reemplaza muchas veces a  la palabra  “tristeza” para llamar a como nos sentimos cuando las cosas no van como deseamos o cuando perdemos algo que nos es valioso , son dos cosas muy distintas.

La depresión describe  una serie de síntomas que suelen aparecer juntos: estado de ánimo depresivo, incapacidad de sentir placer con actividades placenteras, trastornos del sueño,  falta de energía, problemas de concentración y puede que pensamientos suicidas.

La tristeza por su parte, puede indicar un estado de ánimo depresivo pero se siente en una forma que casi no altera el día a día.

La tristeza puede ser agridulce cuando recordamos alguna pérdida, pero al mismo tiempo suele haber  cosas asociadas que nos han hecho felices.

La tristeza es una respuesta normal a una herida que está destinada a sanar (cosa que por supuesto depende de cada uno, aquello que no sana en mí, puede sanar en tí en cuestión de semanas). Mientras que la depresión no tiene “otra cara más amable” en la que pueda pensar, como a menudo pasa con la tristeza.

La tristeza nos hace amar más lo que hemos perdido., nos hace más sensibles, más empáticos y compasivos hacia aquellos que están pasando por lo mismo que nosotros.

Nos permite conectar con otros al pedir  su apoyo y estar dispuestos a devolver el favor en caso de que sea necesario.  Nos hace valorar el “antes de” y esperar el “después de”.

La mayoría de nosotros evitaríamos sentirnos tristes si puediéramos, pero eso sería un error.

Suprimir los sentimientos displacenteros porque tenemos miedo a la pena solo conduce a más pena en el futuro,  como resultado de los pasos en falso que damos para evitarla (por ejemplo abuso de fármacos) o por acumular pérdidas no “penadas”, que finalmente estallan.

Muchos psicólogos saben cuál es el costo de bloquear una legítima tristeza en lugar de permitirle seguir su curso hasta su fín. Porque en mi experiencia, termina; el principal efecto de sentir tristeza es catártico. ¿Por qué lloramos en definitiva? pues para sentirnos mejor.

Cuando sufrimos una derrota, la tristeza puede representar el puente que debemos cruzar para llegar a nuestra felicidad. Es cierto que la pena y la tristeza pueden prolongarse  y desarrollar una depresión descomunal, pero las estadísticas indican que la mayoría de nosotros cuando sufrimos una pérdida, sentimos pena un tiempo y luego continuamos con nuestras vidas, Somos mucho más resilientes de lo que pensamos.

Si escribo esto es porque últimamente he estado triste. Alguien que quiero no ha estado muy bien y no hay nada que pueda hacer al respecto.

Desgraciadamente, en la vida hay cosas que no podemos componer como quisiéramos y cuando esto pasa es…triste. Por eso, al no ser capaz de hacer nada más, tolero mi tristeza. Me ayuda a valorar  que puede ser que la tristeza saque lo mejor de mí. Y por eso, estoy agradecido, solo desearía que, en este caso, no se debiera al  sufrimiento de  un otro.

El libro del Dr. Lickerman The Undefeated Mind  se publicará a finales del 2012.

Fuente: http://www.psychologytoday.com/blog/happiness-in-world/201203/the-benefit-sadness

traducción : Raquel Ferrari