El Botox y las neuronas espejo

La noticia de que mujeres cada vez más jóvenes están recurriendo al Botox para “prevenir” arrugas nos lleva una vez más a la cuestión de la presión social alrededor del  “hacerse mayor” asociado a ideales de belleza totalmente distorsionados,  pero también nos acerca, de una forma inesperada, al tema del pánico que existe en nuestra sociedad en relación a la “falta de felicidad” en algunas de sus formas.

El tratamiento, si bien seguro en general, no está libre de “incidencias”: párpados caídos, sonrisas incompletas y un aire de parálisis gestual  suelen acompañar a un “No pasa nada!, solo un poco de Botox que va mal….no es permanente!“, que dicho por una mujer hermosa de 30 y pocos años, una mujer común que no se dedica al mundo del espectáculo o nada similar dejan en quién lo escucha un gesto sorprendido –sin Botox mediante-.

La expresión facial asociada al Botox, suele  tener  una cierta opacidad o monotonía que,  a pesar de la tersura de la piel, agregan un toque de indiferencia permanente a la mirada.

El lenguaje corporal  es el 65% de la comunicación humana y eso incluye las micro expresiones, esos mininos movimientos que matizan lo que decimos y que ayudan a transmitir emociones: alegría, ira, dolor.

¿Cómo se comunicaran esas caras congeladas con sus hijos, sus parejas, sus amigos? Porque es claro que solo con lo que denota el lenguaje (lo que decimos) es imposible transmitir lo que connota (lo que decimos más allá de lo que estamos diciendo).- Hablamos de los efectos de las prácticas estéticas en mujeres jóvenes en las que las arrugas de expresión aún no son molestas y en las que la relajación de la musculatura no puede mejorar lo que aún no se ha perdido. ¿Que se busca entonces? Continuar leyendo “El Botox y las neuronas espejo”

“Selfies” en un funeral ¿Duelo o narcicismo?

Un selfie es una autofoto que se efectúa con el móvil para luego colgarla en plataformas como Instagram o en redes sociales.

Según un reciente estudio llevado a cabo en Estados Unidos por PicMonkey y Harris Poll, el 47% de los adultos admite hacerse con frecuencia autorretratos con su teléfono móvil, un porcentaje que pega un brinco hasta llegar al 78% en el caso de los millenials, no en vano el 10% de este grupo admite hacerse al menos una “selfie” a diario.

Hace poco las redes ardieron con el selfie de Obama, David Cameron y Helle Thorning-Schmidt en el funeral de Nelson Mandela;  la secuencia de imágenes de los tres políticos tuvo un gran impacto en los medios y en las redes sociales, debido a que se consideró que era un momento que requería solemnidad y que ese juego estaba fuera de lugar.

El 2 de Febrero pasado falleció el actor Phillips Seymour Hoffman y, una vez más,  las redes sociales se llenaron de mensajes de pena y condolencias no solo de famosos sino de usuarios habituales de la red.

Por otra parte, ya no es raro encontrar en  Facebook, Instagram, Twitter o Tumblr selfies de adolescente con cara compungida (o no) en el medio de un funeral. Las imágenes suelen tener hashtag como #funeral, #abuelo, #diatriste, a veces acompañadas de textos aclaratorios.

 Se  trata de analizar si esta sociedad no estará fracasando en la forma en que trata la muerte y si estos adolescentes no serán el ejemplo más claro de como Internet nos ha distanciado de nuestras emociones y sentimientos humanos al punto de no detectar que significa morir, como si todo se redujera a CTRL-SHIFT-T. Otros consideran que se trata de un intento inmaduro pero conmovedor de compartir la pena y de intentar que le importe a alguien ahí fuera.

Preguntamos por estas cuestiones a  Enric Soler, psicólogo especializado en tratamiento del duelo: Continuar leyendo ““Selfies” en un funeral ¿Duelo o narcicismo?”