DSM V : ¿Somos todos enfermos mentales?

El libro que clasifica las patologías psiquiátricas es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM). La última versión de este atlas se publicó en 2013 envuelto en una fuerte polémica.
Ahora, Allen Frances (EE UU, 1942), coordinador de la anterior edición, ha levantado la voz contra los excesos diagnósticos de la psiquiatría moderna y la sobremedicación.
Además, denuncia que la psiquiatría debería ayudar al paciente ahora, en lugar de depositar sus esperanzas en los logros futuros de la neurociencia y la genética.Antes de publicar su libro ¿Somos todos enfermos mentales?escribió en su blog Saving normal varios artículos contra la nueva edición del manual de los trastornos mentales DSM-5, considerado la ‘biblia’ de la psiquiatría. ¿Por qué consideró que debía protestar?»Nunca imaginé que iba a escribir un libro. Tampoco imaginé que iba a escribir un blog. Me había jubilado y me dedicaba a disfrutar de mis nietos y la playa. Pero en una fiesta con amigos que estaban trabajando en el DSM-5, me di cuenta de que estaban muy entusiasmados con ideas bastante peligrosas si se aplican a decenas de millones de personas.»

¿Qué le desconcertó?

Iban a introducir la pena como un síntoma de la depresión. Mis olvidos propios de la vejez se convertirían en demencia, los berrinches de mis nietos en trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo y comer demasiado en trastorno por atracón.

Mis colegas no eran conscientes de las consecuencias no deseadas del nuevo manual. Estaban tan preocupados porque la psiquiatría no dejara a ningún paciente fuera de sus límites, que no prestaban atención a un problema mayor: muchas personas serían mal diagnosticadas.

Recibirían medicamentos innecesarios y un estigma que reduciría las expectativas y la confianza en sí mismas. No me gusta protagonizar controversias, pero sentí que denunciarlo era mi trabajo.

Pues ha liderado la polémica. Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos, también se desmarcó del nuevo DSM alegando que “los pacientes con una enfermedad mental merecen algo mejor”.

Tom Insel es riguroso cuando dice que los avances en biología no son suficientes para hacer diagnósticos, tal y como todos esperaban. Ahora sabemos más sobre esquizofrenia que hace 25 años, pero desconocemos qué función tienen los 108 genes recientemente descritos que están implicados en este trastorno. Quizás sea más útil estudiar uno de sus síntomas, como las alucinaciones. Hazte preguntas sencillas y encontrarás respuestas mejores.

En el libro acusa al nuevo DSM de “no hacerse las preguntas realmente importantes”. Deme un ejemplo concreto.

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es el ejemplo más claro. Antes había un 3% de población afectada. La previsión del DSM-IV, cuidadosamente elaborada, preveía cambios que provocarían un incremento de tan solo el 15% pero ahora un 30% de nuestros estudiantes universitarios y el 10% de nuestros alumnos toman medicación para el TDAH. Si yo hubiese escrito el DSM-5 me habría preguntado si tal incremento tiene sentido. La gente no cambia, la naturaleza humana es la misma. Lo que varía son las etiquetas. El manual debería advertir sobre el peligro de sobrediagnosticar, pero la nueva edición amplió las definiciones para que se pueda tratar con mayor rapidez a más gente. En lugar de curar un problema, lo agrava.

¿Entona su parte de mea culpa como coordinador de la edición anterior?

Me sentí culpable por el DSM-IV. Aunque trabajamos duro para prevenir la inflación diagnóstica, no fuimos capaces de predecir tres nuevas falsas epidemias de trastornos mentales infantiles: TDAH, trastorno bipolar y autismo.No nos anticipamos al posible mal uso del manual, que escribimos cuidadosamente.

¿Los niños son las principales víctimas del nuevo DSM?

Si quieres saber qué niño tiene TDAH el mejor predictor es la fecha de nacimiento. Resulta que los niños nacidos en diciembre tienen un 70% más de probabilidades de ser diagnosticados con TDAH que sus compañeros de clase nacidos en enero, que son más mayores. Es un error, no deberíamos tildar de enfermedad la inmadurez normal de un niño. El análisis clínico debe ser más específico y muy cuidadoso, porque puede mejorar la vida de una persona y hacerla sentir comprendida. Un mal diagnóstico la condena y paraliza.

El coordinador del DSM 5, David Kupfer, comentó a Sinc que las críticas entorno al nuevo manual son “inevitables”.

Yo coordiné el DSM-IV y no hubo críticas.

¿Absolutamente ni una?

Los trabajadores sociales nos hicieron alguna crítica porque decían que la nueva edición del manual era demasiado biológica. Pero en general no hubo pegas porque no teníamos grandes ambiciones, queríamos estabilizar el sistema y restringir el crecimiento de la inflación diagnóstica. En cambio, el DSM-5 comenzó con grandes metas: identificar biomarcadores de dolencias psiquiátricas, evaluaciones dimensionales para calcular la severidad y ampliar la detección precoz. El estado actual de la ciencia no lo permite porque aún no tenemos suficientes evidencias.

¿Todavía es demasiado pronto para aplicar los hallazgos de la neurociencia a la psiquiatría actual?

Se invierte demasiado dinero en la investigación biológica y no lo suficiente en la psicólogica y social. Lo único que hemos aprendido en 30 años es que podemos descubrir muchas cosas sobre el funcionamiento del cerebro, pero traducirlo para mejorar la práctica clínica es muy difícil. A día de hoy no creo que ningún paciente que se haya beneficiado de los avances en neurociencia. No hay nada más excitante que los descubrimientos en neurobiología y genética, pero aún no han ayudado a ningún paciente. Necesitamos ayudar a la gente ahora, en vez de prestar tanta atención a las promesas de un futuro lejano.

¿Qué le parecen los 100 millones de dólares del presupuesto 2014 que ha destinado Obama al proyecto BRAIN para cartografiar el cerebro humano?

Cualquier proyecto que intente entender cómo funciona nuestro cerebro es muy valioso, pero no debería promocionarse a bombo y platillo. La tecnología y las promesas del futuro no tendrían que despistarnos. El 5% de la población sufre un trastorno mental grave, con síntomas incapacitantes que afectan a todos los aspectos de la vida y persisten en el tiempo. Lo terrible es que, mientras estas personas no están recibiendo un tratamiento suficiente, hay mucha gente sobremedicada. Las estadísticas dicen que una cuarta parte de la población tiene una enfermedad mental, pero la cifra me parece exagerada. España es un buen ejemplo.

¿En España también hay sobremedicación?

Tenéis una tasa de desempleo del 25%, los jóvenes que se gradúan en la universidad no saben si tendrán trabajo, los jubilados sufren por sus pensiones… Es normal que estas personas se angustien y estén tristes. Es una reacción normal de la condición humana.

Y esto no lo arregla una pastilla.

Los españoles estarías mejor si durmieseis un poco más e hicierais más ejercicio [sonríe]. ¡Aquí la gente no duerme!

También bebemos mucho.

Quizás también deberíais beber menos. Hay que proteger a la gente de tomar una pastilla para cada problema. La solución de muchos conflictos dependen más de la resiliencia humana, del apoyo de la familia, del tiempo, de la psicoterapia… Todo esto puede ser mucho más útil para vuestros problemas que tomaros una pastilla. Y la actividad física. Y las horas de sueño. Y, sí, tal vez beber menos [ríe a carcajadas].

Fuente: http://www.argenpress.info/2014/09/allen-frances-autor-de-somos-todos.html

Núria Jar es periodista especializada en ciencia y tecnología. Colaboradora de SINC.

¿Que tal educar en lugar de medicar?

Jerome Kagan ha hecho unas interesantes reflexiones en «Der Spiegel». Este ex profesor de Harvard es considerado uno de los más importantes psicólogos en el campo de la psicología evolutiva en el SXX y es autor de«Psychology´s Ghost»  un libro que analiza la crisis de la psicología.

Kagan denuncia la medicalización y la psicologización de conductas hasta hace poco «normales» en el curso de la vida, fenómeno oportunamente aprovechado por la industria farmacéutica.

Hay, dice, una continua invención de síndromes y enfermedades desde los trastornos sexuales varios hasta remedios contra la timidez o la depresión.

Kagan se refiere  sobre todo a  niños y adolescentes que han sido declarados «enfermos» ante mínimos problemas de conducta o aprendizaje.

Después de 50 años estudiando el desarrollo psicológico infantil concluye que algo no funciona bien cuando en los años ´60 la prevalencia de trastornos mentales infantiles en USA era muy baja y hoy es de 1 d cada 8 niños pero, agrega, se trata de un problema de diagnóstico.

Hace 50 años un niño que se distraía o no rendía era catalogado de «vago» hoy su maestro lo diagnostica, a priori, como «TDAH» y exige a los padres que consulten al pediatra (que no al psiquiatra o psicólogo infantil) para medicarlo con metilfedinato – la generación «Ritalin»-.

«El 90% de los 5.4 millones de niños diagnósticados como TDAH en USA no tienen un trastorno del metabolismo de la dopamina; los médicos tienen el medicamento e «inventan» el trastorno» afirma.
Pero,

¿Qué es un trastorno psíquico?

Si entrevistamos a niños y adolescentes entre 12 y 19 años utilizando los protocolos habituales, es probable que clasifiquemos hasta un 40% de ellos como «hiperkinéticos»o «depresivos». Pero si se indaga más en su estilo de vida, si se le pregunta por sus intereses y relaciones el porcentaje baja hasta el 8%.
Por lo tanto, es ridículo dice el Dr. Kagan, tratar como «enfermo» al niño o adolescente normalmente ansioso o depresivo, con temores al cambio o desmotivado en una escuela que no lo estimula o desorientado sobre qué estudiar en una sociedad en crisis como la actual.

«La tristeza y el temor son parte de la vida misma, lo mismo que el enojo o la frustración». Tratar estos sentimientos como patológicos significa solo una gran negocio sostenido por la industria y los psiquiatras e investigadores que trabajan para ella.
El efecto no es solo una medicalización excesiva sino un estigma social y una etiqueta que marca la historia de esa persona y con frecuencia tiene un efecto paralizante. Tema aparte para la «depresión y la bipolaridad» infantiles.

Todo comenzó-dice- cuando un grupo de médicos en Massachussets empezó a diagnosticar como «bipolares» a los niños que tenían rabietas, los laboratorios reaccionaron con entusiasmo porque los fármacos contra este tipo de trastornos son caros y así creció la tendencia de la mano de fuertes campañas de publicidad en congresos médicos y propaganda disfrazada de «divulgación».

Según el psicólogo, «ocurre como en el SXV, cuando la gente creía que uno podía estar poseído por el demonio, hoy el exorcista es el médico que ha recibido algún visitador de laboratorio; los médicos son falibles más allá de su conocimiento, pensemos sino en Egas Moniz que se dedicó a cortar los lóbulos frontales de los esquizofrénicos porque creía que así los curaría…y recibió el Premio Nobel en 1949. Ahora, los niños diagnosticados como TDAH o bipolaridad son sujetos a dramáticos cambios en el metabolismo de sus neurotransmisores.»

«Es la historia de la humanidad: aquellos que tienen la autoridad creen que están haciendo lo correcto y dañan a aquellos que no pueden decidir».-

¿Hay alguna alternativa a la medicación en caso de problemas-reales-de conducta? La educación, la tutoría, el seguimiento ¿Que tal tutorizar en lugar de la pildora?

Todo esto no quiere decir frivolizar los trastornos mentales. Claro que hay gente que sufre de esquizofrenia y dice escuchar la voz de su tatarabuelo, es gente que está mentalmente enferma y necesita ayuda. Una persona que se compra dos coches en un día y al día siguiente no puede salir de la cama tiene un trastorno bipolar o aquel que no puede comer en un restaurant porque siente que todos lo miran puede que tenga una neurosis fóbica.

Puede que el origen de su trastorno sean factores prenatales o vulnerabilidades del cerebro. Pero puede que haya causas sociales como la pobreza, o de la historia personal,  pérdidas, traumas. Los síntomas pueden parecer similares pero las causas son distintas. Los psiquiatras debieran volver a preguntar para hacer diagnóstico, buscar cuál es la causa.

Los estudios epidemiológicos dicen que 1 de 4 personas es un enfermo mental.El Centro para control y prevención de enfermedades en Atlanta anunció recientemente que 1 de cada 88 niños americanos tiene autismo.

«Esto es absurdo. Significa que los psiquiatras están llamando «autista» a casi cualquier niño que es socialmente raro o difícil».

«Hace 60 años cuando me inicié en esta profesión pensaba que las circunstancias familiares eran cruciales para tener una vida exitosa, que si ayudábamos a los padres a hacer mejor su trabajo podríamos resolver todos esos problemas, por eso me dediqué a la psicología infantil . No reconocía la existencia de otras fuerzas como la cultura, el nivel social o incluso la neurobiología. Hoy en día ya no pienso igual pero me siento triste por lo que pasa y tal vez un poco avergonzado».

Fuente: http://www.spiegel.de/international/world/child-psychologist-jerome-kagan-on-overprescibing-drugs-to-children-a-847500-2.html

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Jerome Kagan identifica cuatro problemas en la psicología contemporánea:

1) La indiferencia hacia el «setting» en el que se realizan las observaciones: edad, clase social, nivel educativo y su relación con los protocolos que se administran para buscar la «evidencia»: cuestiona por ejemplo que respuestas similares signifiquen estados psicológicos similares.

2) El hábito de basar las inferencias en causas simples más que en grupos a pesar de que una conducta puede ser el resultado de múltiples factores relacionados.

3) La definición de la enfermedad mental por síntomas independientemente de su origen

4) El tratamiento de elección basado en psicofármacos y formas de terapia que no son específicos para cada cuadro clínico.

Plantea así una discusión que debiera inspirar el debate necesario en esta disciplina .-