Relaciones que enferman: el caso Constance Lloyd Wilde

“Prepárate para una asombrosa noticia, estoy prometida a Oscar Wilde y me siento absoluta y locamente feliz”  Carta de Constance a su hermano Otho

Constance LLoyd nació en Dublín el 2 de Enero de 1859, en el seno de una familia de abogados. Mitad inglesa y mitad irlandesa, conocerá a Oscar Wilde en 1879 en una reunión organizada por  la madre de este, la poetisa irlandesa Jane Speranza Wilde

Constance, era una joven sensible, de exuberante belleza, llamativa cabellera de color castaño y rasgos muy delicados;  leía a los clásicos italianos y franceses en su lengua original, tocaba el piano y estudiaba a Shakespeare y Keats.

A pesar de pertenecer a una familia acomodada que,  sin ser aristocrática, gozaba de gran respeto social en los más altos niveles de la sociedad victoriana, no desdeñó la posibilidad de utilizar sus conocimientos y su talento para fines prácticos dando conferencias y escribiendo.

Su historia personal está marcada por la temprana muerte de su padre, consejero de la reina (1874), que tendrá en ella un efecto demoledor.  Su madre, Ada Atkinson Lloyd,  se ensaña con su hija haciéndola objeto de insultos, amenazas y golpes y convierte su desinterés en la maternidad en franca violencia.

Su hermano Otho recordará más tarde los “continuos desaires en privado y sarcasmos y groserías en público” a los que se vio sujeta Constance, hasta llegar a la violencia física en la que se incluían “amenazas con los morrillos de la chimenea y golpes en la cabeza contra la pared”. Es imposible que una adolescente pasara por esto sin afectar profundamente su personalidad.

Luego desarrollará una timidez patológica y una tendencia a la irritabilidad y al malhumor; el daño no será solo emocional sino que la violencia física influirá también  en su salud.

A pesar de estas tempranas dificultades, Constance se interesa por la filosofía y el Esteticismo entendido no como una moda sino como una declaración de principios. Al buscar la comodidad para la mujer, los estetas manifestaban también un ansia de liberación que iba más allá del bienestar físico; en la liberación del corsé y los miriñaques, 100 años antes que se quemaran los corpiños, se veía a las mujeres como capaces de  disfrutar de su cuerpo, llevar adelante una carrera personal  y tener derecho al voto.

Hasta 1882, todas la mujeres casadas estaban subordinadas al marido y las propiedades y derechos que pudieran poseer antes del matrimonio pasaban a su dominio, pero ese año la Married Women`s Property Act (Ley de mujeres casadas) marca una revolución en los derechos de la mujer, ya que por primera vez se permite que una mujer casada tenga a derecho a propiedades y cuentas bancarias propias  y a poner demandas sin la intervención del esposo.

Constance se beneficiará de ese cambio al poder preservar su fortuna de la debacle económica de Wilde y participará activamente en esta tendencia, pero  no podrá sustraerse al rol tradicional de la mujer como sostén moral y afectivo de su pareja y columna vertebral de la familia.

Por su parte, Oscar Wilde es ya un poeta y crítico famoso. Egresado  de Oxford alterna su tiempo escribiendo y dando conferencias en Dublin, Londres, Edimburgo y New York. Su aspecto es llamativo: alto,  pelo largo y ropa

bohemia: pantalones claros, chalecos de colores, corbata de seda blanca, guantes lavanda y flores extravagantes  en el ojal.

Entre ellos saltan chispas y Constance, que había sido cruelmente reprimida, primero por su madre y luego por su tía paterna, convierte a Wilde en objeto de un amor idealizado. Al casarse, en mayo de 1884 -con un vestido diseñado por Wilde- entrará en el mundo de la fama y participará activamente de la imagen que él quería dar.

Se suceden las notas sociales en revistas de moda y los eventos públicos y privados en los que,  a menudo, la pareja se ponía de acuerdo para vestir a juego en  lo que podríamos denominar “una  audaz estrategia de marketing personal”.

No obstante, no es posible afirmar que el casamiento obedeciese a alguna cuestión puramente económica o publicitaria. Todo parece indicar que existía un fuerte vínculo entre ellos y que Wilde estaba convencido de que era capaz de ser un un buen marido. Pasaba por alto que su estilo narcicista lo llevaría a estar mucho tiempo alejado de su casa en compañía de grupos de jóvenes admiradores y frecuentando otros estratos sociales menos glamourosos.

No obstante, la imagen que proyectaban en público en los comienzos de su matrimonio y hasta unos años después, era de coincidencia de objetivos y una fuerte complicidad. La rápida llegada de los hijos- Cyril en 1885 y Vivvian en 1886- marcan el comienzo de la separación de la pareja. Oscar no soporta los cambios físicos que los embarazos provocan en su esposa y el contacto íntimo desaparece.

Constance sigue siendo la misma mujer callada, de carácter fuerte y responsable de su imagen social y Oscar sigue cumpliendo con sus deberes como padre y  queriendo a su mujer…pero a la distancia.

Aún en 1893, cuando Lord Alfred Douglas- ese joven atractivo, caprichoso y arbitrario-  domina  ya la vida de Oscar, Constance continúa creyendo que la conducta sexual de su marido es “normal” y que duerme en hoteles caros alejado de su hogar en Chelsea,  porque necesita tiempo y tranquilidad para escribir.

Quizás, en el fondo, quiere mantener la lógica victoriana en la que dos hijos son suficiente muestra de su heterosexualidad.

Su actitud hacia los gastos desmesurados de su marido propiciados por Douglas y la reiterada presencia de éste en su casa, es difícil de evaluar si analizamos la contradicción entre las cartas de Douglas y los escritos de Wilde.

Todavía en 1894, a raíz de las dificultades financieras de su marido, Constance se lanzará a publicar Oscariana (1895), una selección de aforismos sacados de las obras de Wilde. La obra es publicada por Arthur Lee Humphreys, con quién al parecer, tendrá una relación sentimental, quizás en un intento de volver a sentirse cuidada y querida.

Pese a su juventud, hace tiempo que la salud de Constance se ha resentido. A su debilidad congénita se agregan dolores de cabeza, espalda, brazos, piernas y cara. Esa “neuralgia”, como ella la denomina -y que hoy se diagnosticaría posiblemente como “fibromialgia”- avanza hacia una parálisis intermitente de brazo y pierna derechos, como consecuencia de una caída de una escalera en su residencia de Tite Street.

En 1895, cuando ya el escándalo ha estallado, se somete a una operación que le ocasiona poco alivio e intenta compaginar su sufrimiento físico con sus deberes legales y las demandas afectivas de sus hijos durante el juicio a Wilde.

Posteriormente, se radicará en Suiza, cambiará su apellido y el  de sus hijos por Holland y buscará rehacer su vida, pero morirá en 1898 a los 40 años, como consecuencia de una segunda operación de la espina dorsal (o quizás tumores uterinos, este tema nunca se aclaró debido a que ella mantuvo la operación en secreto).

¿Por qué Constance nunca se divorció y siguió sintiéndose orgullosa de los dones literarios de Oscar y sufragando sus gastos  a pesar de toda la tragedia que le trajo esa relación?

Quizás tenga que ver con su incapacidad de asumir su enojo,  su frustración, su depresión  y la contradicción entre sus sentimientos y emociones por un lado y sus convicciones morales y sociales por otro. Sus problemas físicos crónicos aparecen como una metáfora de  los duelos  por la pérdida de relaciones significativas de su vida, primero su padre, luego su madre y por último su marido.

Su enorme capacidad de resiliencia – sostenida en su lema Qui patitut vincit: Quien sabe sufrir, triunfa-  no podrá  evitar el aborto de su proyecto de vida personal lleno de posibilidades y el vuelco trágico que la transformará en una víctima más de la doble moral victoriana.-

Para saber más:

Moyle, Franny : “Constance, la trágica y atormentada vida de la esposa de                                              Oscar Wilde“. Ed Circe, Barcelona, 2013

Ellmann, Richard: “Oscar Wilde“, Ed Edhasa, Barcelona, 1990

Anne Clark Amor: ” Mrs. Oscar Wilde: A Woman of Some Importance (1983)

Joyce Bentley:         “The Importance of Being Constance” (1983).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s