“Selfies” en un funeral ¿Duelo o narcicismo?

Un selfie es una autofoto que se efectúa con el móvil para luego colgarla en plataformas como Instagram o en redes sociales.

Según un reciente estudio llevado a cabo en Estados Unidos por PicMonkey y Harris Poll, el 47% de los adultos admite hacerse con frecuencia autorretratos con su teléfono móvil, un porcentaje que pega un brinco hasta llegar al 78% en el caso de los millenials, no en vano el 10% de este grupo admite hacerse al menos una “selfie” a diario.

Hace poco las redes ardieron con el selfie de Obama, David Cameron y Helle Thorning-Schmidt en el funeral de Nelson Mandela;  la secuencia de imágenes de los tres políticos tuvo un gran impacto en los medios y en las redes sociales, debido a que se consideró que era un momento que requería solemnidad y que ese juego estaba fuera de lugar.

El 2 de Febrero pasado falleció el actor Phillips Seymour Hoffman y, una vez más,  las redes sociales se llenaron de mensajes de pena y condolencias no solo de famosos sino de usuarios habituales de la red.

Por otra parte, ya no es raro encontrar en  Facebook, Instagram, Twitter o Tumblr selfies de adolescente con cara compungida (o no) en el medio de un funeral. Las imágenes suelen tener hashtag como #funeral, #abuelo, #diatriste, a veces acompañadas de textos aclaratorios.

 Se  trata de analizar si esta sociedad no estará fracasando en la forma en que trata la muerte y si estos adolescentes no serán el ejemplo más claro de como Internet nos ha distanciado de nuestras emociones y sentimientos humanos al punto de no detectar que significa morir, como si todo se redujera a CTRL-SHIFT-T. Otros consideran que se trata de un intento inmaduro pero conmovedor de compartir la pena y de intentar que le importe a alguien ahí fuera.

Preguntamos por estas cuestiones a  Enric Soler, psicólogo especializado en tratamiento del duelo:

¿ Qué lugar ocupa la social media en el proceso de duelo para la generación Y (nativa de internet)?

 Es evidente que la social media ha aportado un nuevo modo de comunicarnos, y no es ninguna novedad que en el proceso de adaptación a la pérdida, la comunicación es una de las herramientas más útiles, por no decir la principal. 

Por lo tanto no hay que extrañarse de que Internet esté cada vez más presente en  nuevas formas de abordar la cicatrización de una pérdida pero que en realidad obedecen a las necesidades psicológicas y emocionales de siempre.

En definitiva, las redes sociales no son más que un medio para relacionarse con los demás, pero lo que realmente importa es la autenticidad de la relación.

Pienso que la social media va a tener el lugar que cada persona elija; será la forma cómo elijamos utilizar las TIC en la elaboración de nuestros duelos la que determinará la utilidad funcional en el proceso de adaptación a la pérdida.

Los profesionales de la atención al duelo quizás podamos temer que la irrupción de las TIC  aumenten los factores de riesgo de complicaciones en los duelos. Pero personalmente pienso que esa sensación viene motivada por la fragilidad de los vínculos de apego que presenta la sociedad actualmente. Zygmun Bauman nos advierte de los peligros de la sociedad líquida, caracterizada por vínculos que carecen de la mas mínima solidez. La capacidad de cada uno de poder establecer vínculos de apego seguros es un factor decisivo para poder elegir y aceptar relaciones de ayuda efectivas. En los procesos de duelo es fundamental la calidad del soporte recibido.

Una persona puede tener 1500 amigos en Facebook, pero ¿de cuántos de ellos siente la seguridad que va a poder recibir una ayuda eficaz en caso estar sufriendo un tremendo malestar emocional?.  El problema radica en que en una sociedad líquida las personas tienen dificultades para establecer vínculos de apego seguro, a la vez que se tiende a evitar el compromiso con el prójimo, especialmente cuando sufre.

¿ Se trataría entonces solo de otro canal de comunicación del mensaje ?

Sí, los seres humanos necesitamos expresar nuestro sufrimiento emocional, aún sin esperar una confirmación explícita de que los demás han recibido nuestro mensaje. Damos por hecho que nuestro sufrimiento llega a mucha gente de la que se supone que nos reconoce y legitima nuestro dolor.

Algo similar ocurre con los ramos de flores que los familiares de un fallecido por accidente colocan en la carretera, los cuales simbolizan que en un determinado punto geográfico alguien perdió su vida, y sus seres queridos nos transmiten su aflicción. El ramo de flores en la carretera es un mensaje que nos induce a sentir un respeto por el dolor de esa familia de desconocidos, o quizás nos permita conectar con nuestra propia muerte: Así como ha muerto otro en este punto de la carretera podría morir yo mismo que estoy conduciendo con ella. Mediante este proceso de identificación conduzco con más cuidado, de forma que esa muerte adquiere un sentido.

Por supuesto, el comunicado de la muerte de un ser querido en la red  también tiene una función notificadora, como las cada vez menos usadas esquelas de los periódicos.

De este modo el entorno del doliente “actualiza” el estado de la identidad de éste. Por ejemplo: Mi amigo X estaba casado y ahora es viudo. Cuando coincida con él no meteré la pata preguntándole por su mujer; en todo caso le preguntaré por cómo se siente tras la pérdida, ofreciéndole una oportunidad de expresar lo que le ha ocurrido, ayudándole así a integrar su pérdida. 

¿Habría diferencia entre esto y compartir nacimientos, cambios de trabajo, viajes o casamientos?

Una muerte, del mismo modo que un nacimiento, define un cambio de ciclo vital en la familia. Son acontecimientos importantes que merecen ser compartidos con el contexto social inmediato. La diferencia radica en la emoción asociada a cada suceso. En nuestra cultura  está claro que es mucho más complicado compartir lo doloroso que lo que nos produce alegría. 

En otro orden de cosas cabe considerar dónde y cómo se comparte un evento de la vida personal. Si nos hemos acostumbrado a colgar en Internet cualquier banalidad, como la fotografía de la tortilla de patatas que comimos anoche, resulta chocante que demos el mismo tratamiento a algo tan trascendente como la muerte de un ser querido.

¿ Que lugar ocupa el compartir la experiencia de pérdida en el proceso de duelo normal?

Es realmente imprescindible compartir la pérdida. La gestión de la desaparición de un vínculo afectivo por una muerte no es tarea fácil, de modo que no es posible adaptarse de inmediato. Los sentimientos de los humanos no son como un interruptor que se puede poner en posición on/off en un segundo. Es por ello que para empezar esa adaptación necesitamos que nuestro entorno nos reconozca la nueva situación tras la pérdida. Si en algo coinciden todas las culturas es en la necesidad de organizar un ritual en el que participan los allegados a los dolientes. El ritual funerario tiene la función de ayudar al doliente a empezar un proceso emocional de adaptación.

¿Podemos hablar de una nueva forma de “luto”  similar a la época en que vestirse de negro era una señal social de duelo?

Aunque en estos momentos nos parezca anacrónico vestir de negro, en su momento fue un recurso muy útil en la elaboración del duelo. La persona que se vestía de negro estaba comunicando a su entorno que acababa de perder a alguien querido. Todo aquél que se cruzara en su camino identificaba esta señal y, lógicamente, se interesaba por lo ocurrido. A partir de aquí, la persona en duelo tenía múltiples oportunidades de ventilar sus emociones y recibir consuelo.

Cuanto más se relata la experiencia de pérdida mejor se integra ésta porque comunicarse con los demás y compartir los sentimientos hace que la nueva vida sin el ser querido sea un poco más llevadera.

Ahora, con las redes sociales es posible expresar a multitud de personas, de forma asíncrona, no presencial y de una sola vez el dolor por la pérdida, pero no es posible hacerlo reiteradas veces durante el proceso de duelo ni recibir un sincero abrazo de consuelo, ni percibir la emoción contagiada de un auténtico “te acompaño en el sentimiento”. Por lo tanto, no creo que sea tan útil ni efectivo como el luto en el vestir, aunque me temo que no tenemos muchas opciones alternativas.

¿ En este sentido, las social media trivializan o ayudan al duelo normal? ¿Cual es la experiencia de redes sociales temáticas o verticales como Duelia?”

Insisto en que las social media tendrán una función adaptativa o desadaptativa según el uso que cada uno le quiera o pueda dar. Nunca hasta ahora había sido posible conectar de una forma sencilla con otras personas que se encuentran en una situación parecida  hasta la aparición de redes sociales como Duelia. Quizás la única forma de conseguirlo había sido a través de un grupo de ayuda mutua promovido por un profesional.

Por muy experto en la atención al duelo que sea un psicoterapeuta, nunca va a poder prestar el apoyo que se pueden brindar personas que han vivido una determinada experiencia de pérdida. Pongamos, por ejemplo, el caso de la muerte de un hijo. Nadie más que quién lo ha experimentado conoce la magnitud de ese dolor, y puede ser un gran soporte conectar con personas que el o la doliente percibe como más cercanas por haber sentido en sus propias carnes ese tipo de pérdida. Para aquél que tiene su duelo más elaborado también resulta gratificante poder ayudar al prójimo porque permite darle un sentido a la propia pérdida, a la vez que obtiene un gratificante sentimiento de su conducta altruista.

Otro de los potenciales de redes sociales especializadas en duelo como Duelia es la posibilidad de conectar con profesionales muy especializados que quizás de otro modo sería más complicado localizarlos para formularles una demanda de ayuda psicoterapéutica. Más difícil todavía sería conectar con ellos para una consulta puntual.

El peligro en este tipo de redes sociales, como siempre, está en los usos inadecuados. Uno de ellos sería, por ejemplo, que un usuario aproveche el anonimato para proyectar su rabia contra otras personas en duelo sin encontrar una forma sana de expresarla y haciendo daño los demás. Es por ello que se hace imprescindible la labor de un equipo de profesionales expertos que moderen este tipo de actitudes y que al mismo tiempo promuevan actividades saludables como es el caso de Duelia.

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Actualmente, hay unos 30 millones de perfiles en Facebook pertenecientes a personas que han fallecido y  existe la posibilidad de transformar el perfil de alguien en una suerte de in memorian con reglas claras acerca de quién administra o hereda el sitio.

La Web está influyendo en  la memoria y en la reminiscencia así como también está haciendo algo bastante audaz como es recordarnos nuestra mortalidad, -quizás mucho más que en el pasado- en ese amigo al que nunca llegamos a conocer y cuyo muro se mantiene inquietantemente quieto.-

Fuentes: http://www.smh.com.au/comment/selfies-at-funerals-why-its-ok-to-mourn-on-social-media-20131104-2wvqj.html#ixzz2sSwDHPhR

http://www.huffingtonpost.com/2012/12/07/death-facebook-dead-profiles_n_2245397.html

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