10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental, recordando a la antipsiquiatría

Residentes de Kingsley Hall-1965- Foto de Dorothee von Grieff

En 1965,  el inconformista dr. en psiquiatría Richard D.Laing abre un centro de tratamiento  que revolucionaría el campo de la salud mental sobre la idea de que  el trastorno mental es “una respuesta perfectamente racional a un mundo perfectamente irracional”

Después de servir como médico en el ejercito y recibir formación en la Tavistock Clinic en Londres, funda la Philadelphia Association con un grupo de colegas que desafiaban los modos tradicionales de entender el sufrimiento mental y emocional.

Queremos cambiar la visión que se tiene de lo que es y lo que no es enfermedad mental decían en su manifiesto, “Esto es mucho más que una nueva hipótesis dentro del extenso campo de la investigación en psiquiatría, lo que proponemos es un cambio de modelo”.

Desde 1965 hasta 1970 mientras florecía el hippismo, una comunidad terapéutica abrió sus puertas en Powis Road en el East End de Londres para experimentar lo que -rápidamente- fue bautizado con el nombre de ““antipsiquiatría”.

“Nos hemos instalado en Kingsley Hall “, escribió Laing a su colega Joe Berke, cuando tuvo asegurado los primeros dos años de alquiler.

“Los pacientes vendrán en las próximas dos o tres semanas, doy por descontado que se lo comunicaras a los demás.” “Los demás”,  eran otros psiquiatras que compartían con Laing su filosofía y visión sobre que era “enfermedad” y quienes eran los psiquiatras y quienes los pacientes.

A instancias de Laing una casa enorme se transformó en un “Asilo” en el sentido griego del término: un refugio, un espacio seguro para psicóticos y esquizofrénicos donde no había ni puertas cerradas, ni cerrojos,  ni medicación antipsicótica.

Los pacientes eran libres de ir y venir por donde quisieran,  un muro pintado con símbolos orientales presidía  la sala para meditación, las sesiones terapéuticas eran maratones  con psicoterapia de grupos y técnicas de psicodrama y cambios de rol.

Los viernes por la noche se organizaban cenas con Laing como anfitrión con invitados célebres del mundo del arte, místicos o académicos, Sean Connery , amigo personal y admirador de Laing era uno de los asiduos concurrentes.

Se utilizaba el juego como terapia para regresar a momentos conflictivos de la infancia; Laing situaba en las relaciones familiares “tradicionales” el origen de la “locura”.

La primera y luego más famosa residente fue Mary Barnes que en su proceso regresivo solía pintar las paredes con heces, se alimentaba con biberón y buscaba atención a todas horas. Se transformó luego en una conocida pintora y poeta y en 1979 fue la protagonista de una obra de David Edgar.

Laing también alimentó la controversia al darle a sus internos altas dosis de LSD que era legal en ese tiempo y que -suponía- ayudaba a liberarse de los propios fantasmas.

“Era un lugar que iba con los tiempos” dice el fotógrafo Dominic Harris, quién  ha seguido y localizado a muchos de los colegas y pacientes de Laing que compartieron el turbulento, excitante y a veces trágico experimento de psicoterapia comunitaria, “Y atrajo médicos psiquiatras que desafiaban las convenciones y las etiquetas, hippies, gente que huía de los esquemas preconcebidos, gente buscándose a sí misma y al mismo tiempo seriamente comprometida a nivel mental.”.

“Era un tiempo en el que todo se cuestionaba y la gente podía ser libre de diferentes formas. Kingsley Hall se suele ver como una idea “peligrosa”hoy en el que se imponen el modelo medicalizado y psicofarmacologizado pero entonces era una parte de un cambio social más grande que cuestionaba las definiciones de familia, autoridad y enfermedad.”

Harris puso su atención en Kingsley Hall, que está justo a la vuelta de su estudio, cuando leyó el libro de Jon Ronson  : “El test psicopático: un viaje a través de la industria de la locura”http://www.jonronson.com/psycho.html, en el que Laing – que murió en 1989- aparece fugazmente. Intrigado, contactó a  Joe Berke que lo conectó con algunos ex-pacientes. Paso a paso fue localizando otros residentes de Kingsley Hall, los visitó, fotografió y entrevistó. El resultado es un libro de fotografía titulado “The residents” que incluye fotos de la casa- hoy abandonada-y testimonios de sus antiguos habitantes.

“Mucha gente- particularmente los discípulos de Laing- al principio recelaron de mis intenciones”-dice Harris- no así los pacientes que se mostraron muy colaboradores. Nunca habían podido contar sus historias acerca de su experiencia porque la mayoría de todo lo escrito ha girado siempre sobre la figura del carismático Dr. Laing. Nadie más a tenido voz, es por eso que el libro es una forma de permitir hablar a aquellos a los que se ha obviado”.

Harris ha localizado a 13 de los 139 internos de K Hall durante los cinco años que duró el proyecto, sus recuerdos del lugar son a menudo contradictorios aunque vívidos . Son en grado diverso, sobrevivientes de una etapa radical en la que todo -incluidas las definiciones de locura y por extensión de salud mental- fue re definido.

Lo que permanece es el desafío de entender el sufrimiento psíquico desde otro lugar ;  la filosofía de la “comunidad terapéutica” aún vigente en UK y en países nórdicos,  ofrece un espacio en donde personas con serias dificultades emocionales puedan encontrar un sentido en su experiencia y hacer de sus vidas algo productivo pero se enfrenta con una ideología que prepara a los profesionales de la salud mental para “normatizar” y si es posible acallar el malestar aún aquel en grado de tentativa.

Esta visión desde el pasado, impacta  fuertemente en la cultura dominante  de etiquetar, medicar y aislar al enfermo de cualquier proyecto de vida, sosteniéndolo incluso con pensiones vitalicias para permitirle “trabajar de enfermo”y que  ha sido el modelo de “salud” mental dominante en los últimos 20 años .

Es común escuchar a los familiares de enfermos cronificados y estigmatizados hablar de su “falta de motivación”, curiosa contradicción : “son” enfermos, la sociedad los visualiza y trata como tal y les paga por eso ¿Qué motivación podría haber? ¿Qué vía de escape a los efectos secundarios de los psicofármacos administrados en forma crónica, muchos años después del primer brote y cuando la crisis ha desaparecido?

Este año 2013,  la OMS ha propuesto su Plan de Acción para la Salud Mental (2013/20) En el núcleo del plan de acción se encuentra el principio mundialmente aceptado de que “no hay salud sin salud mental”.

Curiosamente, parece que en los últimos 50 años hemos estado dando vueltas en redondo, con la sospecha de que poco hemos avanzado en  este terreno. ¿Causa o consecuencia?

Fuente:http://www.guardian.co.uk/books/2012/sep/02/rd-laing-mental-health-sanity

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