¿Para que sirve el psicoanálisis?

Como decía Discépolo en «Cambalache», en estos tiempos de «Biblia contra un calefón»,  viene bien alguna reflexión crítica sobre el lugar del psicoanálisis en el «mercado» de salud  ¿es posible asociar estas dos palabras?,  porque  «quién entiende los por qué soporta los cómo».

Aquí un estupendo artículo de Felipe Muller para La Nación:

Un espacio para la verdad

En la actualidad, hay toda una serie de pretextos muy válidos para no comenzar una cura psicoanalítica ante un padecimiento psíquico.

El primero de ellos es la variedad de alternativas psicoterapéuticas que ofrecen resolver estos padecimientos en un número cada vez más acotado de sesiones.

El segundo es la existencia de una industria psicofarmacológica cada vez más afinada en tratar las dolencias del espíritu con efectos secundarios minimizados.

El tercero tiene que ver con los tiempos y los costos: el psicoanálisis y el mercado de la salud parecen incompatibles.

Pero si bien hay más razones para no empezar un psicoanálisis, hay, por otro lado, una muy buena razón para hacerlo, que explica su prevalencia en nuestra cultura: el espacio psicoanalítico es uno de los pocos espacios en nuestra sociedad que aún se ocupa de la verdad.

La verdad de la que se ocupa el psicoanálisis es la del sujeto que consulta, que se presenta al consultorio con uno o más síntomas. El síntoma (molesto para aquel que lo padece y gran enemigo de todo el sistema de salud mental) es, para el psicoanalista, la oportunidad que tiene el sujeto de saber algo de su verdad, y remitirá cuando las cuestiones de esa verdad se traten.

El primer paso que da una persona en un espacio psicoanalítico es la llegada al consultorio de la mano del síntoma. El segundo se centra en convertir ese síntoma en una «zona de ignorancia» sobre sí mismo; la persona, en ese espacio, comienza a preguntarse sobre ese síntoma. La forma general de esa pregunta es: «¿Qué tengo que ver yo con esto que padezco?». En ese momento, se ha instalado entonces esa «zona de ignorancia» sobre sí mismo que encamina al «consultante» al lugar de «analizante» y lo acerca ahora a la búsqueda de una verdad que vive en él pero que desconoce. Esa verdad propia es inconsciente.

Freud propuso cuatro formas de acceso al inconsciente para saber de esta verdad que tiene efectos determinantes en la vida de los sujetos: la transferencia, los actos fallidos, los sueños y los chistes. Así, en los equívocos al hablar, donde la mayoría de las personas descarta el acto y lo significa como carente de importancia alguna, el psicoanalista opera en un sentido opuesto. Dice que hay algo que escuchar allí, en esa interrupción del discurso del analizante; que el equívoco es una posibilidad de conocer algo de esa verdad inconsciente. Entonces, si el tercer paso que da un analizante es hablar a partir de esta pregunta sobre sí, el cuarto paso será servirse de estas vías de acceso a su propia verdad que irrumpen en el diálogo con el psicoanalista.

Esta verdad tiene menos que ver con la verdad de la ciencia, una verdad continua, que está por todos lados y que -con las virtudes de la metodología y las herramientas adecuadas- se puede descubrir. La verdad con la que trata el psicoanálisis es una verdad discontinua, que tiene, como diría Foucault, sus momentos de aparición, y lo hace en estos acontecimientos psíquicos que para el psicoanalista son vías de acceso al inconsciente. Así, esta verdad aparece como un rayo, y la relación con ella no es de descubrimiento, sino de captura.

No hay otro método terapéutico que se ocupe de las cuestiones del padecer humano que haga hincapié en la verdad del sujeto. Al contrario, las psicoterapias en general, así como la psicofarmacología, apuntan a la remisión sintomática como objetivo. Tampoco el valioso aporte de las neurociencias se ocupa de esta verdad particular, sino de aquella que se encuentra en todas las personas y que nos permite saber que, por ejemplo, determinada área del cerebro se activa cuando tenemos miedo, contribuyendo de esta manera al conocimiento general de la especie humana.

La verdad del sujeto no está disponible de manera directa, sino que requiere un proceso de captura (nunca es final, sino que se encuentra en constante desarrollo), donde esa verdad va revelándose, y consecuentemente produciendo efectos expansivos y liberadores en la subjetividad del analizante.

La irrupción de esta verdad reclama un proceso cuyo tiempo es el tiempo del sujeto mismo. Por eso, el psicoanálisis va también en sentido opuesto a los requerimientos del mercado de salud. Y quizás éste sea el punto en el cual hay que detenerse para analizar la tan promocionada mala fama del psicoanálisis, que casualmente ofrece uno de los pocos espacios en nuestra sociedad donde la cuestión de la verdad del sujeto tiene centralidad, independientemente de los tiempos ajenos. © La Nacion.

Neurociencia y subjetividad

Publicamos un post de esos que nos deja pensando y que hemos leído en el blog de Fernando Broncano:

El número de marzo de Scientific American, que será publicado en la versión española (Investigación y ciencia) ofrece un sorprendente trabajo sobre la génesis (ontogénesis y filogénesis) del cerebro humano.

Dos neurocientíficos californianos, F.H. Gage y A. R. Muotri, se plantean qué es lo que hace único al cerebro de cada persona. Incluso dos gemelos univitelinos manifiestan en su desarrollo personal notorias diferencias.

Hasta ahora, este fenómeno había apoyado a los partidarios de la influencia del medio, en particular de la experiencia en un medio cultural como una fuerza de tanta o mayor importancia que la herencia genética. El debate entre naturaleza-cultura ha sido una de las controversias más enrevesadas de la ciencia y el pensamiento contemporáneos.

Gage y Muotri, sin embargo, aportan la importancia de un tercer factor: los genes saltadores L1. Son genes que reproducen parte del genoma en otras células, en esta caso neuronas, introduciendo una variedad en ellas que no se debe ni a la cultura ni a la herencia genética.

El cerebro sorprende transformándose a sí mismo por causas endógenas que no pueden ser atribuidas a ninguna otra función externa, salvo, quizá, la importancia que puede tener la variabilidad como defensa ante probables o posibles desafíos del medio.

Cada cerebro es distinto porque ha creado su propia senda no programada ni en la genética ni en la cultura. En el viejo debate entre Piaget y Chomsky que inaugura la psicología cognitiva contemporánea, Piaget se convirtió en líder de la formación cultural del cerebro y la mente en la interacción práctica con el medio.Chomsky defendió la singularidad  de las grandes estructuras cognitivas como la gran defensa contra los posibles 1984, es decir, contra los intentos de dominio total sobre la mente desde el poder.

Ahora sabemos que la singularidad del cerebro se apoya en elementos de sorpresa que nos convierten en seres indeterminados por ninguna razón, por suerte, por fortuna.
El indeterminismo ha sido siempre el mal bicho de las pesadillas humanas. Religiones, ciencia y filosofía se han conjurado desde el inicio de la cultura para hacernos creer que nuestras vidas ya están escritas. Que no esté escrita nuestra identidad ni en los genes ni tampoco en la cultura me parece una de las ideas más sorprendentes, novedosas, no escritas en los programas culturales, de la ciencia contemporánea. Nos hace pensar que nos sorprendemos a nosotros mismos.

Fuente: http://laberintodelaidentidad.blogspot.com.es/2012/03/neurociencia-de-la-singularidad.html

Envejecer en forma activa

Europa es el continente más envejecido del mundo. Si examinamos los principales índices demográficos de principios del sXX, la esperanza de vida no llegaba a los 40 años y la fecundidad ascendía a 3,7 hijos; no más de un 5% de habitantes tenía más de 65 años.-

El ser humano es extraordinariamente permeable a los estímulos y mantiene la capacidad de aprendizaje gracias a la plasticidad neuronal, en contra de  la idea de que la persona mayor no puede aprender, prejuicio que imposibilitaba trabajar en programas de estimulación cognitiva, motriz y neuro-fisológica.

Los estudios han probado además la capacidad del adulto mayor de compensar los déficits que puedan ir surgiendo mediante el control del ambiente:casas inteligentes y adapatadas, domótica, arquitectura sostenible y adapatada, etc..

Las formas de envejecer son infinitas desde las usuales a las patológicas pasando por las óptimas, no existe «la vejez».

Esta forma de entender la vejez es la que está detrás del  concepto de «envejecimiento activo» (OMS 2002) definido como «el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad en orden a mejorar la calidad de vida de las personas que envejecen».-

Permanecer activo es poder participar en la vida de la comunidad en actividades recreativas de ocio, terapéutico, sociales, de voluntariado o remuneradas.

Es un derecho humano envejecer con dignidad y eso no implica solo asegurar sabanas limpias y acceso a medicación o techo seguro; es conservar la dignidad y la capacidad de crear el mayor tiempo posible.-

Las políticas propuestas por la OMS para potenciar el envejecimiento activo son:

1) Aumentar la protección de la salud a través de hábitos saludables que reduzcan factores de riesgo asociados a enfermedades incapacitantes.-

2) promover factores de protección de las funciones cognitivas

3) promover la inteligencia emocional y el afrontamiento positivo de las pérdidas

4) promover la participación psicosocial y el trabajo de las redes sociales.-

Las variables de personalidad asociadas a mayor percepción de calidad de vida en la vejez se relacionan con la capacidad de percibir los cambios como oportunidades, aprender  a disfrutar los cambios y mantener la motivación, la curiosidad, la elaboración del proyecto de vida.-

No se trata sólo de mantener una buena salud libre de enfermedades o de discapacidad sino también de evitar la discapacidad afectiva, psiquica y social.

La teoría del desapego, resulta nociva si la tomamos como inevitable.

En todos los casos un envejecimiento saludable comienza por la prevención; unos 20 o 25 años antes de llegar a la expectativa de vida media actual situada en los 85 años para algunas poblaciones, hemos de implementar programas de intervención que trabajen los imaginarios colectivos y la narrativa asociada a la vejez.-

Es a partir de los 50 años en los que es necesario profundizar los aspectos señalados: estímulos cognitivos, reelaboración de proyectos, estimulación emocional, sociabilidad y participación social a fín de llegar a las edades más avanzadas con nuevas fortalezas.-

Este punto de vista no sólo es positivo y «humano» sino además económicamente rentable en tanto disminuye las prestaciones por discapacidades que podrían haberse retardado o en muchos casos evitado.-

El lema es : Vivir mientras la vida valga más que la muerte.-

bibliografía.

Fernández -Ballesteros R: «Psicología del envejecimiento: crecimiento y declive2 (1996) UAM

OMS 2002 : Active aging Ginebra WHO

Argyle, M (2001) «The psychology of happiness»

Los beneficios de la tristeza: ¿Por qué los evitamos?

Henri Cartier Bresson

Reflexiones de un médico budista.-

by Alex Lickerman MD

El otro día, mi hijo de casi cuatro años me dijo :»Papi, estoy triste».

«Por qué», le pregunté

Se encogió de hombros, sin saber el mismo que contestar.

«¿Es porque tienes que ir a la escuela?»

El asintió con un suave movimiento de cabeza

¿»Te gustaría quedarte en casa y jugar conmigo y con mamá?»

Asintió de nuevo con fuerza….

«Quizás no es que no quieras ir al cole», le dije, «pero  tienes más ganas de quedarte en casa y jugar.»

El asintió por tercera vez. «Sí!»

«Pero en la escuela puedes jugar con tus amigos», le recordé, «me parece que estás muyyy mimosoooo hoy!»

Su cara se iluminó: «Síii!».

Ojalá fuera tan fácil hacer desaparecer la tristeza cuando uno es un adulto.

Aunque la palabra «depresión» reemplaza muchas veces a  la palabra  «tristeza» para llamar a como nos sentimos cuando las cosas no van como deseamos o cuando perdemos algo que nos es valioso , son dos cosas muy distintas.

La depresión describe  una serie de síntomas que suelen aparecer juntos: estado de ánimo depresivo, incapacidad de sentir placer con actividades placenteras, trastornos del sueño,  falta de energía, problemas de concentración y puede que pensamientos suicidas.

La tristeza por su parte, puede indicar un estado de ánimo depresivo pero se siente en una forma que casi no altera el día a día.

La tristeza puede ser agridulce cuando recordamos alguna pérdida, pero al mismo tiempo suele haber  cosas asociadas que nos han hecho felices.

La tristeza es una respuesta normal a una herida que está destinada a sanar (cosa que por supuesto depende de cada uno, aquello que no sana en mí, puede sanar en tí en cuestión de semanas). Mientras que la depresión no tiene «otra cara más amable» en la que pueda pensar, como a menudo pasa con la tristeza.

La tristeza nos hace amar más lo que hemos perdido., nos hace más sensibles, más empáticos y compasivos hacia aquellos que están pasando por lo mismo que nosotros.

Nos permite conectar con otros al pedir  su apoyo y estar dispuestos a devolver el favor en caso de que sea necesario.  Nos hace valorar el «antes de» y esperar el «después de».

La mayoría de nosotros evitaríamos sentirnos tristes si puediéramos, pero eso sería un error.

Suprimir los sentimientos displacenteros porque tenemos miedo a la pena solo conduce a más pena en el futuro,  como resultado de los pasos en falso que damos para evitarla (por ejemplo abuso de fármacos) o por acumular pérdidas no «penadas», que finalmente estallan.

Muchos psicólogos saben cuál es el costo de bloquear una legítima tristeza en lugar de permitirle seguir su curso hasta su fín. Porque en mi experiencia, termina; el principal efecto de sentir tristeza es catártico. ¿Por qué lloramos en definitiva? pues para sentirnos mejor.

Cuando sufrimos una derrota, la tristeza puede representar el puente que debemos cruzar para llegar a nuestra felicidad. Es cierto que la pena y la tristeza pueden prolongarse  y desarrollar una depresión descomunal, pero las estadísticas indican que la mayoría de nosotros cuando sufrimos una pérdida, sentimos pena un tiempo y luego continuamos con nuestras vidas, Somos mucho más resilientes de lo que pensamos.

Si escribo esto es porque últimamente he estado triste. Alguien que quiero no ha estado muy bien y no hay nada que pueda hacer al respecto.

Desgraciadamente, en la vida hay cosas que no podemos componer como quisiéramos y cuando esto pasa es…triste. Por eso, al no ser capaz de hacer nada más, tolero mi tristeza. Me ayuda a valorar  que puede ser que la tristeza saque lo mejor de mí. Y por eso, estoy agradecido, solo desearía que, en este caso, no se debiera al  sufrimiento de  un otro.

El libro del Dr. Lickerman The Undefeated Mind  se publicará a finales del 2012.

Fuente: http://www.psychologytoday.com/blog/happiness-in-world/201203/the-benefit-sadness

traducción : Raquel Ferrari