Psicología de la ceguera

“Cuando me puse el antifaz por primera vez sentí pavor”

Belen Rueda (actriz) (protagonista de Los ojos de Julia)

Cuando me anunciaron que el restaurant elegido para la cena era “Dans le Noir” no me alegré: es más pasé revista a una lista de excusas probables para no ir. Luego lo tomé como una oportunidad de explorar  una  experiencia, pero las primeras emociones tuvieron que ver claramente con el miedo a lo desconocido.

Como soy hija de la racionalidad, lo primero que hice fue documentarme como forma de calmar mi ansiedad.  Resulta que la idea no es nueva, el primer restaurante “oscuro” surgió en los `90 en Zurich. Todo comenzó en la exposición Dialog-im-Dunkeln (Diálogo en la oscuridad) que tuvo lugar de Febrero a Abril de 1998; el clérigo ciego alemán Jürg Spielmann conoció allí al psicólogo Stefan Zappa y comenzaron a pensar en el diseño de un espacio en el que la ausencia de luz fuese la esencia. El dinero surgió de un crédito para una asociación de invidentes y personas con distintas deficiencias visuales, finalmente el Blindekuh (Vaca ciega) fue inaugurado en Zürich en el 2000.

Con el tiempo se ha creado una tendencia y actualmente existen restaurantes de este tipo en USA (Cadena Opaque), América y resto de Europa (Cadena Dans le Noir).

¿Que pasó en Dans le Noir?, nos explicaron el comportamiento a seguir respecto de nuestros guías invidentes, qué hacer y qué no hacer y comentaron que la ausencia de visión nos permitiría agudizar otros sentidos como el oido, el gusto o el olfato.

Pasar de la visión a la total oscuridad resultó menos complicado de lo que pensaba, la primera impresión tuvo que ver con la orientación espacial, ubicar los límites de la mesa, quién tenía a mi lado, quién enfrente, que tenía al costado, me dí cuenta que estaba en un ángulo al lado de un muro ( o algo parecido) me recordó al cuento de los Los ciegos y el elefante y decidí cerrar los ojos. El tiempo comenzó a transcurrir muy lentamente, cada plato venía con una explicación sin decir de que se trataba ¿carne? ¿verdura?¿frutas?

¿gazpacho?, las texturas, el olor comenzaron a ser importantes. Comenté brevemente con mis compañeros mi impresión y me guardé el recuerdo de los sabores…o lo que yo creía que era el recuerdo de los sabores. Descubrí que esa situación en la que me encontraba cambiaba mi forma de actuar. Cuando no vemos a alguien, cuando no podemos distinguir sus ojos, sus gestos, nuestra actitud cambia. No podemos basarnos en la imágen, tenemos que confiar en lo que sentimos: tonos de voz, cercanía física. La relación con el camarero invidente se transformó en cercana, divertida, había que confiar en él para salir de ahí “con vida”. Pero también me sentí más libre, no podía saber que expresión tenían los demás y sabía que los demás no veían la mía. Podía quedarme en silencio o desperezarme con total libertad. Pero no podía moverme con libertad. ¿Que si exploré los sabores? a la salida en la excelente explicación que nos dieron pude comprobar que había acertado 2/10 ….un completo fracaso.

Mi aprendizaje tuvo que ver con algunos prejuicios ligados a la ceguera y con la idea de que la mente debe adaptar el cerebro a una realidad para la que no está preparada. La famosa plasticidad neuronal adquiere en el caso de la discapacidad visual algunas particularidades.

Siguiendo a los que conocen en profundidad el tema podemos decir que las limitaciones se reducen a tres aspectos:

1) Desplazamiento:  orientación y  movilidad

2) Control del ambiente : la vista nos permite captar mucha información al mismo tiempo: espacio, colores, cantidad de personas, como están vestidos, sexo, estrato social. Si no existe, es necesario desarrollar los “sentidos vicariantes” : oido, tacto, gusto, olfato y percepción de obstáculos, pero eso nunca es instantáneo, requiere educación y rehabilitación.

3) Información : la mayoría de los datos nos llegan en forma visual: libros revistas, señales, ordenadores. Si este canal está anulado es necesario desarrollar un nuevo itinerario :el sistema braille.

Pero sin dudas la peor limitación es la derivada de la segregación social producto de la ignorancia y del   miedo a lo desconocido.

Cuando una persona pierde la visión su trabajo consiste en superar ese límite y apelar a todas las estrategias psicológicas y neurológicas ligadas a la adaptación: en este caso adaptarse significa organizar de manera diferente los estímulos que se reciben. No se trata de agudizar nada, se trata de percibir diferente, de sacar afuera ” el ciego interno”, y eso lo saben muy bien aquellos profesionales que trabajan en rehabilitación.

El adulto que pierde o reduce su visión tiene que asumir la tarea de reorganizar su mundo interior: sus intereses, sus capacidades, su lugar social, su esquema corporal cambian, no se trata de adaptar lo conocido a la nueva situación, sino de adaptar la situación a lo desconocido de uno mismo.

“Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que viendo no ven”

José Saramago (Ensayo sobre la ceguera)

 

Anuncios

2 pensamientos en “Psicología de la ceguera

  1. me encanta!!! de hecho he dirigido una cena a oscuras en un taller donde la gente llevaba un pañuelo en los ojos y los sorprendiamos con muchas experiencias sensoriales. !! fue una experiencia muy especial para tod@s y tengo muchas ganas de volver a repetirla.Eso de “ver” con todos los sentidos es muy enriquecedor y curioso.

    bs

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s