Hacerse mayor…..

La soledad y la vejez suelen unirse para describir un universo catastrófico. Pero la soledad  no solo es es un lugar  sino  también un sentimiento. Es la tristeza por la ausencia o pérdida de algo o alguien querido. Es el sentimiento que se experimenta al dejar de pertenecer a un vínculo: nadie que nos permita sentirnos sentidos o pensados, en quien posar la vida emocional, pero es  también nadie que imponga límites y haga tope. Solitario  es aquel que se ha librado de la tiranía de la mirada del otro,  atravesado sólo por su silencio.

En un tiempo subjetivo la soledad es libertad y en otro desolación.

Te “haces mayor” cuando te reconoces como el otro de más edad, cuando hablas de la pérdida de dominio o poder sobre algún aspecto de tu propio yo, de tu cuerpo o de la realidad exterior: “yo ya estoy viejo para jugar al tenis”, “para entender este tipo de problemas”, “para ir al teatro”… y lo acompañas de alguna explicación acerca de la limitación de un órgano sensorial o de algún elemento corporal.

El lugar del “abuelo”, que los antropólogos han descripto como el lugar de la intermediación de la temporalidad, es ocupado muchas veces  por  una pantalla;de este lugar también puede sentir que se lo  lo ha desplazado: desde allí tomaba la mano de su nieto y lo bajaba de su trono imaginario para introducirlo en el orden de la historia.¿Se puede negociar? Claro que sí.

Las reminiscencias, formas paradigmáticas de la fantasía en la vejez, son las últimas astucias de un yo que no quiere claudicar. En la soledad, entrar y salir  de los recuerdos no es difícil si al abrirlo aparecen las fotos placenteras de la experiencia de satisfacción; pero cuando el miedo nos domina, ninguna imagen y pocos vínculos podrán evitar que ante las innumerables pérdidas (reales o fantaseadas), nos encontremos  histéricos apoltronados en ensueños diurnos, obsesivos maniatados por nuestras cavilaciones, paranoicos acumulando querellas o melancólicos convertidos en el cadáver de nuestro enemigo.

Nuestra experiencia clínica con la etapa de la vejez muestra otro vector que se desarrolla simultáneo a éste del desapego.

Es el del envejecimiento sereno: un repliegue sobre sí  que se manifiesta como un placer por el buen funcionamiento o buena relación con la vida, basado en una sano ideal del yo y en relaciones saludables con los otros y con sí mismo.Este estado da transparencia a la realidad exterior cuando los soportes corporales para aprehender -la fallan.La cultura lo llama “la sabiduría del viejo”. Se lo reconoce también en el bienestar en la soledad.En ese contexto el ocio es terapéutico porque no  busca “ocupar” el tiempo “vacío” sino rescatar el sentimiento de sentirse valioso y libre de elegir, cuando las limitaciones parecen ser la única regla de juego aceptada.

Bibliografía

Singer, Diana: “Las transformaciones del macrocontexto. Antropología de la soledad.-http://www.psiconet.com/tiempo/tiempo3/transformaciones.htm

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