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Los amigos de Barney

Hay quien piensa que Como conocí a vuestra madre es la heredera de Friends, la mítica serie de los ´90. Si eso es cierto, tiene el mérito de haberla superado usando un delicado balance entre la comedia, el análisis de carácter y la discusión filosófica. La serie reconstruye aspectos básicos de nuestra vida: las relaciones, la autoestima y la identidad a través de una narrativa fluida y nutritiva.

Si Friends representaba la  comedia de situación fácil e ingenua dirigida a la denominada “Generación Y”, Como conocí a vuestra madre supera el modelo incluyendo la dimensión de la historia  personal y esto no es poco en esta época en donde hay palabras como: narración, historia, emociones, causa, que parecen haber caído en desuso. Así como Friends apelaba a nuestros aspectos más tontos e inmaduros, Como conocí a vuestra madre nos recuerda que estamos construyendo una historia en la que habrá cosas que perduran: relaciones significativas, profesiones placenteras, la experiencia y el sentido de autonomía y la confianza. No hay problema en enamorarnos de los personajes: un arquitecto soltero y adorable, un abogado comprometido, una maestra de parvulario, una periodista resiliente y un aparentemente ambicioso hombre de empresa. Cada uno representa aspectos de nuestra vida y es fácil identificarnos con ellos. Queremos apasionarnos con lo que hacemos como Ted, tener una inquebrantable intimidad con nuestra pareja, como Marshall y Lily, nos cuesta llegar donde deseamos como Robin, y quisiéramos que la vida fuera una fiesta como la de Barney. Creo que el éxito de esta sitcom es el reflejo de una necesidad social de “pasar al siguiente nivel”, de hacer conexiones entre el pasado y el presente, analizar diferencias y restablecer la idea de que la introspección no es una mala palabra. Puede que estemos asistiendo a un salto cualitativo interesante y prometedor, en la línea de “En terapia” (En Terapia), otra serie nada masiva y más bien dramática pero novedosa en su formato.

Barney Stinson es sin lugar a dudas el personaje más popular de la serie, con su perpetuo buen humor y su personalidad ególatra nos hizo creer durante cinco temporadas que solo era un narcisista, inteligente y con temor al compromiso. Pero a partir de la sexta temporada, todo cobra un nuevo sentido: hay un mandato paterno “No dejes de ir de fiesta”; ese padre perdido en la memoria detuvo la vida emocional de Barney a través del mecanismo de la identificación. Si pierdes algo pero te transformas en lo que pierdes (o en cómo crees que es lo que pierdes) entonces no lo has perdido del todo. Barney no pudo hacer su duelo por el padre infantil, no pudo “matar al padre” simbólicamente, por eso cuando lo encuentra en la vida real 30 años después,  no puede reconocerlo sin asumir que algo en él también debe morir para que el Barney adulto crezca. Hasta ahora Barney ha sido un observador irónico de la vida de los otros (su teoría de la sirena es memorable), veremos que sucede cuando se enfrente a sus propios deseos y tenga que aprender a demandar su satisfacción; seguramente y en sus propias palabras “será legendario”.

(Artículo publicado en la Revista JOIA/Julio 2011)

http://www.associaciojoia.org/revista/juliol2011/catala/

Big bang theory: toc, toc, toc ¿Penny?

 

 

En Big Bang theory  cuatro “freakies” en la treintena: Sheldon, Leonard, Howard y Rajesh (científicos  doctorados en física nuclear e ingeniería espacial) comparten situaciones cómicas intercalando teorías físicas con referencias a series de culto como “La guerra de las galaxias”, sistemas operativos (Windows7, Linux), redes sociales (Facebook, twitter) ó personajes de comics (Batman). La única mujer es Penny, camarera, guapa y representante normal del estar por casa, sin grandes expectativas intelectuales.
La serie es un éxito y el personaje de Sheldon (Cooper) cosecha 140.000 fans en Facebook, aunque tampoco quiere decir nada si lo comparamos con los 5.500.000 de seguidores de “Dexter” en la misma red. Y entonces ¿Por qué nos interesa?. Porque toda la popularidad de Sheldon parece depender del interés que despierta su conducta ególatra y dependiente, su hipocondría y sus rituales como el de tocar siempre tres veces a la puerta de Penny y llamarla por su nombre, o bañarse siempre a la misma hora. Sus amigos no lo son en el sentido estricto del término pero aceptan su superioridad intelectual basada en el CI de 187 que él no se cansa de recordar. En esta serie nada es lo que es en el sentido estricto del término: las relaciones sexuales y sociales brillan por su ausencia, hay un fondo de ansiedad, un estar preguntando todo el tiempo ¿Y cómo haremos esto? ¿Y cómo haremos aquello otro? y una búsqueda en las leyes de la física de respuestas que den sentido a lo que pasa. Si cerramos los ojos y escuchamos los diálogos, parecen un grupo de chicos de entre 12 y 16 años en plena pubertad descubriendo el mundo al otro lado de la puerta. Sheldon representa el control de todo aquello que no se entiende, un control logrado a través de una estructura neurótica obsesiva….sí! Sheldon es un neurótico obsesivo y no sufre de Síndrome de Asperger como se comenta por ahí. Su CI de 187 lo incapacita para la inteligencia emocional y para la conexión con las señales del cuerpo, no hay nada más solitario y menos dinámico que un superdotado, pero este síndrome tan popular y tan mal sustentado etiológicamente lo emparentaría con el autismo y nada más lejos de la realidad. Sheldon puede decir“Cuando me entere que soy un robot¿seré capaz de manejarlo?”,  percibe que el aislamiento afectivo lo automatiza de alguna desconocida forma y esto le preocupa. Atrae a los adolescentes varones de clase media que se identifican, como siempre lo han hecho, con aquello que desmonta sus miedos a crecer, a la sexualidad y a los afectos, legitimando los espacios en los que se sienten seguros ( los códigos, los rituales cibernéticos, el lenguaje binario). Sheldon ama a la psicología conductista que le permite corregir aquello que no tolera a golpe de condicionamiento y valora la evidencia científica; por ahí se cuela el discurso de una sociedad que se angustia ante la frustración, que no tolera el dolor ni soporta la incertidumbre, que necesita “ver para creer”…y si la neuroimagen no nos dice nada, será que nada hay que decir…..,apunta Sheldon :”¿Tienes un letrero de sarcasmo?”.