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Historias de prozac

La paciente  tenía 45 años pero aparentaba algunos más, se movía nerviosamente en el sillón, hilvanaba frases y a cada paso era interrumpida por el psicólogo.

Le costaba entender lo que le decía,  tenía ideas fijas, el pensamiento viscoso y no paraba de llorar….estados de ánimo contradictorios , una profunda tristeza: “trastorno depresivo  mayor” en términos del DSM IV , con ideas de desesperanza, baja autoestima,insomnio, anorexia, falta de energía,  sentimientos de culpa y la necesidad de salirse de su vida, de cambiar, aunque fuera hacia la muerte, llevaba ya más de un mes en ese estado, justamente desde que la habían cesado en su trabajo después de 15 años.

Pero no pensaba en el suicidio, solo quería dejarse deslizar hasta un nirvana que paliara su sufrimiento, su ansiedad, su miedo al futuro.

El psicólogo insistía en que sin antidepresivos no había salida y que debía concurrir también a la consulta con el psiquiatra: “desde el dolor no puede pensar” le repetía. Cuando se sienta mejor va a poder cambiar sus creeencias y verá que no todo está tan mal.

La paciente era consciente de qué era lo que se repetía en su vida: no se trataba solo de la pérdida de trabajo (tenía recursos económicos y una red profesional  así que sabía que conseguiría otro empleo) pero  la sensación de abandono, la estrategia del ataque como defensa, la autoimagen desvalorizada, el ser “rara”, el elegir siempre el camino más tortuoso, eso era otra historia….por eso le pedía al psicólogo que no obturara su dolor, que le dejara narrar como había llegado hasta allí,  quería reparar lo reparable, entender y no inundar su cerebro de serotonina de segunda mano.-

El psicólogo no supo o no pudo entender el cambio de paradigma que le planteaba el caso y la paciente abandonó el tratamiento.

Buscó y encontró en el triptofano su opción y comenzó una terapia con otro encuadre que le permitió lentamente desactivar la ansiedad, soportar la frustración y deshacerse de los lastres del pasado, incluidos sus sentimientos de culpa. También aprendió a odiar…..pero con cuidado por el otro y descubrió que no estaba mal hacerlo.-

El sujeto supuesto saber es una trampa  cuando  el psicólogo se siente dueño de “ese lugar” en lugar de “jugar a estar en ese lugar” y eso puede ser muy pero que muy peligroso.-

Debiera figurar en las advertencias del prozac y de los otros antidepresivos IRSS: sin historia (clínica) y sin estrategia terapéutica el profesional “psi” juega a ser el brujo de la tribu, pero a ciegas. En cambio si el psicoterapeuta se permite no abolir al sujeto, puede preguntarse por el origen y el mecanismo de funcionamiento del síntoma a partir de la comprensión clínica y sin temor a los “finales abiertos”.

“Resulta que tus opiniones no dan buenos resultados…..te aconsejo que uses las mías.”

Dr. House

El Dr House no siempre gana

El personal de pediatría de un importante hospital clínico americano es uno de los mejores del país. Hace años, ingresó en el un niño de 21 meses de edad; llamémoslo Kevin.Le pasaba casi de todo. Pálido y retraído, pesaba mucho menos de lo que correspondía  a su edad, se negaba a comer y sufría constantes infecciones de oído. Cuando kevin tenía 7 meses, su padre se fue de casa, y su madre, que solía” andar por ahí de fiesta” se olvidaba totalmente de darle de comer o intentaba hacerle comer a la fuerza potitos de comida para bebé y patatas fritas.

Un médico joven se encargó del caso, se sentía incómodo al tener que sacar sangre  de ese niño escaulido, y advirtió que Kevin se negaba a comer tras haber sido pinchado con agujas. Por intuición limitó al mínimo cualqueir prueba invasiva y procuró brindarle un entorno afectuoso. El niño comenzó a comer y su estado mejoró.

No obstante, sus jefes no le animaron a proseguir con esos esfuerzos, tan poco convencionales. Al final, el médico ya no pudo cerrar el paso a la maquinaria diagnóstica y la responsabilidad respecto a Kevin se repartió entre una serie de especialistas, cada uno de los cuales tenía interés en aplicar una tecnología concreta.

Según su concepción de la medicina, la obligación del médico es descubrir la CAUSA de la enfermedad. Creían que no debían correr riesgos: “Si muere sin diagnóstico habremos fracasado”.

A lo largo de las 9 semanas siguientes, Kevin fué sometido a una serie de pruebas: escáneres de TC, papilla de bario, biopsias y cultivos de sangre, 6 punciones lumbares, ultrasonidos y montones de exámenes clínicos  de diversa índole.

¿Qué revelaron estos análisis? nada concluyente. pero con tanta prueba Kevin dejó de comer…entonces los especialistas aplicaron nutrición intravenosa y transfusiones de sangre.

Kevin murió antes de que se le hiciera el siguiente test programado, una biopsia del timo.

Los médicos siguieron efectuando exámenes en la autopsia con la esperanza de encontrar la causa oculta.

Después de ela muerte del niño, un médico residente hizo este comentario: ” Vaya!, hubo un momento en que tenía 3 sueros a ala vez1 No se escatimaron pruebas para averiguar qué estaba pasando realmente¡Y se murió PESE a todo lo que hicimos!…..

EN : “Decisiones instintivas” , Gigerenzer, Gerd; cap 2, pag 28, (tomado de Bursztajn, H et alt.: Medical choices, medical chances: how patients, families and physicians can cope with uncertainty, (1990)

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¿Podría haberse salvado Kevin?

Seguramente , si  hubieran dejado actuar a aquel médico cuya intuición le sugería respetar la subjetividad de un niño de 21 meses que ya estaba comunicando al  negarse a comer  sin causa “aparente”.

Toda intervención médica se encuadra en una “situación ” que determina cómo se procesa la información sobre la enfermedad y si no puede definirse el encuadre en el que  aparece,  las complicaciones suelen ser más graves y el pronóstico menos favorable (Ferrari & Luchina)(1).

La atención médica y sus acciones generan siempre resultados.

De lo que hablamos es de que la “enfermedad” no puede recortarse como un “hecho biológico” aislado y separado. Estas teorías endógenas suelen ser itinerarios  metodológicos basados en un empirismo rabioso y suelen  acarrear consecuencias funestas, para el paciente, para los profesionales cuyo burn out podría muchas veces evitarse y para el sistema de salud que ve malgastados sus recursos. Volver a la idea de la importancia del médico de familia y generalista puede ser una buenísima alternativa.

No descubrimos América cuando recordamos que existen diferentes metodologías para la investigación clínica de la relación médico -paciente, entre las cuales el “grupo balint” es quizás la principal porque ha permitido comprender el valor que tiene la interpretación del paciente sobre su enfermedad (aun con 21 meses claro). Entender la influencia que las reacciones médicas (emocionales, técnicas e ideológicas) tienen para el “ser enfermo” no solo no sobra sino que marca diferencia en la calidad de la prestación médica.

El médico aparte de “medicina-médico” es -afirma Balint- factor pronóstico esencial. Lo q ue pasa en las instituciones médicas y psiquiatricas no es ajeno al desarrollo y evolución de la enfermedad, en este sentido la interconsulta médico-psiquiatra/psicológo o psiquiatra dinámico aspira  a comprender mejor lo que está pasando.

¿Por qué ha enfermado esta persona?

¿Cómo ha enfermado esta persona?

¿Para qué ha enfermado esta persona?

¿Qué objetivos tiene el médico?

¿Que piensa sobre la enfermedad ?

¿Que le pasa al médico con este paciente? ¿nada?, ¿le recuerda a alguien?, ¿está cansado, aburrido, desmotivado?

¿Cual es el presupuesto de la institución?

¿Cuales son su valores?

¿Que ideología tiene?

El Dr House puede colapsar el sistema si continúa intentando que la lógica de la disociación cuerpo-mente y de  la especialización por sobre la medicina, la psiquiatría y la psicología generalista   alimente muertes ó cronificaciones innecesarias.-

Bibliografía:

Ferrari, Hector y Luchina Isaac: Asistencia institucional. Ed nueva Visión(1987)

Balint, M. : El médico, el paciente y la enfermedad. (1961)