La noticia de que mujeres cada vez más jóvenes están recurriendo al Botox para “prevenir” arrugas sorprende solo pensando en las habituales “complicaciones de su uso. Párpados caídos, sonrisas incompletas y un aire de haber sufrido una parálisis facial o peor aún un accidente cerebrovascular suelen acompañar a un “No pasa nada!, solo un poco de Botox que va mal….no es permanente!”, que cuando salen de la boca de una mujer hermosa de 30 y pocos años, una mujer común que no se dedica al mundo del espectáculo o nada similar dejan un gesto sorprendido -sin Botox mediante-en quien lo escucha.
Las caras de las personas que usan Botox, tienen todas algo en común: una cierta opacidad o monotonía que a pesar de la tersura de la piel, agregan un toque de indiferencia permanente a la mirada. El lenguaje corporal es el 80% de la comunicación humana y eso incluye las microexpresiones, esos míninos movimientos que matizan lo que decimos y que ayudan a transmitir emociones: alegría, ira, dolor.
¿Como se comunicaran esas caras congeladas con sus hijos, sus parejas, sus amigos? Por que es claro que solo con lo que denota el lenguaje (lo que decimos) es imposible transmitir lo que connota (lo que decimos más haya de lo que estamos diciendo).-
Las mujeres de una parte del globo acuden al Botox bajo la presión de mantener una apariencia juvenil que pasa por las imágenes que bombardean la media : ya es imposible saber que refleja una fotografía debido al photoshop. Quizás el Botox sea algo así como un intento fallido de Photoshop en 3D con el que abordar la creciente invisibilidad una vez que hemos pasado cierta edad.
No se trata solo de que el Botox impida comunicar lo que sentimos, tampoco nos permite reproducir lo que siente el otro, las neuronas espejo del “botoxdicto” naufragan en el mutismo o, peor aún, en la afonía.
Ha habido estudios acerca de la los efectos del Botox en la habilidad de empatía pero aún no se ha estudiado su impacto en la amistad o en el vínculo de esas jóvenes mujeres, con sus bebés. La ausencia de discusión acerca de esos efectos en el maternaje no es menor si consideramos la importancia de la madre y su gestión emocional en la forma en que el bebé aprende a interactuar con el mundo. Existen muchos estudios que testean la respuesta infantil a las caras inexpresivas, entre otras señales de apego. ¿Por qué parece que no suena ninguna alarma entre los médicos que aplican Botox a mujeres cada vez más jóvenes?
La empatía es una piedra angular en la construcción de nuestras relaciones, vital para construir y mantener interacciones positivas con otras personas.
¿Es la “cara de poker” una manifestación más de la anestesia emocional que marca nuestra cultura? ¿Tiene algo que ver el que sean mujeres las que más utilizan estos recursos?
Una vez más, es imposible en salud descuartizar a la persona porque nada es aislado, todo tiene repercusiones en el nivel físico, mental y social.
Fuente: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/may/22/botox-silences-womens-faces-empathy








